18 de agosto de 1936. Fusilamiento de Federico García Lorca

El 18 de agosto de 1936, a pocos meses de estallar la Guerra civil española que enfrentó a republicanos (los rojos) con la ortodoxia más conservadora de los tiempos ( las falanges franquistas), moría fusilado el gran poeta andaluz, Federico García Lorca, tildado de masón, socialista y sobretodo de homosexual.

“¡Ay Federico García!
Te han matado cuatro balas,
florecen en tu pechera
rosas de color moradas.
¡Ay, Federico García!
Poeta de las gitanas,
en la fragua se oye el llanto
de las razas olvidadas.
¡Ay, Federico García!
Las lunas amortajadas
buscan a los asesinos
con sus navajas laqueadas”

(Plancto por la muerte de Federico García Lorca, 2011, M. L)


Han pasado 83 años de este hecho aberrante y sigue siendo imperdonable no solo la muerte de un hombre joven, sensible y comprometido con los sectores más desposeídos de su tiempo, sino por su condición sexual y su ideología.

Federico molestaba, como siguen molestando los hombres inteligentes, creativos, que despiertan veneración y son capaces de denunciar explícita o poéticamente los horrores más increíbles que pueden practicar las clases altas escudadas en un dogmatismo católico farisaico, en una moral retrógrada y en una necedad soberbia que se niega a evolucionar y aprender.


«Yo mismo le he metido dos tiros por el culo por maricón»

(El hombre que detuvo a García Lorca. Ian Gibson. Editorial Aguilar).


La homofobia fue el verdadero móvil del crimen que seguramente desestabilizaba a los campesinos “honrados” de su tierra natal. Fue buscando refugio y encontró la muerte. Escapó de Madrid y pudo cruzar la frontera hacia Francia. Seguir a Buñuel o a Dalí, pero así como la fatalidad había regido la vida de los personajes de sus dramas, así se encarnizó con él y fue en la vega, entre nardos y olivos que lo sacaron de su casa como a un delincuente para fusilarlo “cuando la piqueta de los gallos// cavan buscando la aurora”. Tendido, tal vez “murió de perfil” como Antoñito, el Camborio, tal vez “voces de muerte sonaron// cerca del Guadalquivir “y las estrellas bajaron para exponer un imperdonable crimen que solo halló una justificación: “ Por maricón”.


García Lorca es “una viva moneda que nunca// se volverá a repetir”.
Hubo, hay y habrá grandes poetas, pero Federico García Lorca, aunque se lo incluya dentro de una generación, es único. A la manera de Eurípides o de Ibsen fue el poeta y dramaturgo que más hondo buceó en el alma femenina.


Sus metáforas brillantes, surrealistas, audaces pero no encriptadas hasta el desconcierto total del lector, sorprenden por su genialidad y el alto grado de inspiración.

Creador de un glosario simbólico posibilita respirar aires perfumados de alelí, clavel, geranios, dentro de su atmósfera poética y al mismo tiempo la cadencia del octosílabo brinda el suave movimiento de una cabalgata para recorrer las historias de la gitanería del sur de España.


Las botas falangistas, la brutalidad de mentes estrechas, la obsecuencia a los uniformes, el temor a las voces disidentes, la incapacidad para refutar, el gatillo fácil permitido por los regímenes autoritarios, son responsables de estos crímenes que siguen espantando a las mentes abiertas. Según dicen, lo enterraron “a ras de tierra”, sin embargo Federico García Lorca, sigue desaparecido, su obra en cambio rejuvenece con el pasar del tiempo.

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