Alimentos irradiados

En el mundo se comercializan más de 700.000 toneladas de alimentos irradiados a fin de obtener beneficios como la prolongación de la vida comercial con reducción de cadenas de frío y costos de transporte. Hasta ahora, en nuestro país el uso de radiación en alimentos estaba muy restringido. Una reforma del Código Alimentario Argentino (CAA) permitirá que esta nueva generación de alimentos “larga vida” llegue a las góndolas en las próximas semanas.

Por Rocío Hernández – Lic. en Nutrición

 

La cadena de frío y el cuidado de los alimentos perecederos, que son aquellos que deben ser conservados refrigerados, es uno de los puntos clave que deben tenerse en cuenta para evitar enfermedades.

Hasta no hace muchos años, la carne, el pollo y el pescado se compraban casi en el día que se iban a consumir y no se guardaban más de dos o tres días en la heladera. Luego, con la era de los congelados y la presencia del freezer en la mayoría de los hogares, comenzó a ser una práctica habitual tener un stock de alimentos para facilitar la dinámica familiar. Tener alimentos listos para cocinar o un trozo de carne para llevar al horno a la hora de la comida, en épocas en las que el tiempo no sobra, vale más que el oro.

Según el Ministerio de Agroindustria de la Nación, se incorporaron al CAA nuevas categorías de alimentos irradiados como bulbos, tubérculos y raíces; frutas y vegetales frescos; cereales y sus harinas, legumbres, semillas, oleaginosas, frutas secas; vegetales y frutas desecadas, hierbas secas y tés de hierbas; hongos de cultivo comestibles; pescados y mariscos; aves, carne bovina, porcina, caprina, y alimentos de origen animal desecados.

Mi opinión, como Licenciada en Nutrición, es que se trata de una decisión muy polémica, como toda la industria. El tema de estas innovaciones esencialmente es que los que más lo necesitan, que son las personas que no tienen recursos o tienen muchos cortes de electricidad o quizás ni tienen refrigerador, no pueden acceder por su elevado costo. Como pasa con los productos orgánicos.

En cuanto a su valor saludable, se desconoce algún efecto negativo en la salud hacia futuro. No sabemos qué consecuencias va a generar en el organismo a largo plazo. Posiblemente, tras una ingesta continuada termine siendo un potencial cancerígeno, pero aún no se sabe.

Sí es cierto que este tipo de alimentos pueden tener beneficios sobre las personas inmunosuprimidas, ya que están desprovistos de agentes bacterianos que en estos pacientes resulta crítico. Pero hoy en día se toman recaudos desde lo nutricional y son escasísimos los casos en los que el paciente inmunosuprimido se afecta por la alimentación. Siempre hablando de la alimentación controlada por un profesional.

Estos alimentos irradiados en el supermercado, estarán identificados con un logotipo, que deberá definir el Código Alimentario Argentino. La modificación del código es inamovible; se calcula que en unas semanas aproximadamente se publique en el Boletín Oficial la resolución conjunta entre el Ministerio de Salud y el de Agroindustria, que permitirá la utilización de dicha tecnología por clase de alimentos.

Esta tecnología se utiliza para la descontaminación fúngica y microbiana, la desparasitación, la desinsectación y hasta la esterilización de toda forma biológica que pueda afectar los productos, en este caso los alimentos. La comida irradiada ayuda a prevenir enfermedades como salmonella, cólera o infecciones por Escherichia coli, transmitidas por los alimentos.

En el mundo hay aproximadamente unas 200 plantas de 32 países. El que más comida procesa es China. El segundo es Estados Unidos, donde ya hay unas 50 plantas, y la práctica también se lleva a cabo en Francia, India, Australia, Brasil, Chile, México, Japón y Sudáfrica.

En Argentina, la técnica se aplica desde 1988, pero de forma muy limitada. Hasta ahora se podía emplear solamente en siete productos: frutilla, espárragos, papa, cebolla, ajo, especias y hongos.

El proceso está aprobado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

 

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