A cien años de la revolución rusa: el mal esparcido y una promesa

Entre el 7 y el 8 de noviembre de 1917, los bolcheviques encabezados por Lenin establecieron un gobierno revolucionario (“Revolución de Octubre”, según la fecha del calendario juliano), poniendo fin al imperio zarista e instaurando la república soviética, que luego pasó a ser la URSS.

 

Por Fabricio Melchiori – Sacerdote

A la hora de pensar el comunismo honestamente no se puede prescindir de la montaña de cadáveres, de padecimientos, de inhumanidad, que Octubre de 1917 generó desde 1918, desde que el ideal comunista se empezó a poner en práctica, desde que Lenin estableció no sólo los trabajos forzados sino los campos de concentración para doblegar a los antirevolucionarios. Olvidar la esencia del comunismo significa no saber ya quiénes somos en Occidente; significa no saber para qué se han gastado tantas energías, palabras, esfuerzos militares, dineros, en los largos años de la guerra fría contra el totalitarismo marxista. Significa no querer la verdad, renunciar a buscarla. Y, sobre todo, olvidar el intento diabólico de cerrar todo horizonte trascendente en las vidas de las personas.

Advertencia de Madre

Según cuentan los niños videntes de Fátima, en la tercera aparición de la Virgen, el 13 de julio de 1917, de la que se cumple un siglo, la Señora les dijo que más adelante volvería para pedir la Consagración de Rusia a Su Inmaculado Corazón. Y añadió: ‘Si atendieran mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Por fin, Mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre Me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.’

Cuando la Virgen explicaba esto, hacía 4 meses que el zar había abdicado, pero Rusia no era todavía un régimen comunista y ateo. Gobernaba Kerénsky y un gobierno provisional y las tropas rusas estaban perdiendo terreno en la Primera Guerra Mundial contra alemanes y austriacos.

Pero un par de meses después de la aparición, el 26 de septiembre, la Revolución bolchevique triunfó y Lenin era el presidente de lo que iba a ser la Unión Soviética. La URSS “esparció sus errores por el mundo”: un tercio de la superficie terrestre asumiría un régimen comunista, y el aborto, que la URSS fue el primer país en legalizar, hoy es hegemónico. Durante 70 años en Rusia y 40 en Europa del Este, la Iglesia católica y otras iglesias cristianas fueron perseguidas, acosadas y martirizadas, con cientos de miles de personas asesinadas por el Estado debido a su fe. Aún hay persecución y acoso en países comunistas como China, Vietnam, Laos, Corea del Norte y ―reduciéndose algo― en Cuba.

Como siempre, los mártires

El volumen “La Iglesia católica en la Unión Soviética desde la Revolución de 1917 hasta la Perestroika”, editado por el Prof. Jan Mikrut, presenta el Vía Crucis que la Iglesia católica de ambos ritos atravesó en aquél período, exponiéndolo de una manera cronológica y temática. Ese Vía Crucis fue recorrido por numerosos personajes que ya han sido elevados a la gloria de los altares, así como por otros cuyos procesos de beatificación aún siguen en curso, y por miles de héroes de la fe desconocidos, de los cuales jamás llegaremos a saber la historia. De esos textos, algunas historias…

Una curiosa anécdota llega de Ucrania. Luego de que Jurij Gagarin hiciera su primer vuelo espacial, los no creyentes quisieron sacar partido de ese hecho para promover el ateísmo. Y así, uno de ellos se presentó en una iglesia ortodoxa exigiendo al párroco que informase a los fieles que Jurij Gagarin había ido al espacio y que no había visto a Dios, y que por ende, Dios no existía. Amenazó al párroco diciendo que si no daba el anuncio procedería a clausurar la iglesia. El humilde sacerdote, entonces, al término de la liturgia dominical, dijo a sus fieles: Queridos fieles, Jurij Alekseevič Gagarin ha volado al espacio pero no vio a Dios. Sin embargo, el Señor lo vio, lo bendijo y por eso, Gagarin felizmente regresó a la tierra.

Se cuenta que en la ceremonia de bendición de la primera piedra de la nueva iglesia en la ciudad de Marx, sobre el Volga, que se llevó a cabo a principios de los ’90 del siglo pasado. Antes de la liturgia se me acercaron personas ancianas para rogar que se colocara un simple ladrillo en lugar de la piedra angular. Cuando se les preguntó el porqué de este deseo, visto que lo habitual es que todos deseen que la piedra angular provenga de algún lugar santo, ellos contaron una historia realmente conmovedora. Durante las persecuciones religiosas en la URSS, la antigua iglesia de Marx fue destruida. Pero los habitantes de esa ciudad llevaron a sus hogares los ladrillos provenientes de las ruinas. Los colocaron en lugares bien visibles y por largas décadas rezaron ante esos fragmentos de barro cocido. De esa manera, y justamente gracias a esos ladrillos, la fe pudo conservarse y ser transmitida a los jóvenes. Queremos que la nueva iglesia en construcción conserve un nexo con aquella antigua, que fue destruida…

Debemos acordarnos de nuestra historia, porque ésta es nuestra madre maestra. Si no hubiese habido héroes de la fe en la época de la represión, no se habría dado un renacimiento tan veloz de la Iglesia, condenada al aniquilamiento, y los territorios que fueron cristianizados desde el siglo X habrían quedado transformados en un desierto espiritual. Tanto es así, que los tiempos modernos confirman la máxima de Tertuliano: la sangre de los mártires es la semilla de los cristianos.
Y a pesar de ello, desde el punto de vista humano, parecería que con la muerte del último sacerdote, la Iglesia habría desaparecido del mapa de la URSS. Pero Dios quiere demostrar que quiere señalar un camino recto a través de los meandros de la historia. Porque es Él, y nadie más que él, quien en definitiva coloca el último punto sobre la “i”.

 

El destino de Rusia

Cuando se analiza la caída del comunismo en los países del Este de Europa, parece inevitable referirse al papel que desempeñó san Juan Pablo II. Sin embargo el Papa polaco pensaba que el verdadero “factor determinante” ha sido “el cristianismo en cuanto tal, su contenido, su mensaje religioso y moral, su intrínseca defensa de la persona humana y sus derechos. Yo no he hecho nada más que recordar, repetir, insistir sobre los principios que hay que observar, sobre todo el principio de libertad religiosa, pero no solamente éste, sino el de las demás libertades inherentes a la persona humana”.

El 25 de marzo de 1984 en la plaza de San Pedro en Roma, ante una imagen de la Virgen de Fátima, Juan Pablo II consagró “el mundo” al Inmaculado Corazón de Maria, en unión con todos los obispos del mundo.

 

Cinco años después, el bloque del Este se hundía

¿Pero se convirtió Rusia? Quizá sea prematuro decirlo. Sí podemos afirmar que la Virgen en Fátima pidió una consagración concreta y, al menos, se hizo tarde: no se citó expresamente a Rusia y se realizó, por última vez, muchos decenios después de aquél pedido. Rusia, como anticipó la Señora, esparció sus errores. De ahí que haya poco que festejar, en Rusia misma. Especialmente viendo las consecuencias de aquéllos errores, en la sociedad, en el matrimonio, en la familia…
Y sin embargo, siguen en pie, a cien años, aquéllas palabras de María: mi Corazón Inmaculado triunfará.

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