Acceso a la arquitectura

Cuánto se ha escuchado hablar de accesibilidad en arquitectura. Sin dudas hay un gran avance técnico y a nivel conciencia de esta imperiosa necesidad.
Existe una mezcla de motivos para el abordaje de un pensamiento inclusivo como dueños o comitentes de una obra.
El pragmático, de quien trata de solucionar y alivianar las barreras constructivas que se imponen con el solo fin de ayudar a quien lo necesite, y el de la conveniencia institucional.
Este último es bastante frecuente. El objetivo primero es que se diga que tal empresa o institución «es inclusiva» y «para todos».

Cualquiera de los dos motivos beneficia finalmente al usuario aunque uno de los dos sea moralmente vidrioso.
Lo que lamentablemente ocurre a veces es que, en el apuro para lograr estos lauros, se realizan las obras sin el conocimiento técnico adecuado.

Fruto de esta repentina conciencia vemos rampas mal proyectadas o con pendientes inadecuadas que son tanto o más peligrosas que los desniveles directos, por solo nombrar un ejemplo. Hay una cuestión tajante como real en cuanto a lo económico. Un mal desarrollo de las barreras arquitectónicas cuesta lo mismo que uno correcto. La clave es la formación del proyectista.

Para todos es un constante aprendizaje puesto que en este lado del mundo siguen siendo ideas relativamente nuevas.
Lo correcto es comenzar a pensar que todos somos potenciales incapacitados o disminuidos en cuanto a nuestra movilidad, nuestra visión, etc.

Algo arquitectónicamente accesible será indudablemente más cómodo para todos.
La situación ideal es que las intervenciones sean lo más desapercibidas posibles o que las asimilemos como parte de nuestra cotidianeidad sin pensar en lugares exclusivos que se transformarían en excluyentes.
Otra materia pendiente es la accesibilidad a la información más allá del medio físico para lograr autonomía total.

 

Autores: Arquitectos Damián Lemes y Damián Ruiz – Minimal Estudio – IN Planos Hápticos.

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