Bomberos-enfermeros, nuestros guardianes de la vida

Hoy es el Día del Bombero Voluntario. En la previa de este día, el Hospital Centenario Gualeguaychú convocó a sus mujeres y hombres que abrazan las dos profesiones en pos de salvar vidas. Ellos son enfermeros, atienden el número 107, trabajan en el Servicio de Pediatría y son a la vez, bomberos voluntarios.

Jorge Arce Zuluaga, enfermero de Terapia Intensiva y sargento del área de Capacitación en el cuartel de Bomberos Gualeguaychú; Marianela Arias lleva 12 años como cabo y también se desempeña -desde hace tres años- como despachadora del Servicio 107; Lilian Núñez hace siete años que ingresó al cuartel y es enfermera suplente de Neonatología; Mariano Pavón es subjefe de la Guardia del Centenario y hace más de tres décadas es oficial ayudante en bomberos; y Luciano Lizzi con 24 años de trayectoria en este momento tiene el grado de comandante a cargo de la jefatura de cuerpo y trabaja en el Servicio de Pediatría del nosocomio.
Los cinco combinan ambas pasiones, nunca descuidan a sus familias y son los primeros en estar «al pie del cañón» cuando una urgencia los requiere. Son un ejemplo pero sobre todo son «guardianes de la vida de otros», son quienes le ponen el cuerpo al riesgo sin esperar nada a cambio.

Sus historias
Marianela Arias contó que «llegue al Centenario gracias a Lizzi, al director Hugo Gorla y Sergio Sack, que es jefe del 107. Desde hace tres años cuando se formó el Servicio de emergencias Prehospitalaria me desempeño como despachadora».
A sus 24 años, Lilian Núñez es la más joven del grupo y narró que «ingresé a Bomberos cuando tenía 17. Fui cadete un año y después bombero. Yo me recibí en 2015 pero por una operación del corazón recién este año empecé a trabajar en la Neo».
En tanto, el jefe del cuartel, Luciano Lizzi expresó que en su caso «lo primero fue ser bombero, pero como me gustaba el área de emergencia decidí estudiar Enfermería. Estuve casi 13 años en el Servicio de Emergencia del hospital y ahora estoy en Pediatría tratando de relacionar ambas profesiones, porque son paralelas. Somos bomberos las 24 horas de los 365 días del año. En sí tenemos guardias pasivas, es decir, cuando se dispone de tiempo libre y nos necesitan tenemos que acudir. Ahora en la jefatura del cuerpo intento cumplir el mayor tiempo posible dentro del institución y, cuando estoy trabajando, telefónicamente me manejo con el resto del cuerpo jerárquico o con el segundo jefe».
Luzzi aportó que «independientemente que la comunidad piensa en el cuartel por una emergencia, nosotros tenemos muchas actividades diarias como mantener la estructura de la institución, las capacitaciones o el cuidado de los móviles y las herramientas de trabajo».
Mariano Pavón, en cambio, lleva toda su vida vinculada a la pasión por ayudar. «Desde los 6 años transito los pasillos del hospital porque mi padres tenían la concesión del kiosco que estaba en la puerta. Como profesión arranque a los 14, heredando la vocación de mi padre como bombero y luego fui enfermero. Al estar en el Servicio de Emergencia puedo interactuar entre ambas instituciones, si estoy en turno no tiene sentido que descuide mi labor en la Guardia por ir a una urgencia. Siempre hay alguien que te cubre la espalda en Bomberos. Y en los francos estoy en permanente comunicación con el Hospital porque ambas labores van de la mano, trabajamos en paralelo y en conjunto», resaltó.
Jorge Arce Zuluaga se formó «desde 1995 como cadete bombero y elegí ser enfermero. Yo en la Unidad de Terapia Intensiva recibo los casos graves de la parte Prehospitalaria que atendieron mis compañeros».
Jorge es una muestra que la pasión no tiene barreras temporales. «Por una cuestión de salud tuve que abandonar el cuartel y reingresé hace dos años, mientras que en el hospital llevo 13 trabajando. Ambas profesiones son un complemento porque tenes lo más lindo que es esa adrenalina de, por ejemplo, rescatar a una persona, pero lo complementas con los cuidados de su salud. Vemos todas las fases del accidente o siniestro. Ser bombero y enfermero para mí es un estilo de vida, no puedo decir que me gusta más».
La formación
En el caso de los simulacros que organiza el área de Enfermería del Hospital, Luciano Luzzi sostuvo que «extraemos conclusiones de ambos lados, observamos nuestra función dentro del evento, buscamos un trabajo en conjunto. Hacemos mucho hincapié en cómo están paradas las instituciones para trabajar de cerca y cómo mejorar la respuesta a la sociedad».
En ese sentido, Marianela agregó que «cuando hay un simulacro siempre se aprende, siempre sirve la capacitación porque nunca una emergencia igual a otra nunca. Gracias a los simulacros, en el 107, modificamos nuestras estrategias y nos perfeccionamos».
Jorge sumó que «durante el simulacro lo que buscamos es ver los errores y evaluamos que salió bien. A partir de ahí podemos lograr una mejor respuesta para la emergencia en sí. Plasmamos lo aprendido y es la puesta en escena final de cómo sería actuar en una emergencia real. Es un rompe cabezas donde limamos, aceitamos y mejoramos nuestra labor».
Mariano puntualizó que «es el momento justo para cometer los errores a corregir, para que al ocurrir un hecho real no se produzcan».
La recompensa
Lilian se sintió bombero desde muy pequeña. «A mí me influenció mi cuñado que, en ese entonces, estaba en el cuartel. Cuando sonaba la sirena, él salía al toque en la moto. Yo dije quiero ser eso. Entre de chica, cuando tuve la posibilidad de abandonar por cuestiones importantes de salud, en el cuartel me dieron una mano y seguí perteneciendo. Vivo dos situaciones diferentes: en Neonatología todo es pensado, lento, con precisión; mientras que en el cuartel es lo contrario, se actúa rápido ya que hay que resolver en el momento», ejemplificó.
Jorge y Marianela sumaron que «es muy gratificante la tarea de salvar vidas en el hospital y salvaguardar vidas y bienes en bomberos, porque a eso nos dedicamos. Es casi una tradición porque todos tenemos alguien que fue o estuvo vinculado a las emergencias».
Mariano rescató otros dos aspectos: «El compañerismo y la familia que es un pilar vital, que nos apoya siempre. Por ejemplo en la emergencia hídrica de 2015 estuvimos fuera de casa casi una semana y es la familia la que se acercaba con un par de medias secas, una remera limpia para cambiarte. Ellos ocupan un plano importantísimo en nuestras actividades».
Luciano pone en foco que «uno de bombero no vive, lo hace por vocación, porque nos gusta y nos llena de satisfacción lo que hacemos. También el respaldo de la familia es central. Mis hijas casi que se criaron en el cuartel y mi esposa es enfermera y fue bombero por lo que conocen el esfuerzo que se hace cotidiano. Tanto en el cuartel como en el sistema de salud es igual, la recompensa es el placer del trabajo cumplido», concluyó al jefe de los Bomberos Voluntarios.-

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