Aquí se coge fuerte

Aquí se coge de todo. Se cogen frutas, taxis, resfrío… Mucho. A mí me parecía algo muy fuerte. Con el tiempo terminé acostumbrándome y empecé a coger lo que está a mi alcance. Cojo hasta el mate.

Por Diego Martínez – Periodista sanjosesino radicado en España

 

No sean guarangos y desubicados, recuerden que les escribo desde España y aquí las cosas no se agarran ni se toman, se cogen. Es que el vocabulario, por más que hablemos el mismo idioma, es bastante diferente al nuestro. Un amigo, que se fue a vivir a París sin saber una oración completa en francés, me dijo: “Vos la tenés fácil”. Pues, no tanto.

Si pido papa en la verdulería, me quedan mirando. Lo mismo si pregunto por un colectivo. Si digo que estacioné el auto, no saben de qué estoy hablando y menos si les aclaro que lo dejé en el garage. No hay remeras, hay camisetas. El durazno es melocotón. Campera es chaqueta. Pulóver es jersey. Musculosa es camiseta de tirantes. Papa es patata, colectivo es autobús, garage es parking o garaje (no garash). Aquí no se estaciona, se aparca. Y si querés tener sexo, entonces querés follar. Concha es un nombre propio (o cucharita de mar) y pija es una mujer cheta (pijo en masculino).

No tengo más celular, tengo móvil. Dejé de usar ojotas, uso chanclas. Si quiero fuego, ya no pido encendedor o fósforo, pido mechero o cerillas. El billete no es dinero, es pasaje de avión. No escribo más en hojas, lo hago en folios; y si pido un portafolio, me dan un folio. Si quiero colorear con una fibra, tengo que pedir un rotulador.

Para escuchar música, lo hago en altavoces, no parlantes, o uso cascos, aunque también auriculares. Un largavista es un prismático. Torta es tarta y la tarta es torta. La empanada es una tarta. La empanadilla es el equivalente a la empanada nuestra. La canilla no existe, existe el grifo. El control remoto es mando a distancia. Pelotudo es gilipollas y hace gilipolleces. Y volviendo al tema sexual, no pidas aquí que alguien se corra porque le estarías pidiendo que eyacule.

En el cine se comen palomitas de maíz. Para acompañar la cerveza, te dan cacahuetes. Las terrazas son espacios de bares pero en la calle y a la altura de la vereda; perdón, a la altura de la acera. Allí pedís una caña y una tapa… Tranquilo, que lo que te van a traer no es una caña ni una tapa, si no un vaso de birra y algo para picar.

La historia puede seguir para dos artículos más. Ni hablar si nos metemos con los regionalismos y los dichos, que en Entre Ríos tenemos mucho, o el lunfardo porteño. Además, en España cada zona tiene lo suyo; al margen de que conviven otros idiomas, como el catalán o el euskera.

Por ejemplo, los entrerrianos tenemos un comodín que le damos un extenso uso e inclusive se nos complica un poco al intentar explicarlo: el famoso goyete. Alcanzame ese goyete; el goyete arriba del coso; es algo que no tiene goyete; manso goyete. ¡Me encanta esa palabra! Y cuando conocí su origen, todo cobró sentido. No sé qué haría sin ella. Para suerte mía, la otra vez descubrí su equivalente. Mi esposa no deja de decirme: dame ese capullo; guárdame este capullo; era un capullo que va arriba de otro capullo. Aunque también tiene otros usos: no seas capullo (tonto), o ¡qué capullo estás haciendo! (carajo). Me ha puesto muy feliz tal descubrimiento. De todos modos, “¡manso goyete!” y “¡la concha de la lora!” seguirán siendo irremplazables.

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