Amor constante más allá de la muerte

¿Cómo escribir un artículo desde el dolor profundo? Sin embargo hoy he ido a la casa de mi madre. Soy huérfana de padre y ella viuda desde hace una semana. La colonia fresca y los papeles están por toda la casa. Las cosas no saben de su partida. En la inercia de sus cuerpos tal vez lo esperan, como nosotros…

Por Marta Ledri – Prof. en Letras

En el dormitorio vi una escena que según la perspectiva desde que se la mire puede horrorizar, incitar al morbo, al miedo o a la acusación de demencia senil. Yo sé que es un signo de amor. Como el poema de Quevedo del cual tomé el título.
“su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.”
En el lugar vacío de la cama, en ese lugar que ahora no se destiende y donde la almohada ya no se ahueca y ha quedado impregnada de su perfume, mi madre ha sacado su vestido de novia, sus guantes, su liga, su pañuelo- según el uso de hace 60 años atrás- y ha desplegado este símbolo reafirmando su amor más allá de la muerte.
Confirma así su sacramento con el hombre de su vida. El vestido plisado tenía la languidez de la tristeza, la decrepitud de los años pero la inocencia del amor eterno. Los guantes eran dos palomas inertes y la liga una alianza endurecida , retorcida en su elástico, con dos azahares amarillentos pero seguía siendo un círculo, un ciclo, un calendario de amor infinito.
En el lugar vacío se acuesta la novia; a su lado una desconsolada viudez que tiene la certeza de nuevas nupcias en el más allá.
La hija y la nieta tratan de reconstruir sobre la amarillez de la seda una escena tragada por el olvido, alojada en un solo corazón que se acuesta solo.

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