ABORTO. Contradicciones e hipocresía

Son variadas las lecturas que se pueden hacer sobre qué propósito lo llevó a Mauricio Macri a instalar en el Congreso Nacional la despenalización del aborto, a lo que sectores interesados le añaden los términos “seguro” y “gratuíto”. Para el caso poco importa porque el meollo del asunto es que nunca -que se recuerde- durante su campaña lo insinuó. Además sus orientaciones confesionales, personalidad y temperamento no parecen compatibles con semejante intención que abriría las puertas a la muerte programada de los niños por nacer.

 

Luis María Serroels
(Especial para INFONER)

 

Desde luego que nadie puede dejar de sumarse a la lucha de las organizaciones feministas de todo el país, contra la violencia de género. Particularmente posamos la mirada en las plazas del país en donde bulliciosamente se ratificó el lema “Ni una menos” (alumbrado hace tres años como respuesta a hechos aberrantes en perjuicio de mujeres). Lo más preocupante es que lejos de reducirse, los ataques tienden a aumentar y el empleo de las órdenes de restricción suelen resultar estériles frente a la ciega saña machista.

En esta reciente concentración, se careció del apoyo de un sector que no aceptó que se incluyera en los reclamos a la despenalización del aborto, cuestión tan sensible que hoy se debate en el Parlamento. El sector disidente puso las cosas en su debido lugar, evitando confusiones.

De todas maneras quedó en evidencia una grieta que se produce en la inclusión de mensajes que no son aceptados por la totalidad de las militantes que defienden la vida desde la concepción. No deja de sorprender que militantes aguerridas que pelean para que se termine la muerte violenta de mujeres a manos de los hombres, coloquen en paralelo la exigencia de que se les permita hacer matar al bebé que llevan en su seno y que no posee la menor posibilidad de defenderse. El Pacto de San José de Costa Rica es contundente.

El jurista Nicolás Márquez sostiene que “la interrupción del embarazo es sólo un eufemismo para ocultar lo que es un filicidio, evitando escandalizar a la audiencia desprevenida”. Y agrega que “por definición, interrupción puede ser el cese transitorio de una actividad, pero los embarazos no se interrumpen, puesto que el aborto es un acto de naturaleza definitiva e irreversible”.

El gran filósofo español Julián Marías (uno de los discípulos más destacados de José Ortega y Gasset), decía con sorna que “ahorcar es interrumpir la respiración”. ¿Y qué es el aborto entonces? ¿Y cuándo comienza la vida? Desde el momento mismo de la concepción. Lo dice la ciencia desde la embriología y la biogenética (unión del gameto masculino con el gameto femenino). “El filicidio a manos de una madre o por encargo de un niño por nacer, es un gesto que desestabiliza culturalmente y se considera intolerable”, reflexiona Márquez.

Se ha dicho que si el ser humano no comienza con la fecundación, no comienza nunca. Se condena el crimen de la guerra y no esta manera de liberarse nada menos que de un ser inocente que crece y crece, sometiéndoselo a un vulgar asesinato. ¿Los legisladores y Mauricio Macri no lo saben?

Un elemental análisis llama a indagar por qué una mujer que repudia la violencia de género, a la vez se pronuncia en favor de la legalización de procedimientos deletéreos en perjuicio del hijo que lleva en su vientre aguardando por su nacimiento.

Verónica Camargo (mamá de Chiara Páez, la adolescente que estando embarazada fue asesinada en Rufino por su novio, en un caso de femicidio que motorizó la creación del movimiento Ni una menos), insistió en su postura contraria al aborto, preguntándose si realmente todas las que llevan el pañuelo verde saben lo que están defendiendo. “Creo que muchas lo hacen por moda”, señala.

“Marchamos porque todos los días desaparece una mujer”, argumentan con todo derecho las manifestantes. Pero no deja de ser un contrasentido que paralelamente se solicite que una ley autorice la desaparición de un niño por nacer que goza de todos los derechos que le conceden pactos internacionales acogidos por nuestra Carta Magna (art.75º, inciso 22º).

Significa que para que no corran riesgo de muerte las mamás en abortos clandestinos, se otorgaría legitimidad a la muerte del bebé en viaje por parte de profesionales, aunque se debate respetar la objeción de conciencia.(¿y porqué no ampararse en el juramento hipocrático?).

No se habla de una lipoaspiración, extirpación de verrugas o lunares, corrección del tabique nasal o abultamiento de las mamas. Se plantea despojarse de un hijo en gestación que merece salir al mundo con todos sus derechos universalmente reconocidos. ¿Y qué hay del padre a quien se le oculta aviesamente una tan grave decisión unilateral?

Tanto Camargo como la madre de Angeles Rawson, a través de un video defienden “las dos vidas”, quejándose de que la consigna central de la última marcha, le haya cedido espacio al pedido de despenalización del aborto. Menores que no superan la edad de 16 años, portando pañuelos verdes, reclamaban desafiantes sin reflexionar que si sus progenitoras hubieran optado por abortar, ellas no existirían.

No se recuerda que algún legislador haya prometido en su campaña electoral poner en debate el tema que hoy divide a la sociedad argentina. Camargo recordó que a su hija la mataron “por defender la vida de su bebé”. Aceptar una madre eliminar al niño al que debe darle la bienvenida al mundo, es un acto de vulneración de leyes intocables. La ocurrencia del primer mandatario nacional de instalar el debate legislativo, lo hará co-responsable de un acto deplorable a todas luces. “Ni una menos” es una consigna legítima, pero demandar “ni un aborto más” es una oportunidad que se les da a los niños por nacer. Cuando se abusa del doble mensaje, ambos terminan desacreditando a quienes los emiten.

“La posibilidad de que el Congreso nacional apruebe una ley que autorice el aborto criminal, no admite dudas: los violadores, los narcos y los grandes estafadores quedan libres. A los únicos que se les va a aplicar la pena de muerte, es a los niños y niñas no nacidos. El Congreso nacional no puede arbitrar un debate para tratar cuándo y cómo matar a argentinos inocentes” (lo dijo Oscar Botta, Director de la ONG Pro-familia).

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