3 caminos para un cambio de paradigmas varón-mujer

Muy pronto, estaremos celebrando una vez más el Día Internacional de la Mujer. Y saltarán al ruedo las muchas desigualdades que aún persisten entre unas y otros. Por ejemplo, veremos otra vez las cifras dadas a conocer por el último informe de la ONU (julio 2017) sobre igualdad de género, asignatura pendiente en América Latina con una enorme brecha salarial entre hombres y mujeres. O lo afirmado a fin del año pasado por el Foro Económico Mundial (WEF): la igualdad entre hombres y mujeres en el trabajo se alcanzará dentro de 216 años (tras 10 años de avances, en 2017 hubo retrocesos también en los sectores de la educación, la salud y la política, informó este Foro). El WEF produce un informe anual sobre la paridad entre hombres y mujeres que abarca 144 países. En 2017 comunicó que, al ritmo actual de desigualdades y de apenas avances, recién para 2234 podremos hablar de igualdad.

 

Por Verónica Toller (*)

Fuerte, muy fuerte. Difícil para nuestra generación y la de nuestros nietos/nietas, bisnietos y siguientes. Una lucha por iguales condiciones de respeto y dignidad en la salud, el trabajo, la educación, la política, que nos lleva a las mujeres a desgastarnos mientras vemos que nuestros esfuerzos son injustamente valorados, en lo salarial, en posiciones de decisión y demás.

¿Y qué pasa en la familia? ¿Cómo manejamos mamá y papá estas cuestiones? ¿Cómo llevar adelante un hogar en armonía y equilibrio, que es también justicia de tiempos y de aportes en materia de trabajo adentro y afuera de casa? La mujer trabaja afuera y adentro en un rango horario de 24×7. No para nunca. Y el varón…, bueno, digamos que no es igual. La mujer “se debe hacer cargo” de la casa cuando está en ella y desde la oficina o la universidad o el taller de arte o… cargo de la casa, las compras, la limpieza, los hijos, los enfermos, los ancianos, los abuelos… ¿Y papá, cómo participa? ¿Ha llegado la igualdad al hogar o también deberemos esperar a 2234?

Pues… ni calvo ni dos pelucas, dice la sabiduría popular. Para quien quiere, especialmente para las parejas más jóvenes, la igualdad dentro del hogar se acerca bastante y está a la mano. Sólo hay que querer trabajarla.

Hay 3 pasos que podemos dar varones y mujeres juntos.

 

1 – Reciprocidad es la clave

 

Reciprocidad no significa devolver lo que se recibe, ni dar-tomar en paridad de condiciones. No. “Reciprocidad” entre el varón y la mujer es un término relativamente nuevo que está reemplazando al de “complementariedad” entre los sexos. Y significa mucho más que un toma y daca. Es ante todo asumir las igualdades y comprender las diferencias entre ellos y ellas. Es la maravilla de la uni-dualidad, comunión de varón y mujer, comprender lo propiamente femenino y lo propiamente masculino. Ir por la dignidad de la mujer y también del varón. Sólo trabajando juntos se puede aspirar a la construcción de una cultura más humana y solidaria.

Si buscamos esa cultura más humana y solidaria, entenderemos que reciprocidad es, entre otras cosas, plantearnos cambios en las relaciones laborales. Entre ellas, elaborar mejor la conciliación familia-trabajo (que tan bien estudian y proponen desde el IESE de la Universidad de Navarra en España, y desde el IES de la Universidad Austral, en Argentina). “Las mujeres se insertaron en un espacio productivo pensado para trabajadores (masculinos) sin responsabilidades familiares. Y no se hizo suficiente hincapié en lo que el trabajo de cuidado aportaba a la vida familiar, al mercado, al Estado y a la sociedad” (Astelarra, 2007: 10. Citado por el Observatorio de la Mujer – Argentina,  anuario 2010). Dicho de otra manera: el funcionamiento de las sociedades hoy sigue confiando a la mujer la tarea de ser cuidadora-educadora-encargada de la familia, ancianos, discapacitados y enfermos, dentro del hogar. A la vez, la mujer hoy es profesional y trabajadora fuera del hogar. Las sociedades “todavía suponen que hay una persona dentro del hogar dedicada completamente al cuidado de la familia. Los horarios escolares y de los servicios públicos de hecho no son compatibles con los de una familia en la que todas las personas adultas trabajan remuneradamente” (OIT informe de 2009).

 

2 – Un sistema amigable con las mujeres de “doble agenda”

 

Entonces, reconocer el valor del trabajo femenino y de la maternidad significará reconocer también la necesidad de condiciones diferenciales para las mujeres en el mundo laboral. “Conciliar la maternidad con el trabajo es el problema social contemporáneo más importante. Las mujeres están incorporadas al trabajo definitivamente, falta que el sistema laboral sea compatible con la familia”, afirma Irene Meler, Foro de Psicología y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (Clarín, 2008).

Jane Haaland, ex secretaria de Asuntos Externos de Noruega y madre de 4 hijos,  es doctora en Filosofía, experta en Política internacional, miembro del Consejo Pontificio Justicia y Paz, consultora del Consejo Pontificio de la Familia e integró la Delegación vaticana en la Conferencia Mundial de la Mujer en Pekín. Reflexionaba ella acerca de la situación de “millones de madres atrapadas entre las exigencias de un trabajo organizado a la medida de los hombres y las exigencias que se derivan de la maternidad”. En “El tiempo de las mujeres” planteaba que “si se reconocen las diferencias entre hombres y mujeres, las madres tendrán derecho a unas condiciones en su vida profesional diferentes a las de los hombres. Se trata de un planteamiento absolutamente radical que muchos hombres, sin duda, no compartirán”.

Buscar horarios y condiciones de trabajo adecuados a la mujer, que tiene doble agenda y atiende una profesión y un hogar. “Las empresas deberían jugar un papel más importante en la ayuda de las mujeres para que puedan armonizar trabajo y cuidado de los hijos. Los relojes biológicos no paran…” (Anne Summers, Cumbre Nacional de Población en Melbourne, Australia, 2002).

Desde un planteo de reciprocidad, entendemos así que el varón y la mujer son valiosos en la igualdad y valiosos en las diferencias.

3 – Y la legislación también tiene una deuda con ellos

 

En ese marco de conciliación y de reciprocidad, sale claramente que el varón necesita también (y es justo que tenga) una licencia laboral por paternidad más larga que los dos días que le otorga la legislación en numerosos países. Algunos, en Europa, ya han cambiado por permisos más largos para el padre, hasta de 6 meses. Porque el varón tiene derecho a recibir al nuevo habitante del hogar, su hijito/a; vivirlo/a y abrirle paso a la vida que inicia, a la par que ayudar a la madre (su esposa, su compañera) a atenderlo, organizarle el nuevo hábitat, hacerle espacio a ese bebé.

“Lo que ha pasado es que la mujer ha salido al mercado laboral y que el hombre no ha entrado en la casa”, decía hace unos años la doctora Nuria Chinchilla, directora del IESE de la Universidad de Navarra, e impulsora de las Empresas Familiarmente Responsables (un concepto diferente y en ciertos aspectos, superador de la RSE y de las empresas family friendly). Ciertamente; hay aspectos donde el varón ya está plenamente comprometido dentro del hogar, y otros donde todavía la reciprocidad con la mujer le pide que dé unos pasos más. Pero, en el caso específico de la llegada de un bebé a casa, la legislación tiene una deuda con el varón. Necesitamos una legislación que comprenda que son papá y mamá, juntos, en el hogar, los que están haciendo nido para el nuevo integrante de la familia. Papá, que tiene derecho a la ternura, a gozar de su nuevo hijo. Papá, que tiene deber de auxiliar a mamá es un momento donde la mujer (que recién dio a luz y cuyo cuerpo se reacomoda después de 9 meses de ser dos, y que puede tener ya a otros pequeños habitantes, hijos, a los que también atender…) necesita de la ayuda, serenidad, presencia y apoyo emocional del esposo.

 

Retorno al hogar y cambio de paradigmas

 

Así, algunos de los grandes desafíos de nuestro tiempo son volver a unir familia y trabajo. Hacer que el hombre (durante milenios, relegado a la vida laboral, a la lucha, a ser el proveedor) “retorne” al hogar, un derecho suyo, de su mujer y de sus hijos. Lograr empresas familiarmente responsables, que muestren efectivamente ese cambio de paradigmas que proponía Cristián Conen, ex Director del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, en Buenos Aires. Él proponía pasar de una realidad donde la “normalidad laboral es exclusivamente masculina” a un patrón de “normalidad laboral complementaria masculino y femenino”. Pasar de la “indiferencia empresaria a la familia del empleado” a la “integración familia / trabajo”. Un principio para ello será dejar de considerar “recursos humanos” para hablar de “personas que trabajan”. Dejar de ver a la familia como cuestión meramente privada, decía Conen, “para ver a la familia como cuestión de interés público prioritario. Y pasar de las políticas sociales de familia a las políticas de estado de familia”.

Porque RECIPROCIDAD es amar comprometiendo el cuerpo y el alma en un proyecto común donde los dos pueden SER plenamente. No hace falta ser expertos en economía o legislación para entender estos derechos, sino aprender a ser DOS, repartir y compartir las dulzuras y los trabajos que ese nuevo hijo trae a casa. Y exigir que el mundo laboral y las legislaciones se adecuen a estos derechos. Para lograr una sociedad más humana, donde varón y mujer seamos cada vez más personas y menos engranajes.

 

(*) Periodista de Infoner, fue Coordinadora de Comunicación y Vinculación en el Proyecto de Reciprocidad varón-mujer “Ish-á”, del Instituto de Formación, Universidad UPAEP, Puebla, México.

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