CARPE DIEM

El hombre necesita ordenarse, ubicarse, saberse contenido. Las coordenadas que le brindan esta seguridad son el tiempo y el espacio. El espacio está cosificado, se habita, es tangible y es en él donde se manifiesta el tiempo que no es otra cosa que el cambio de la materia.

 

Por Marta Ledri – Prof. en Letras

 

El tiempo es una abstracción coagulado en lo animado e inanimado pero no por eso deja de ser una experiencia vital. Casi todo el mundo se rige por el calendario gregoriano originario de Europa, en 1582 y denominado así por ser su promotor el Papa Gregorio XIII que sustituyó el calendario juliano y lo promulgó en la bula Inter Gravissimas.

Un año son 365 días parcelado en meses, semanas, días, horas, minutos, segundos, infinitesimales…. Es el tiempo profano, el convenido, el de la historia, el de los vencimientos, el de las responsabilidades civiles, el de los inicios y culminaciones, de tratamientos, nacimientos, muertes apuntados en actas. El tiempo según el calendario nos hace contemporáneos.

Pero hay un tiempo relativo, subjetivo, que se desajusta y vuela o se demora desobedeciendo el acompasado y disciplinado movimiento de las agujas. Es el tiempo de la esperanza que puede devenir en desesperanza, el de la gestación, el estacional que se adelanta o retrasa, el de la agonía, o el de la muerte súbita, el de la niñez y el de la vejez. Tiempos individuales fríos o primaverales, que quieren olvidarse o quieren recordarse.

El tiempo puede detenerse para quien escribe un poema o para quien se extasía en el vuelo de un colibrí. El tiempo se vuelve infinito en una sala de espera o afuera de un quirófano. El alumno que no estudió vive tristemente el tiempo que disfruta en retardarse para el toque del timbre.

El tiempo de las desapariciones se cuenta por segundos y el de una fiesta largamente preparada se consume en unas horas dejando solo como ascuas carbonizadas el cotillón pisoteado.

Está el tiempo de la memoria y de la desmemoria colectiva. El tiempo de Santiago Maldonado, del atentado a la embajada de Israel, de la AMIA, el tiempo de las reformas previsionales, el tiempo de la violencia, el de los hundidos en un submarino, el tiempo en que tarda un joven en corromperse en la droga para perder precisamente la noción de tiempo. El tiempo del desempleado. El tiempo de la viudez y de la orfandad; el tiempo del amor y el del descanso.

Todos marchamos según nuestro tiempo y al mismo tiempo nos suben a un tiempo oficial que nos regula. Carpe diem dijo el poeta Horacio sabiendo que el tiempo no nos pertenece. 2017 se va dejando tantas cosas sin resolver, tantas ausencias que no brindarán la venida del año nuevo. Se va con la alegría de haber aprobado las materias, de haberse graduado, de haber cumplido con el viaje soñado. Para algunos será un tiempo teñido de sepia, para otros una acuarela que los años venideros no podrán decolorar.

Mientras estemos en el tiempo CARPE DIEM y bienvenido 2018.

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