Castigar al inocente

Sobre el debate generado a partir de que el periodista de diario Clarín, Daniel Santoro, fue involucrado por el falso abogado Marcelo D’Alessio en sus diálogos con el productor agropecuario Pedro Echebest, en un video sobre la supuesta extorsión, opinó el Presidente del Foro de Periodistas Argentinos, Néstor Sclauzero. A continuación, la columna de Sclauzero publicada por Télam.

Los ataques perpetrados en los últimos tiempos contra el renombrado periodista de investigación Daniel Santoro no son únicamente ataques a su persona. Son ataques a lo que él, con sus 38 años de ejercicio, representa: el periodismo profesional.

Hay mucho en juego, y está claro que los autores de esta campaña de desprestigio quieren arrastrar a la sociedad hacia abajo, al barro discepoliano de la posverdad, donde todo es igual y los hechos ya no importan.

De tener éxito, amedrentarían a otros periodistas al mostrar que pueden armar un escándalo capaz de bajar de su lugar de respeto a uno de los más encumbrados periodistas profesionales del país. Estaríamos entrando en un camino de deterioro de la democracia.

Quedará a la ciudadanía, entonces, estar atenta y juzgar la verosimilitud de cada campaña armada para destruir una reputación, juzgar a los informes por la credibilidad de sus autores, por los fundamentos y atribuciones que ofrecen como respaldo, por sus apegos públicos a códigos de ética y los reflejos en una variedad de medios.

La situación ya fue aclarada. Santoro ya hizo un descargo completo de su relación con quien fuera su fuente, Marcelo D’Alessio. Este, D’Alessio, un estafador, pero con conocimiento cierto de algunos temas, como narcotráfico y cuestiones relacionados con Enarsa. Santoro aprovechó esas informaciones ciertas, tal y como hace todo periodista que busca fuentes que conocen de lo que hablan. ¿Cuál fue su error, entonces? Su error fue, luego, tener un cierto grado de amistad con esa fuente, e incluso compartir momentos familiares. Nada más. A espaldas de Santoro, esa fuente lo usaba, aprovechaba la relación de amistad con el periodista para simular a su provecho.

Daniel Santoro es uno de los periodistas más premiados del país. Tiene el Premio María Moors Cabot, Premio Rey de España, Premio Konex de Platino a la Investigación, Caballero de la Orden del Mérito de la República de Italia, Distinción de Honor de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina, entre muchos otros. Más allá de estos reconocimientos, la inocencia de Santoro es obvia. Y también es obvio, es evidente que a varios periodistas y dirigentes importantes no les interesa informarse bien. Aprovechan el momento para atacar a Santoro por sus investigaciones anteriores. Y estos líderes de opinión se convierten en ciegos que guían a muchos más ciegos, que en las redes sociales se suman a linchamientos digitales ridículos.

El juez Ramos Padilla aclara no tener ningún indicio de que Daniel Santoro haya participado en alguna operación sucia. Y nunca lo tendrá. Por supuesto, se necesita aclarar todo el daño que un personaje como D’Alessio puede haber hecho. Pero ningún juez puede haber aprendido tan poco de la experiencia democrática como para convertirse en una herramienta de desprestigio del periodismo profesional, e involucrar a periodistas en un proceso judicial afectando la protección constitucional.

Esta vez le tocó sufrir este ataque a Santoro, pero otras veces les ha ocurrido a otros periodistas. En este ataque contra el periodismo profesional –periodismo que FOPEA defiende desde su fundación en el 2002, sin importar banderas políticas-, el caso puntual de Santoro ejemplifica la dinámica que tiene el armado de operaciones políticas mediáticas, en las que el periodismo profesional es el enemigo.

Por eso, creemos, es muy importante que la ciudadanía esté alerta, y tenga un ojo muy crítico al evaluar los escándalos mediáticos que seguramente habrá en este año clave. Que sepa evaluar con base en criterios de respaldo, credibilidad, razonabilidad y cruce de fuentes. Es lo que también intenta hacer para el público el periodismo profesional, encontrar ese bien tan preciada, la verdad.

La sociedad se perjudica mucho a sí misma si no protege este periodismo profesional. Y la forma de hacerlo es evitar cada uno convertirse en difusor de estas perversas campañas sucias.

 

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