El deslumbrante desfile de carrozas náuticas de Villa Paranacito

Alrededor de 170 km separan la ciudad de Buenos Aires del paraíso isleño llamado Villa Paranacito. Este hermoso y colorido paraje del interior, está ubicado en el sur de la provincia de Entre Ríos, en el departamento Islas del Ibicuy. Hasta allí concurrimos con INFONER para apreciar un espectáculo único, incomparables carrozas construidas por habitantes de la zona, que se desplazan majestuosamente por el apacible cordón de agua que baña el frente de la Villa.

Por Eugenio Jacquemain


A pocos kilómetros del ingreso a la provincia de Entre Ríos, un cartel nos invita a tomar la ruta hacia nuestro destino. El paisaje nutrido de esteros y arroyos, nos sugiere que vamos por el camino correcto, incluso una simpática nutria, parece desafiarnos intentando acercarse al borde del asfalto. El acceso final a Villa Paranacito es con un firme camino de pedregullo, enmarcado en una sucesión de ofertas que nos tientan con desembarcaderos de lanchas o seductoras estadías en hermosos bungalows y cabañas.


Ni bien ingresamos al casco urbano, dos largas filas de autos estacionados a cada lado de la avenida, nos hicieron recordar las palabras de Carlos, presidente de la Comisión organizadora, el día que nos propuso visitarlos: “Vengan temprano para estar cómodos, el espectáculo comienza aún con el sol pegando fuerte”. No nos había mentido, después de un largo derrotero, llegamos a la puerta de la Comisaría, donde el personal de guardia, con una gentileza notable, nos indicó: “Estacionen en ese predio de enfrente, esta acondicionado para eso”.


Teníamos que volver sobre nuestros pasos, llegar hasta el ingreso, donde la maqueta de una enorme fragata con velas desplegadas, dándonos la bienvenida, nos mostraba el camino hacia el espectáculo.


El marco es perfecto: la costanera y el río. Nos cuentan los lugareños, que las carrozas partel del Arroyo la Tinta, donde están amarradas, y al llegar a la altura del banco, comienzan a navegar por el río Paranacito. Es imposible circunscribir nuestro relato a esta pequeña muestra de la naturaleza, tardaríamos horas en describir el sublime paisaje isleño, recorrer sus riachos y arroyos en lancha es algo inolvidable, camalotales de procedencia incierta viajando kilómetros y kilómetros, nutrias y carpinchos son solo una muestra de una increíble fauna que la nutre. Los gigantescos guardianes de la costa, los taxodium o pino de los pantanos, resisten a las crecientes ofreciendo mágicamente sus raíces a las costas para frenar los embates de la erosión.


Una vez atravesada la fragata que nos permitía el ingreso, la costanera nos ofrece un sinnúmero de tentaciones gastronómicas, cervezas artesanales, desde las clásicas hamburguesas compitiendo con exquisitos choripanes con sabrosas salsas, hasta platos más elaborados como bondiolas saborizadas o el shawarma árabe.


Cuando nos acercamos al escenario nos reciben varios integrantes de la Comisión organizadora que está compuesta por un grupo de habitantes del lugar y la Municipalidad, gente que le pone su tiempo, su esfuerzo y sus ganas a la fiesta desde sus inicios.

Nos indican que tomemos lugar frente al escenario porque estaba a punto de tocar la Banda de Música de la Prefectura Naval Argentina. “Les dije que vinieran temprano, se perdieron un montón de cosas”, nos recuerda Carlos. Sonreímos y nos pusimos en el firme compromiso de que en el 2020 nos tomaríamos el tiempo necesario para llegar a horario, aun cuando el sol esté fuerte.

La sorpresa que nos causó la banda de Prefectura sería solo el preludio de lo que vendría luego. Nos ubicamos cómodamente en el palco, adonde pocos minutos después, llegó el intendente del pueblo, Gabriel García, un hombre joven y amigable, que cuando nos reconoció no dudó en acercarse a saludarnos con un cálido abrazo.

Momentos después, también llegó al lugar alguien muy conocido en la zona: el ministro del Interior Rogelio Frigerio. Tanto él como Gabriel, llegaron al lugar atravesando la enorme masa de público presente en la fiesta, como dos espectadores más, itinerario interrumpido decenas de veces por los mismos vecinos, que querían saludar o llevarse una foto de recuerdo.

La primera sorpresa fue cuando comenzó el espectáculo acuático, figuras cubiertas con trajes repletos de luces, volaban frente a nuestros ojos sobre el río. Impulsados por dos potentes chorros de agua que parecían salir de sus botas, subían hasta alturas increíbles para dejarse caer en picada entrando y saliendo del agua como si fueran delfines. La demostración fue admirable, quienes con suerte solo damos un par de brazadas en el río, quedamos absortos ante ese despliegue de habilidades. Debemos agregar que, aquellos que tuvimos la hermosa oportunidad de estar cerca de la costa, también este espectáculo dejó huellas húmedas en nuestra ropa y pelo, pero lejos de molestarnos, lo estábamos disfrutando.


Previo al desfile, navegaron frente nuestro, las embarcaciones que día a día son parte del paisaje isleño, Prefectura, lanchas escolares, la lancha hospital, barcas que brindan un servicio necesario en la zona, cada día, cada semana, cada mes del año.


Y había llegado el momento, el locutor anunciaba el paso de la primera carroza que llevaba la reina de la 36 Fiesta provincial de carrozas náuticas, nuevamente nos habían sorprendido, no iba sola en la barcaza, la acompañaban más de una decena de reinas de otras fiestas, algunas cercanas como las de Escobar o Gualeguaychú, pero también una de Jujuy, los aplausos no se hicieron esperar, y solo se aplacaron, cuando nuevamente el locutor tomó la palabra y anunció el paso del primer carruaje acuático en competencia.


Si bien guardan una distancia prudencial entre una y otra que permita apreciarlas, cuando llega la siguiente carroza, aún permanece en nuestras retinas la imagen de la anterior. Ver deslizarse el trabajo sobre el espejo de agua es algo sorprendente, empujadas por potentes motores y celosamente custodiadas por la prefectura, esas maravillas creativas impresionan con sus formas, luces y color a cualquier espectador.


Pasaron ante nuestros ojos pequeñas construcciones edilicias, imponentes ciervos y gorilas, juguetes y jirafas estilizadas, castillos y gigantescas caras, el viaje había valido la pena, no solo por el hermoso contexto general de la fiesta y sus variados espectáculos, sino también por el broche de oro, la frutilla del postre como decimos en estos lares, el desfile de carrozas náuticas.


Resulta difícil plasmar en unas líneas lo vivido ese sábado en la Villa, difícil que el año próximo no nos sorprenda con algo nuevo este evento, ya que almanaque tras almanaque, es una fiesta que se viene renovando y creciendo, con la fuerza de lo autóctono, con la pasión de sentirla suya que tienen los habitantes de Villa Paranacito. ¿Cuántas veces habremos quedado absortos, frente a una fría pantalla de televisión, apreciando algún documental filmado a miles y miles de kilómetros nuestro? ¿Cuántas veces habremos pensado como hacer para poder presenciar algún espectáculo maravilloso? Y aquí tenemos uno, al alcance de nuestras manos, en las puertas de la Mesopotamia argentina, Villa Paranacito y sus carrozas náuticas nos esperan en el 2020 con sus maravillosos paisajes, con sus obras de arte que navegan frente a los espectadores, pero por sobre todo, con la calidez de su gente.

Fotos: sitio oficil de CArrozas náuticas de Villa Paranacito

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