Azul, la palabra más poética de la lengua castellana

¿Hay palabras más poéticas que otras? ¿Hay palabras que por ellas mismas y aisladas del cotexto sean generadoras de belleza? ¿Caducan las palabras que alguna vez fueron incluidas dentro de la  poesía, tales como rosicler, remembranza, prístino,  (para citar algunas) y que con el tiempo han sido desterradas, sepultadas, condenadas? ¿Qué factores entumecen a algunos vocablos para ser descartados del lenguaje poético? ¿El uso y abuso? ¿La necesidad de innovar o transgredir? Alguna vez estos ripios habrán sido singulares y novedosos…

Por Marta Ledri – escrtora, Prof. en Letras

 

Muchos interrogantes. Es cierto que hay palabras que han perdido su poder de sugestión, otras se han evaporado por falta de usuarios. ¿Quién utiliza la palabra conticinio – bella y profunda – en un poema? Creo que nadie o pocos ¿Por qué es tan escaso en el territorio de la poesía el término “nadir” cuando fonéticamente es tan musical ?

Las palabras se fosilizan, pierden vida y brillo. Sale entonces el poeta, inscripto en su aquí y ahora, a seleccionar, combinar y  disponer. Palabras que se imponen entre otras por su fonología, palabras  que convienen al ritmo o a la métrica, palabras que connotan, que atraen a otras “in absentia”.

Hay palabras que más que sobrevivientes son inmortales: la contra cara de lo antes dicho. Esas palabras que se resignifican continuamente, se vuelven equívocas, plurisignificativas, abren sus significantes a nuevos contenidos. La forma es la misma y es otra al mismo tiempo.

Muchos escritores tienen su propio vocabulario. Si uno lee ”laberinto” seguramente pensaremos en Borges, “río” en Juanele Ortíz, “abismo” en  Alejandra Pizarnik, “ mar” en Alfonsina Storni, “ángel” en Rilke. Esta asociación se debe al uso reiterado pero siempre nuevo que cada poeta le dio a esos vocablos. Imposible muchas veces conocer el verdadero valor que tuvieron para ellos, el porqué se volvieron necesarios e irrenunciables.

De todas las palabras de nuestro idioma  son  las más elegidas las líquidas y vibrantes.  Las vocales abiertas otorgan luminosidad en tanto que las cerradas, estridencia y oscuridad.

“Infame turba de nocturnas aves” (Góngora)

La aliteración que remite al aleteo de los murciélagos en la gruta de Polifemo  tiene su centro en la u y en la r. Es un verso oscuro pero lleno de música y terrores.

De todas estas palabras inmortales creo que la diosa o emperatriz es el lexema azul.

Mucho antes de que Rubén Darío se la apropiara y la convirtiera en un pilar del modernismo, mucho antes del azur de Baudelaire y Mallarmé, el romántico Bécquer había escrito:

 

XIII

Tu pupila es azul, y cuando ríes,

su claridad suave me recuerda

el trémulo fulgor de la mañana,

que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul, y cuando lloras,

las trasparentes lágrimas en ella

se me figuran gotas de rocío

sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo

como un punto de luz radia una idea,

me parece en el cielo de la tarde

una perdida estrella.

 

Y aunque Homero cante al “vinoso ponto” sabemos que ese mar es azul  como “añil” es para Juan Ramón Jiménez.

¿Qué imán posee la palabra azul?  Su investidura fónica se eleva y se prolonga en la acentuación aguda. Es misteriosa porque comienza con una gran apertura (a) y se cierra en el vuelo , en la altura (ul)

El azul desde siempre ha simbolizado los ideales, los  ensueños, la infinitud, lo intangible, lo regio y divino. El pájaro azul de Mauricio Maeterlinck no es otra cosa que la felicidad: “Necesito el pájaro azul para mi pobre niñita querida, que está muy enferma”.

El príncipe azul no es otra cosa que el amor fiel y para siempre.

Una palabra que es más que un color, es el frío del Olimpo, es el manto de María o los  peplos de las diosas.  Es la línea más intensa  donde cielo y mar se encuentran para fundirse. Es la esencia invisible a los humanos  pero que los poetas vislumbran, es la iridiscencia de un Dios tornasolado que  muestra su majestad en la grandiosidad del azul.

Tal vez la muerte sea azul…

 

Yo me iré.

Quién sabe tú…

Me iré en una calle mansa

Para esfumarme en azul.

 Yo me iré, quién sabe tú.

Me está invitando la noche

A su alcoba de tahúr,

Acudiré silencioso

Como un mendigo de luz.

………………………

Yo me iré,

¿Te quedas tú?”

Luis Osvaldo Ledri (que transmutó en azul hace 46 días y era mi padre)

 

 

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