ARQUITECTURA. Dieste, enemigo de lo imposible

Íbamos de paseo por la República Oriental del Uruguay cuando de repente, el final del tramo de la ruta que atraviesa un pequeño pueblo cerca de Atlántida, nos mostró una volumetría familiar. Era templo católico, de escala acorde a esa cantidad de habitantes, pero con un magnetismo ineludible.

Por Damián Lemes – Arquitecto.

 

Recuerdo que no podía dejar de mirar ese volumen. Insisto, era mucho más que una fachada.
Antes de proseguir camino vinieron a mi mente recuerdos vagos pero centellantes. La muestra fotográfica de una de las cajas de escaleras de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de Buenos Aires, el ladrillo usado plásticamente, las formas curvas, láminas naranjas rompiendo toda rigidez de origen, Dieste, Uruguay, ¡Claro!

Había estudiado al maestro cuya obra, como una especie de revelación inesperada, nos topamos repentinamente, sin buscarla.

Se trata de la iglesia “Cristo Obrero y Nuestra Señora de Lourdes”.

Eladio Dieste fue un ingeniero civil uruguayo reconocido mundialmente por el uso de lo que él denominó cerámica armada. Esto le permitió cubrir grandes luces incorporando formas plásticas y, en este caso, jugar con la luz.

A modo personal relataré mi experiencia espacial en el recorrido:

Al acercarnos, la iglesia se va muestrando en escorzo, develando las bondades de su volumen tan particular.
Desde el atrio, impacta su fachada asimétrica donde todos sus volúmenes van adoptando escala humana a medida que avanzamos para ingresar.

Por un pequeño portal ingresamos en oscuridad total y cerca de los confesionarios, una especie de paso del pecador que se hace pequeño para descubrir a Dios.

De repente, la luz inunda la gran sala pero de manera intencionada, encontrándose con los volúmenes. Ingresando por sus márgenes, sutiles, flotando, chocando con aristas, acompañando tangencialmente las formas curvilíneas.
Genera en cada caso una idea de reflexión y de la inevitable sensación de estar en un lugar sagrado.

Curiosamente, el lugar del altar vuelve a recuperar la escala humana del acceso, contrario a toda lógica. Como si fuese la representación constructiva de que Dios se hizo hombre y es el hombre, nosotros, los que ocupamos el gran centro del espacio, el lugar de privilegio, rodeados de un imposible.

 

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