Juana de Lestonnac, ¿una santa feminista?

Corre el año 1556 y Europa despierta a la modernidad. El espíritu religioso cerrado y monacal ha quedado entre los escombros del medioevo. El arte inyectado de la subjetividad del artista se multiplica infinitamente en catedrales, salones de la corte y no olvida su finalidad didáctica para el pueblo ágrafo que a través de las imágenes apolíneas pero embriagadas del credo cristiano, aprende los dogmas de fe.
Sin embargo la racionalidad es del hombre y la mujer, oculta durante la Edad Media, se convierte en musa de inspiración y modelo de artistas. Es valorada por la belleza cantada por Petrarca o pintada por Boticelli.

 

Marta Ledri en la biblioteca del colegio Villa Malvina

 

Por Marta Ledri (*)

Juana de Lestonnac ha crecido educada por su tío Miguel de Montaigne y absorbe del gran ensayista el espíritu crítico. Su hogar tiene el cisma religioso: madre calvinista y padre católico. Juana tiene la libertad de elegir.

Modelo de mujer, Juana es femenina y feminista en el real sentido de la palabra. Lucha en su contexto por el derecho de la mujer a ser educada en la cultura clásica. No ceja en su tarea y después de haber contraído matrimonio, después de haber parido hijos, después de haber sepultado a dos, después de haber enviudado, dueña de una inmensa fortuna, renuncia al mundo por decisión propia.

Esta renuncia no significa el olvido de su realidad. Instruida y no agitada por ningún movimiento entusiasta que dominara su voluntad tiene la capacidad para DISCERNIR. Esta operación cognitiva que ha trabajado desde niña la empodera y así puede redactar las constituciones de la orden religiosa que pretende fundar. Logra tras dificultosos encuentros que sean aceptadas por el Papado.

Pone su creación bajo la protección de otra mujer: María y no teme las críticas de las damas de la corte que la miran con asombro y hasta con desdén.

Dueña de su cuerpo y de su espíritu, cambia los sugerentes vestidos del renacimiento por un hábito. Muestra lo que quiere. Piensa según sus convicciones aunque las corrientes religiosas de la moda arrastren a las mujeres a profesar el protestantismo ( luteranismo, calvinismo, jansenismo).

Juana es cabeza de familia y cabeza de una Orden religiosa que no deja de extenderse por Francia y con los siglos por los cuatros continentes.

Juana es audaz y confía en otras mujeres. No solo los jesuitas pueden tener una compañía, las mujeres también.

El feminismo no es de hoy. A lo largo del tiempo hemos visto mujeres que sin ruidosas manifestaciones pero con inteligencia, espíritu cultivado, confianza en sí mismas y en Dios han llevado a cabo tareas que parecían solo de hombres.

Juana está viva en su obra. Juana nos llama a llenar el Nombre, nos llama a ser, nos interpela desde su tiempo y desde los infiernos de su época para que miremos los infiernos de nuestros jóvenes y nos pone ante desafíos que solo mujeres plenas y cabales pueden atender.

¿Fue Juana una feminista? Yo creo que sí.

 

(*) Escritora. Exprofesora del Instituto Malvina Seguí de Clavarino, de la Compañía de María

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