Bordet y Frigerio enfrentan su primer examen

Sin liderazgos emergentes en el PJ y en Cambiemos, los dos referentes políticos con más poder en la provincia caminan a las PASO del 13 de agosto confiados en superar el examen interno. Pero la elección es a padrón abierto y nada puede impedir el voto castigo de la sociedad.

Por encima de quiénes sean los precandidatos que se terminen imponiendo el 13 de agosto en las internas del peronismo y de Cambiemos, las PASO de Entre Ríos tienen una dimensión estrictamente política, que compromete directamente a los más importantes liderazgos del distrito: el del gobernador Gustavo Bordet dentro el PJ y el del ministro del Interior Rogelio Frigerio en Cambiemos.

Ambos, Bordet y Frigerio, hubieran preferido evitar esta interna. Por eso armaron lista única en sus fuerzas políticas.

Bordet se asoció con sus dos antecesores en el Poder Ejecutivo, Sergio Urribarri (que fue la máxima expresión kirchnerista de la provincia) y Jorge Busti (que en las anteriores elecciones le había quitado votos peronistas desde el massismo). Y también con la familia Cresto, que gobierna Concordia (el histórico bastión peronista de la provincia). Logró, así visto, un acuerdo ciertamente potente desde el punto de vista político y electoral.

Pero en la interna se le anotaron nueve listas en contra de ese acuerdo, lo que expresa a un tiempo la amplitud del disenso interno y la dispersión del planteo opositor.

Frigerio volvió a hacer lo ya había hecho en 2015, pero ahora con mucho más poder: definir a su antojo la oferta electoral de Cambiemos. Para encabezar la lista buscó al radical que más medía (nunca nadie desmintió ese dato en la interna radical) y que más fidelidad política prometía como futuro diputado: Atilio Benedetti. Alineó a los intendentes, no sólo a los radicales sino a los vecinalistas, que llevan un candidato cada uno en la lista. Y, ya con una arbitrariedad asombrosa, puso en el segundo lugar de la lista –que ingresa al Congreso aún perdiendo- a una candidata desconocida y sin estructura política, como Alicia Fregonese de Marcuard, funcionaria nacional proveniente de la Sociedad Rural.

En Cambiemos hubo muchos pataleos internos en contra de este armado definido “en la Casa Rosada”, pero finalmente la casi totalidad de la dirigencia con responsabilidades de poder se terminó alineando a los candidatos que bendijo el poderoso Ministro.

Nadie se juega

Tanto dentro del PJ como de Cambiemos, la dirigencia que se opuso a las listas únicas tuvo la oportunidad de expresar su disidencia con una propuesta alternativa. Pero sólo lo hicieron algunos dirigentes que tienen poco o nada para perder.

Es que dar la interna en Cambiemos es, nada más y nada menos, que enfrentar al gobierno nacional con todos sus recursos, que en su mayoría libera el propio Frigerio.

Por eso los que compiten son dirigentes sobre los que Frigerio no tiene capacidad de daño. La denuncia de Alejandro Carbó (candidato radical avalado por el macrismo disidente) es elocuente al respecto: dijo que un enviado del Ministro lo apretó para que baje su lista y llegó a decirle que como represalia no habría fondos para el municipio de Aranguren, que asesora el abogado de Paraná. En este contexto ¿alguien imagina a un intendente jugando en contra de la lista oficial?

El dirigente más arriesgado en este sentido es el senador por Paraná Raymundo Kisser, el único legislador que no acompaña la lista oficial y que ya había sido castigado por su vuelo político propio con su desplazamiento en la jefatura del bloque a principios de este año. Pero Kisser asegura que no juega fuerte, que apenas si acompaña.

 

En el peronismo, las listas disidentes van en contra del acuerdo Bordet-Busti-Urribarri, o de algunos de ellos en particular, como la lista de Augusto Alasino contra Urribarri, o la lista de Jorge Barreto contra Busti y también contra el “macrismo” de Bordet.

Esto pasa en las dos listas del peronismo que, por izquierda y por derecha, discuten con algo de seriedad sus diferencias políticas o ideológicas y que tampoco tienen mucho para perder. Barreto ya estaba afuera antes de empezar y Alasino siempre lo estuvo. Las demás listas tienen una representatividad interna muy exigua.

Bajo esta mirada, sobresale el apoyo que el diputado Julio Solanas le dio esta semana a Barreto. Aun así, y casi como Kisser con Gracia Jaroslavsky en Cambiemos, el ex intendente de Paraná ha optado por el bajo perfil. Ni siquiera habló en el acto de Barreto.

Es lo que hay

Las PASO exhiben qué tiene hoy Entre Ríos en materia de nuevos liderazgos dentro de las fuerzas mayoritarias. Es lo que hay: poco y nada que cuestione a los tres últimos caciques del peronismo y al mandamás de Cambiemos.

De cualquier modo, el conjunto de la sociedad -afiliados y no afiliados- tiene el 13 de agosto la posibilidad de cuestionar esos liderazgos. Puede votar en contra de Bordet porque no le agrada tal o cual medida, o el rumbo general de su gobierno; o puede reprocharle políticamente su acuerdo con Busti o su no separación de Urribarri.

La sociedad puede votar en contra del “virrey” Frigerio, como lo llaman sus detractores, para que deje respirar a Cambiemos en Entre Ríos y permita un desarrollo político de la coalición con debate interno y que no dependa exclusivamente de la chequera de fondos públicos que el Ministro maneja. Que permita, en suma, un modo de construcción política distinta a la que tanto le criticaron al kirchnerismo. Incluso puede votar en contra porque no le gusta la cara de Macri o algunas de sus políticas.

Nada se lo impide. Nada le impide al grueso del electorado entrerriano expresarse este 13 de agosto, aunque votar “en contra de” no sea lo mismo que “a favor de”.

Aunque menguadas políticamente -porque en las dos fuerzas mayoritarias las listas oficiales enfrentan una oposición débil, en la que no juegan dirigentes de peso- las PASO no dejan de ser una instancia en la que Bordet y Frigerio deben ratificar sus liderazgos al interior de sus fuerzas, pero a padrón abierto, con todo el mundo habilitado para votar.

Son, en el mejor de los casos para ellos, el primer movimiento de este examen electoral de dos tiempos en el que se juegan su futuro inmediato.

 

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