Argentina, levántate y reacciona

Resulta increíble que en un país que ha extraviado la veleta política y la brújula judicial, aparezca como frutilla rancia del postre un dato dando cuenta de que una banda de ex funcionarios K y empresarios asociados, forzados al descanso en cárceles de nuestro país, ha recibido la mejor noticia para un presidiario. El irrenunciable compromiso periodístico de Nicolás Wiñaski, su olfato privilegiado y la falta de temor cuando se enfrenta a los poderosos, se expuso en el diario Clarín del domingo 2 de junio, cuando dio cuenta de que los artífices de la mayor corrupción de que se tenga memoria durante la recuperada democracia, han sido notificados en la mayor intimidad de que el logro de su libertad apenas dependería de que la fórmula Fernández-Fernández acceda al gobierno. Cuando suenan las campanas de la impunidad, también deben tañir las de la justicia verdaderva de los jueces valientes. ¿Tan bajo habremos caído para consentir semejante desvergüenza? La justicia debe ser fuerte, porque la fuerza nunca es justa.

 

Luis María Serroels
Especial para INFONER

 

En esta Argentina indescifrable donde la palabra empeñada, las propuestas políticas exhibidas y las promesas hábilmente ordenadas suelen desvanecerse cual pompas de jabón, los mensajes pre electorales terminan incendiándose automáticamente como las órdenes secretas del protagonista de la inolvidable serie televisiva Misión Imposible.

Suena extraño que si desde el desperdigado peronismo se alardea tanto sobre su pronto regreso al poder, no se advierta que el refrescado acercamiento al kirchnerismo para nutrir las posibilidades de triunfo, podría convertirse en un arma de doble filo. En política no siempre 2 más 2 suman cuatro. El camino hacia la Casa Rosada y el Congreso Nacional, tiene sus obstáculos.

La apelación masiva a un novedoso “fernandismo” como carta de salvación, podría no tener réditos en tanto una alianza en este momento no resultaría gratuita al momento de fijar condiciones. Una irrupción de los magistrados en el corazón del kirchnerismo echaría por tierra cualquier acuerdo que, como la pirotecnia, se esfuman en el aire. El arco ideológico que se aferra a una riesgosa salida optando por aceptar la corrupción con tal de no desaparecer del mapa político, sabrá lo que hace..

Las alianzas comiciales no son intrínsecamente dudosas cuando las partes pueden mostrar conductas intachables. Pero cuando se acepta aferrarse al auxilio de candidatos perseguidos por la justicia por graves delitos, significa que se canjea moral por utilitarismo. Y si se convalida la nefasta reflexión de “roban pero hacen”, el estiércol político se derramará sobre la Ley Suprema.

¿Cuántos años han pasado desde que comenzó la corrupción K y sin embargo apenas se conoce un puñado de condenas a cuenta de una mayor cantidad que duerme en cajones seguros? Quienes incurren en apología alabando a mercenarios de la política aliados con ladrones públicos, ¿podrán dormir tranquilos?

“Los hombres deben esperar más mal que bien de aquellos a quienes dañan”, decía el filósofo griego Sócrates, quien también posaba su mirada en la justicia:

“Cuatro características corresponden al juez: escuchar cortesmente, responder sabiamente, ponderar prudentemente y decidir imparcialmente”

(seguramente el ex magistrado Norberto Oyarbide había extraviado estos preceptos a la hora de juzgar al matrimonio Kirchner).

Volviendo al comienzo, es una estrategia guardada bajo siete llaves la que ideó el cristinismo antes de tejer su reacercamiento con Alberto Fernández –un antíguo adicto a la doctrina del camaleonismo- sin aplicar la antígua frase “Roma no paga traidores”.

En el juego de la política argenta, las volteretas ideológicas siempre son preferibles antes que caer en el ostracismo obligado. “Todo hombre tiene su precio y yo no soy de los más caros”, solía decir un humorista. La sorprendente mutación del ADN militante de ciertos dirigentes otrora respetables, exhibe la decadencia imperante.

La añeja galantería que lleva a ceder el primer lugar a una dama, se quebró al conformar la fórmula de Unidad Ciudadana. Cuenta una historia no corroborada que durante la Revolución Francesa un hombre condenado a la guillotina, al advertir que delante suyo una dama aguardaba ser decapitada, le propuso cortesmente: “Madame, permítame que al menos por esta vez el varón se ubique delante” (el pobre nunca llegó a saber que tras su muerte se frenaron las ejecuciones). Eso sí que fue perder la cabeza por una mujer.

Es muy difícil saber qué maniobras maquinan ex funcionarios y empresarios caídos bajo la letra del chofer Oscar Centeno. Es que los que están tras las rejas no tolerarán que algunos socios salvados por la campana al borde del knock out pero activos cómplices, ni siquiera vayan a visitarlos.

Alberto Fernández, un tenaz malabarista de la política (su currículum lo muestra como un militante pluralista a la hora de atrapar cargos), es inocente. Culpables son aquellos que le abren la puerta conociendo su legajo. Pero no menos reprochable es la actitud de los que optan por bañarse bajo el chorro de la antiética antes que perderse en las oscuridades del olvido.

Entre los pliegues del gobierno nacional, el anticipo del matutino fundado por Roberto Noble, aún sometido al recelo, debe haber caído muy bien porque nadie votaría por la liberación de ladrones públicos sin juicio previo. Ha sido como una sinfonía para los oídos oficialistas.

Para los jueces, semejante anuncio constituye un agravio que podría obrar como acelerador de las causas que imputan a Cistina Fernández y sus socios ilícitamente convertidos en híper millonarios. De no ser así, la independencia de poderes seria una utopía más.

No son pocos los otrora desterrados del kirchnerismo que hoy retornan por razones de sobrevivencia política, aunque el precio a pagar resulte muy alto. La solidez facial de algunos es proporcional al nivel de decadencia moral. Es un rejunte generado más por el miedo a extinguirse que por una patriótica y humilde reconciliación. Un eventual triunfo electoral no modificará los vicios empleados.

Los problemas de salud del candidato de Unidad Ciudadana, que de ser cierto condicionarían el ejercicio de un cargo que demanda mucho esfuerzo y escaso descanso, abriría el portón para que Cristina pase al frente. Claro que ello le quitaría toda posibilidad de auto indultarse. En tanto Sergio Massa recibe ofertas.

El genial humorista Groucho Marx, durante una actuación y al final de un discurso cargado de reflexiones morales, le dijo al auditorio: “Estos son mis principios, si no les gustan, tengo otros”.

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