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FRIGORÍFICO GUALEGUAYCHÚ. Relatos reveladores de sus años de esplendor

Generalmente, los artículos sobre la historia del Frigorífico Gualeguaychú comienzan con los detalles de su creación, destacándose que no se trató de un frigorífico inglés sino que nació de capitales argentinos, y concluyen con su cierre y la tristeza que eso provocó en la ciudad. Incluso, hasta hace no muchos años, también se solía destinar un párrafo a la esperanza de su reactivación. En esta oportunidad, con el recuerdo fresco de haberlo recorrido casi en su totalidad y de haber conversado con cuatro personas que trabajaron allí, en diferentes áreas y décadas, en INFONER optamos por comenzar por el ocaso y en el desarrollo hacer foco, a través de estos valiosos testimonios, en aquellos años de esplendor.

Por Sabina Melchiori



Según consta en “Introducción a la Historia del Frigorífico Gualeguaychú”, un trabajo de investigación de la profesora Nélida Veronesi, publicado en “Gualepedia” (sí, Gualeguaychú cuenta con una enciclopedia virtual), los países europeos, finalizado el periodo de posguerra, desarrollaron una política de autoabastecimiento con la creación de uniones comerciales, en las que se fomentaba fundamentalmente la producción de ganado, lo cual retrajo la demanda de nuestras carnes. Además, la gran inundación del año 1959 afectó la planta provocando su paralización y pérdidas millonarias. Se inundaron los sótanos de las cámaras frías y camaritas con una gran cantidad de productos que no pudieron ser sacados a tiempo. En aquel tiempo también se vio obstaculizada la producción por la huelga que durante un mes efectuaron los obreros de la carne.

En la década del 70 la situación continuó empeorando por falta de mercados, falta de actualización de la política exportadora y por desinteligencias de gremialistas y empresarios. El imperio económico mundial ya no daba espacios a las carnes argentinas. Tampoco había respuestas favorables de parte de las autoridades gubernamentales que permanecían indiferentes ante la delicada situación. Todas las puertas se cerraban, ya no había más créditos, lo que producía la cesación de pagos a los distintos proveedores, atraso en los sueldos y jornales del personal.
La última década de trabajo fue sumamente crítica y el frigorífico solo faenaba para consumo. A partir de 1986 no funcionó más y si bien fue arrendado a la empresa rusa «VIKTOR», la reactivación no se dio.

En 2005, por iniciativa del entonces vicegobernador de Entre Ríos y vecino de Gualeguaychú, Guillermo Guastavino, la Provincia compró el predio del ex Frigorífico que estaba por ser rematado y, años más tarde, mediante un proyecto de ley presentado por Juan José Bahillo, también gualeguaychuense, el Estado provincial le cedió al Municipio las 22 hectáreas del predio donde se encuentra el edificio.

A más de 30 años de su cierre todavía es posible encontrar entre los sucios pasillos cajas sin armar, etiquetas intactas y latas que no llegaron a usarse.

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UNA OBRA DE PIONEROS


La Sociedad de Abastecimiento Urbano Saladeril y Frigorífica de Gualeguaychú tuvo su origen en una convocatoria que hizo la sociedad Rural de Gualeguaychú el 29 de junio de 1923 con el objetivo de analizar la grave crisis ganadera y buscar soluciones. Dos años más tarde, el nombre de esa sociedad cambió al de Frigorífico Gualeguaychú S.A, dando origen a una obra de pioneros, de productores argentinos con capitales argentinos, que cambió la vida de toda una ciudad.

Hoy se lo puede ver, enorme y paralizado en la costa del río Gualeguaychú, donde finaliza la costanera sur. Lo rodea el barrio Pueblo Nuevo, que nació y creció a la par de la fábrica y donde todavía reside la mayoría de quienes fueron sus obreros.

UN GUÍA MUY ESPECIAL


En los últimos años, la Municipalidad empezó a utilizar parte del predio del ex frigorífico. Allí funcionan algunas cooperativas, se guardan las motocicletas y automóviles que son retenidos durante los controles por la Dirección de Tránsito, y en uno de los playones se toman los exámenes de manejo para otorgar la Licencia nacional de conducir.

Casualmente, allí trabaja Ricardo Denis, quien además fue uno de los últimos empleados de la fábrica. Recorrerla junto a él implica no solo un ejercicio de imaginación para ver pulcritud donde hay ruina, sino acompañarlo en la congoja.

El primer sitio adonde nos lleva es el área de menudencias, donde se procesaban las lenguas, los riñones, el mondongo… En medio de la oscuridad y valiéndose de una linterna, Ricardo señala unos caños que nacen en el piso superior y terminan a poco más de medio metro del suelo, donde antes había una mesa y una señora trabajando. “Ella lavaba lo que de allí caía y lo colocaba en un carro”, explica. Por un caño más grande caían las cabezas, que también se lavaban, se le sacaban las quijadas y, para sacar los sesos, se las colocaba en una máquina con una cuchilla que las partía. En ese sentido, Denis destaca:

“El frigorífico no tiraba nada, se usaban las pesuñas, las cerdas, los cueros, las grasas, e incluso la sangre, que servía de fertilizante”.



Allí dentro no es difícil perderse, pero Ricardo pareciera estar caminando en el pasado. Admite que recorrerlo le genera nostalgia… “nostalgia de haberlo visto trabajar y porque fue muy importante en mi vida, porque fue mi primer trabajo y porque fui tercera generación: primero trabajó mi abuelo y luego mi padre. Los dos se jubilaron acá, yo quedé truncado”.
Ya en otra dependencia, mucho más grande y luminosa que la de menudencias y detenidos justo donde era su puesto de trabajo, cuenta que su tarea era hacer “la despanzada”, y detalla:

“Tenía que tener cierta velocidad y dar los tajos justos al ritmo que te lo imponía la noria. Tenía 30 segundos para voltear el mondongo y si lo hacía en 40 venía el capataz y me preguntaba qué estaba pasando, porque uno que demoraba, demoraba toda la producción”.

Ricardo siente orgullo por el frigorífico donde trabajó, asegura que fue un frigorífico modelo que nunca bajó su calidad y que todo lo que allí se producía era aprobado por el mercado europeo: “Controlaban hasta el agua con la que se lavaban los animales”.

Antes de retirarnos le preguntamos si se acuerda de la técnica que usaba para despanzar y si hoy sería capaz de hacerlo si le dieran las herramientas, a lo que visiblemente emocionado respondió: “No tendría la velocidad que tenía a mis 28 años, pero lo sabría hacer”.

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LAS OBRERAS

“El trabajo de la mujer en la vida industrial era una característica de la sociedad moderna y su bienestar no quedaba cubierto con salarios ni jornadas mínimas sino que requería una serie de cuidados que la empresa siempre les prodigó. La acción social femenina se ocupa desde la maternidad con atenciones y tratamientos médicos para la mujer embarazada; la dietista que programaba las alimentaciones correspondientes desarrollando una atención personalizada en cada caso y circunstancia; contando con una cocina magníficamente instalada donde se impartían las enseñanzas del arte culinario. En los momentos de descanso el personal femenino se entregaba a diversos esparcimientos y se creaba un clima de franca camaradería.

La acción social femenina estaba ubicada en el pabellón más moderno del establecimiento constituyendo un departamento independizado que incluía, además de la cocina, vestuarios, baños, facilidades sanitarias, comedor, salas de descanso y de lectura, un aula, un lavadero con comodidades para planchar y secar y la oficina de la directora del departamento. Era un ambiente decorado con sobriedad y buen gusto iluminado a través de grandes ventanales. Contaba con una biblioteca dotada de excelentes libros y numerosas revistas; juegos sencillos para los ratos de esparcimiento, una discoteca que además de permitir escuchar música cumplía con una función educativa”, detalla la profesora Nélida Veronesi en el informe antes mencionado.

Prudencia Timotea, alias Estela, quien fue primero trabajadora del departamento de Menudencias y más tarde de Acción Social Femenina, lo recuerda muy bien:


“Había maestras, se enseñaba cocina, los chicos que iban a la escuela de tarde venían a hacer la tarea de mañana y se les daba el desayuno, y los que iban a la escuela de mañana iban a la tarde y merendaban. La cocina era hermosa y tenía todas las comodidades, todo, los cubiertos, pocillos, los manteles…”



Sentada en el pequeño living de su casa del barrio de Pueblo Nuevo, Prudencia mira hacia el pasado y cuenta que los salones del área de Acción Social Femenina “tenían espejos, muchos y grandes, y yo tenía que limpiarlos, por eso, cuando volvía a mi casa le decía a las visitas que las autorizaba a criticarme por la suciedad de mis espejos porque era lo que menos quería hacer”, y se ríe.

Ella entró a trabajar en el Frigorífico Gualeguaychú a sus 17 años, a la sección de Menudencias. Allí tenía que recibir (por los caños que nos mostró Ricardo) los páncreas de los animales: “Tenía que limpiarlo bien limpito, eso iba al extranjero para hacer remedios. También estaban las entrañas, riñones y la cabeza donde trabajaban los hombres”.

Respecto de la ropa que usaban, Prudencia cuenta que tenían un guardapolvo blanco o delantal, que los primeros años el calzado que usaban era propio “pero el peronismo hizo valer las leyes y empezamos a usar botas blancas. La que quería se ponía pantalón y chaqueta, y a la que no le gustaba se quedaba con el guardapolvo y las botas”.

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DEPORTES

En la misma fábrica, tanto los trabajadores como las trabajadoras, realizaban diferentes tipos de actividades deportivas y recreativas como teatro, esgrima de bastón, gimnasia rítmica, fútbol, bochas y básquet. “A las 6 de la tarde había que hacer gimnasia”, recuerda Prudencia Timotea, y agrega que a ella le encantaba, al igual que las fiestas donde bailaba el pericón.

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EL AMOR… PUERTAS AFUERA


Prudencia conoció a quien años más tarde se convertiría en su marido, en el frigorífico: “Ni bien entré lo elegí”, pero tanto puertas adentro como en inmediaciones al ingreso a la fábrica, no podían estar juntos.

“Cuando me quería decir algo me mandaba esquelitas con alguna de las chicas. Pero ni dos cuadras a la redonda podías ir con tu novio, eso era ley. A la hora del té estábamos totalmente lejos, las mujeres por un lado y los hombres por otro”.

Trabajadoras a la hora del té

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LOS OSOS POLARES


El departamento de cámara fría era un departamento especial, quienes trabajaban allí –todos hombres- pasaban horas a 26, 28 y hasta 30 grados bajo cero. Así lo afirma Ubaldo Pereyra, también vecino de Pueblo Nuevo, también un enamorado de aquel frigorífico que tanto orgullo despertó.

“Una vez que entrábamos, las puertas se cerraban y adentro era un mundo aparte, porque estábamos a 26, 28, 30 grados bajo cero, veías estrellitas que caían. Usábamos tres pares de media y bolsas de arpillera. Nos daban todo ahí salvo los pantalones (que también usábamos más de uno), pero lo más llamativo era que estabas trabajando y de repente sentías un fastidio y era el pelo duro, congelado ¡y los que tenían bigotes le quedaban blancos! Aleteábamos como las gallinas para sacarnos el frío”.



Ubaldo, gran memorioso y excelente narrador, cuenta que entrar a trabajar en el Frigorífico era asegurarse el porvenir. Será por eso quizás que recuerda la fecha en la que se convirtió en empleado de ese lugar: 23 de diciembre de 1963. Ingresó al departamento de cámara fría y ese fue su puesto durante 30 años… hasta que la fábrica cerró.

Ese sector era un departamento con tres sesiones, la de cámara de matanza, por donde ingresaban las medias reces de la playa y se separaban por categoría (vaca, novillo y grupo de carne) en distintos rieles. La otra sesión era “camaritas”, sitio donde se trabajaba con la menudencia congelada, allí se embolsaban y preparaban para la exportación. Ubaldo estaba en la planta baja:

“Cuando la carne de cámara de matanza estaba en condiciones de ser congelaba, se bajaba y se embolsaba; se congelaba, pero antes se separaba el cuarto delantero del trasero. La estibábamos y disponíamos según su destino: España, Francia o Italia. Cuando llegaba el momento de embarque se levantaba esa carne, se enganchaba en la rondaba y salía”.

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UNA ESPECIE DE FAMILIA


Claudio Nolasco Mundel entró a trabajar al taller de carpintería del Frigorífico a los 14 y allí se jubiló, luego 47 años:

“Entré siendo gurí y terminé siendo jefe de taller. Nuestra tarea era de mantenimiento, recorríamos las puertas, los corrales y las oficinas. Todos los días entraba a las 5 de la mañana y salía a las 6 de la tarde”.


Tras toda una vida vinculada a la fábrica modelo que llegó a faenar 1900 animales por día y que marcó un hito en el desarrollo de Gualeguaychú, Don Mundel, sentado en la cocina de su casa de Pueblo Nuevo al lado de su señora, recuerda el compañerismo que había, “jugábamos futbol, básquet, y los sábados se hacían reuniones con médicos que nos aconsejaban. Era una especie de familia ahí dentro”, pero por sobre todo destaca que “la mayoría entramos con primer grado y ahí nos pagaban maestros para que termináramos la escuela”.

Esgrima de bastón


Claudio, Prudencia, Ubaldo y Ricardo comparten el sentido de pertenencia al Frigorífico, los cuatro relataron su experiencia con orgullo y hasta por momentos con asombro, como si no hubieran sido ellos los protagonistas. Escucharlos resulta revelador.

Prudencia Timotea en el living de su casa
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UN INCENDIO POR OTROS MEDIOS

¿Basta con ser comedido, diligente y algo entendido en política para ocupar un cargo público? ¿Y especialmente para integrar una lista de legisladores? Podría discutirse. Pero por encima de todo, si no se reúne un alto nivel de moralidad y honradez, antes que el sufragante lo amoneste en el cuarto oscuro, debería ser vetado por la propia corporación partidaria. Y para ello es menester generar una legislación basada en premios y castigos. Porque guarecerse en una lista sábana sin poder exhibirse como modelo de honestidad intelectual, amén de portar uñas cortas es una grave ofensa a la democracia y a la ciudadanía en su conjunto. Es este un fenómeno que integra la galería de las malas costumbres argentinas. Más grave aún es si quienes delinquen a troche y moche apoltronados en un despacho, metiendo mano donde no se debe para asegurarse un buen futuro, aún estando hoy alojados en un penal, son habilitados para ser candidatos al cargo que deseen. En vez de sancionar al corrupto se lo premia para que vuelva a sus andanzas. Al zorro le vuelven a liberar la entrada al gallinero.

Luis María Serroels
Especial para INFONER

El 28 de octubre de 1983 el justicialismo reunió junto al Obelisco porteño a una verdadera multitud de adeptos para proclamar la fórmula presidencial Italo Luder-Deolindo Bittel. Faltaban un par de días para los comicios generales que le abrirían las puertas a la recuperada democracia cercenada por la más sanguinaria dictadura cívico-militar de que se tenga memoria. Al culminar el acto, el sindicalista Herminio Iglesias, candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, después de culminar un insultante discurso dirigido a Raúl Alfonsín, no tuvo peor idea que prenderle fuego a un pequeño ataúd con los colores de su partido y el nombre de quien luego se convertiría primer mandatario. No son pocos los que sostienen que esta barbarie contribuyó a dar vuelta las encuestas que daban ganador al partido de Juan Perón. Además, la intervención de un sindicalismo muy rechazado por las bases fue una pesada carga. El 10 de diciembre de 1983 el líder radical se colocaba la banda y recibía el bastón presidencial. El despropósito de Iglesias resultó electoralmente letal para el justicialismo.

Los últimos años en nuestro país se han dado situaciones escandalosas sobre enriquecimiento desmedido de cierta corporación política arribada al poder con gran apetito y total desmesura y glotonería por el patrón dinero, que terminó saqueando al Estado.

Ello ha contado con la colaboración, por repudiable lentitud, de ciertos estamentos judiciales débiles ante las chicanas de los defensores, que especulan con que los .vaivenes de las instituciones entronicen cómplices empeñados en cambiar leyes que les permitan sortear el merecido encierro.

La sociedad argentina mayoritariamente rechaza la pereza judicial y repudia la impudicia de ciertos magistrados fácilmente permeables a retribuciones que estimulen y alimenten su afán de riqueza. Conocido es que un alto magistrado que cometió una grave falta sobreseyendo en tiempo récord y sin investigar a un matrimonio presidencial y mandando al archivo la causa, una vez obtenida su jubilación admitió su reprobable actitud atribuyéndola puerilmente a amenazas de muerte (que debió denunciar y no lo hizo). Ello ameritaba una excusación inmediata permitiendo que los mecanismos judiciales obren en consecuencia, dando lugar a otro juez.

Cuando hablamos de los atributos que se deben ostentar a la hora de ser examinado por la ciudadanía, estamos demandando una mayor elevación integral de los candidatos.

Pero cabe preguntarse: ¿es tolerable que un escaño se convierta en tabla de salvación para los delincuentes? ¿Es lícito que la banca sea el refugio de los corruptos mediante el auxilio de los fueros?

En las democracias impolutas la mera sospecha bastaría para excluír a quien no reúna las condiciones de la debida decencia, sin necesidad de que haya o no sido condenado por los jueces, porque la más minima sospecha tiene suficiente entidad para evitar el ludrivio público. El derecho de admisión no debería tener excepción alguna. En una sociedad que se precie de cultivar los mejores valores de la convivencia ciudadana, los eventuales candidatos a integrar listas electorales deben mostrar una total vocación por el bien y rechazo por el mal. En Argentina los cuerpos legislativos suelen adoptar la condición de virtuales aguantaderos.

Quienes –si prosperase una ley en ciernes- sabrán que no podrán salvarse detrás de la condición de legislador y la moral ocuparía un sitio predominante. No honra tanto la banca a quien posa sus sentaderas sobre ella, sino que mayor debe ser el respeto por ella del legislador jerarquizándola.

Días pasados se reactualizó el tema vinculado con la prohibición de ocupar listas electorales a quienes estén condenados por corrupción (en noviembre de 2017 se frustró en la cámara baja un intento en este sentido, porque legisladores que tenían cola de paja boicotearon dicha iniciativa). Eran tiempos en que un ex presidente de la nación condenado por gravísimos delitos, prorrogaba su mandato como senador porque su sentencia no se hallaba firme y aún hoy se aguarda semejante decisión. En ese entonces el período ordinario de sesiones llegaba a su fin y con ello todos los dictámenes volvían a cero.

Una obra propia de un acendrado corporativismo. No es ocioso recordar que el 15 de mayo de 2018 se había insistido con una iniciativa similar que jamás llegó al recinto. Ahora nos encontramos con que habrá un nuevo intento por debatir una cuestión tan sensible, tendiente a que el venidero 6 de agosto durante el plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales (faltando pocos días para las PASO presidenciales y legislativas nacionales) se reabra la discusión. Se vincula con la ley “Ficha Limpia” que rige en Brasil, que fuera aprobada en mayo de 2010 y que el año pasado le impidió al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva postularse para la presidencia por su condición de condenado por corrupción.

Hoy en Argentina, el diputado suspendido y preso (con otras causas pendientes) Julio De Vido, se postula para una nueva banca. Hablamos de quienes robaron en la función pública, el Estado, cancelaron el costo de obras con sobreprecio nunca terminadas y ni el mejor maquillaje les da un rostro de honestos. Todo esto no es otra cosa que una sonora bofetada en el rostro de la ciudadanía sana de la república.

No valen argumentos vinculados con el nivel intelectual ni el grado de formación política. Se trata, ni más ni menos, que de una cuestión de moral, tan escasa en cierta clase política.

En estos días de avalancha propagandística que no ofrece nada nuevo y abunda en promesas, es bueno recordar la frase del senador romano Cantón el Viejo (siglo II): “Res non verba” (“Hechos no palabras”). Imposible no advertír que ciertas frases proselitistas prometen revisar el Pacto del Mercosur y ordenar el país. El presidente brasileño no demoró en revelar su molestia, frente a una alianza muy sensible fruto de la decisión de ambos países junto a Uruguay y Paraguay y que precisamente hoy fortalece su vigencia tras el acuerdo con la Unión Europea. El fantasma del maridaje con la dictadura venezolana ronda y preocupa. Prometer hacer ahora lo que no se hizo en 12 años de desbarajuste, es una inocentada y difamar a altos funcionarios que heredaron tan pobre gestión, una estrategia trillada. A las obras públicas no se las promete como cantilena aburrida sino que se las exhibe cuando están finalizadas. Ahí radica la palmara diferencia. Y cuando las promesas y críticas surgen de la boca de quienes han quedado sellados en documentos imborrables, el olfato ciudadano se sensibiliza más.

Los spots de alguien que deja aviesamente de lado su pasado de ofensas y deslealtades contra una presidenta que lo rescató de la neblina política para que exhiba una nueva estética facial, provocan asombro.

Las ironías suelen ser muy crueles. Las duras y agraviantes acusaciones que Alberto Fernández le dedicó a Cristina Fernández cuando se alejó del FPV, hoy se convierten en un bumeran porque obran como material para enriquecer los spots anti kirchneristas.

Napoleón Hill escribió que “La deslealtad lo marca a uno como siendo menos que el polvo de la tierra y trae además el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las mayores causas del fracaso de cada camino de la vida”. Y las marcas que deja jamás se borran del todo.

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Los que velan nuestra desidia

Seamos sinceros, a muchos nos cuesta el trabajo de separar los residuos. El tener tres bolsas, orgánicos/húmedos, inorgánicos/secos y patogénicos domiciliarios, el mirar el día que es para sacar una u otra, no son pocas las veces que estas situaciones, nos causan molestias.

Por Eugenio Jacquemain para La Revista


Gualeguaychú es conocida mundialmente por el cuidado del ambiente. La organización popular para enfrentar la instauración de pasteras, la ordenanza sobre el uso y acopio de glifosato, la obra fundamental de las lagunas sanitarias (hoy nuevamente puestas en valor luego de haberlas descuidado), la recuperación y mantenimiento de espacios públicos y como corolario, la recolección diferenciada de residuos, han marcado y acentuado en los últimos tiempos, la ciudad en la que nos gusta vivir.


Sin embargo, y pese al esfuerzo de la mayoría, hay un sector de nuestra población, que no hace lo necesario para adaptarse a una ciudad de todos. Pese a la voluntad y energía de los trabajadores municipales, que día a día recorren la ciudad, constantemente nos encontramos con papeles, botellas, bolsas y hasta objetos de gran porte abandonados en las veredas, calles, con micro o macro basurales en distintos lugares.

Los últimos años se han profundizado las políticas públicas del cuidado del medio ambiente, pero hay sectores que, por comodidad o desidia, se resisten a implementar muchas de ellas.


Cesar Massart tiene a su cargo el equipo integrado por Claudia, Carlos, Elina, Patricia, Pablo, Rubén, Esteban, Raúl y Walter, que son quienes diariamente se ocupan de enmendar lo que algunos usan como solución a sus problemas, ellos son los que se encargan de la lucha continua contra los micro basurales, el lado oscuro de una ciudad que quiere vivir mejor.


“Limpiamos todos los días distintos puntos de la ciudad, ya sean micro o macro basurales. Tengo nueve chicos a cargo, trabajan de seis de la mañana hasta las trece horas. Recolectamos aproximadamente 200 bolsas por día en diferentes lugares de la ciudad, salvo el lunes, que vamos todos a la chanchería, el predio ubicado en Misiones y Bvard Montana, ese macro basural es el más complicado, ahí agregamos ese día unas sesenta bolsas más”.

Massart


César asegura ver vecinos en carros arrojando desperdicios en la calle, pero también desde automóviles nuevos tirando bolsas en distintos lugares, abandonando sus desechos cerca de la casa de otro.


Los lugares más complicados

“Donde siempre volvemos es, como les decía principalmente a “La Chanchería”, Bvard. De María y Margalot, o Perigan también, calle de Tropas o Arroyo Gaitán principalmente”, señala César Massart, y agrega: “Esto es netamente un problema cultural, en un momento logramos sanear todo, pero desde la separación de residuos, hay gente que no acompaña, mezcla todo, y claro, cuando el recolector no lo lleva, busca subirlo al auto y tirarlo donde nadie lo vea o crea que eso no sucede, sin pensar que a pasitos de ese lugar, vive otro vecino que si se preocupa por su basura”.

Su cara denota más que bronca, dolor por lo que sucede: “Los chicos limpian alrededor de tres micro basurales por día y sin embargo reaparecen en esos u otros lugares, el trabajo de ellos es de hormiga, silencioso pero importantísimo para la salud de nuestra ciudad. Insisto que es un problema cultural no social, porque es transversal, hay gente que no se hace cargo de los residuos que genera, delega en el resto de la sociedad su problema, debe ser responsable de ese residuo y depositarlo donde corresponde, con eso no solo está haciendo las cosas bien en la actualidad, sino a futuro, con sus hijos, nietos, incluso deja una enseñanza en ellos de convivencia para una ciudad más limpia, más sana”.


Acordamos con él, que en nuestra ciudad hay gente que no tiene una cultura en el cuidado del medio ambiente, que no importa a que clase social pertenezca, que no se hace cargo del problema que genera en el resto de la ciudad, el arrojar su basura en cualquier lado, que condena a otros vecinos a hacerse cargo de ella, que contamina, no solo visual sino biológicamente nuestra ciudad. Cada vez que llueve, el agua arrastra.


“Esos otros vecinos, los que reciben la basura injustamente, pese a cumplir las ordenanzas y hacer las cosas bien, deben sufrir la desidia de otros”.


No solo son políticas de gobierno, no solo es el Estado Municipal el responsable de llevar adelante políticas de saneamiento ambiental, antes hay otros responsables, y somos cada uno de nosotros. La separación primaria de los residuos domiciliarios es nuestra responsabilidad, no alcanza con un Estado que apueste fuertemente al medio ambiente si, cada uno de nosotros, no actuamos como corresponde. Ese líquido oscuro que a veces se cuela por algún agujero invisible de la bolsa de basura y tan mal huele se llama lixiviado. ¿Cuántas veces hemos corrido a limpiar el piso de la cocina cuando se ha filtrado un poco del tacho donde teníamos la bolsa? ¿Por qué tiramos una bolsa a metros de nuestros vecinos y no nos importa? Imaginemos cada micro basural desprendiendo ese elemento y penetrando en la tierra, incluso con el riesgo que las napas estén altas. Su composición es altamente contaminante y tóxica. Transmite a la tierra cientos de compuestos tóxicos, que cuando llueve, pasan su medio de proliferan, como cucarachas, roedores, mosquitos contribuyendo a desmejorar la calidad de vida de nuestros vecinos.
Por el bien de nuestra salud y la de las futuras generaciones, con la idea de que verdaderamente sea una ciudad de todos donde convivamos con respeto, escuchemos a César y a quienes, día a día, silenciosamente, se hacen cargo de nuestros errores, todavía estamos a tiempo.

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Estudiantes de Gualeguaychú demostraron que se puede hacer papel sin talar un solo árbol

Están cursando el quinto año del Instituto José María Ruperto Gelós. En 2018, junto a la profe de Física y Química comenzaron a trabajar en un proyecto de investigación con finalidad ecológica que acaba de dar su primer gran fruto: demostraron que se puede hacer papel usando la celulosa que se obtiene del pasto.

Por Sabina Melchiori

Para que quede claro y no genere dudas: jóvenes que tienen entre 17 y 18 años y viven en Gualeguaychú, lograron, junto a su profesora de Física y Química, hacer papel de una manera nunca vista hasta el momento.

“Papel a partir de Stenotaphrum secundatum (gramillón)”, ese es el título del resumen que elaboraron para exponer su trabajo científico.

En ese texto, los chicos cuentan que la investigación presenta una finalidad ecológica, ya que plantea la posibilidad de emplear una fuente de celulosa distinta a la madera y, por lo tanto, reducir la deforestación. “Para fabricar una tonelada de papel se talan alrededor de 14 árboles. Además se estima que un eucalipto consume por día unos 20 litros de agua, es decir, que si cada hectárea contiene en promedio unos 1000 árboles, ello implica un consumo diario de 20.000 litros, que traducidos a metros cúbicos, significa 20m3 por hectárea y por día”.

Explican que el stenotaphrum secundatum ─más conocido como gramillón─ es un césped muy común en climas cálidos, que se caracteriza por su rápido crecimiento y por ser tolerante a la falta de agua. Además, puede resistir variaciones de temperatura que no se encuentren por debajo de los 10 grados centígrados.

Del pasto al papel

En el transcurso de un año y medio, estos alumnos estuvieron estudiando y perfeccionado el proceso de obtención de la pasta de celulosa a partir del pasto. En el texto que redactaron para explicarlo, detallan que de acuerdo a los datos experimentales obtenidos, una superficie de 0,25 x 0,50 metros sembrada con gramillón, necesita menos de 2,5 litros de agua en 15 días. Además, una vez cortado, el pasto demora 15 días en volver a recobrar la altura para ser nuevamente utilizado.

El proceso consiste en la molienda del césped junto con óxido de calcio. De esta manera, la lignina se va solubilizando con el propio contenido de humedad. Luego se enjuaga con agua y se procede a realizar una cocción con hidróxido de sodio para obtener la celulosa y quitar los restos de lignina. La pasta resultante se blanquea y se prensa a alta temperatura, teniendo en cuenta una reducción de agua del 95% por evaporación.

Extracción de lignina

“La obtención de materia prima para la fabricación de este papel es muy ecológica, si se tiene en cuenta la cantidad de espacios que cuentan con este tipo de césped, plazas, parques, costados de la carretera, etc. Además, el tiempo de crecimiento y el consumo de agua dulce es mucho menor que el de los árboles destinados a la fabricación de papel. Por último, se debe considerar que estamos en un período de transición hacia alternativas más ecológicas y ningún método por sí sólo es la solución, sino que se debe hacer una combinación de técnicas que ayuden a reducir el impacto sobre el medioambiente”, consideran.

La Profe

María Florencia Aguiar nació en Gualeguaychú, tiene 33 años, es Licenciada en Bromatología, profesora superior de Física y Química, y especialista en Educación. En enero publicó un libro titulado «De la mente al Laboratorio», sobre investigaciones químicas relacionadas al medio ambiente.

Ella, junto a sus alumnos de quinto año del Instituto José María Ruperto Gelós, conocido en la ciudad como el colegio del Club de Pescadores, comenzó a trabajar en un proyecto de investigación que tenía como objetivo reducir la tala de árboles: “Sabemos que los árboles son quienes absorben el dióxido de carbono, uno de los principales responsables del calentamiento global. Entonces, a través del estudio de los tejidos vegetales y formulas químicas pensamos alternativas y se nos ocurrió sacar la celulosa del pasto”.

En diálogo con INFONER, Florencia contó: “Estuvimos trabajando con una variedad conocida como gramillón, muy común en climas cálidos, que tiene la ventaja de consumir muy poca cantidad de agua. Hicimos una serie de experimentos y logramos obtener un 40 por ciento de celulosa, fue la variedad que mejor resultado nos dio”.

Conversión de pasto en papel

Pero este grupo no se detiene: “Estamos desarrollando el proceso para obtener celulosa de cualquier variedad, porque lo importante es el proceso. Se obtiene la misma cantidad de celulosa que se obtiene de un árbol con la diferencia de que un árbol tarda siete años en tomar la altura necesaria para ser talado, mientras que el pasto, en 15 días se repone y vuelve a tener la misma altura. De esta manera nos ahorramos la tala y también el agua, porque un eucalipto consume 20 litros de agua por día”, explica Florencia Aguiar, quien informó que están realizando los trámites para patentar este método “porque no se ha desarrollado en otro lado”.

Finalmente, agradeció a la institución “porque siempre nos han brindado el espacio para esta clase de proyectos y nos han apoyado; también estoy orgullosa de mis alumnos que han tenido toda la paciencia para hacer los experimentos. Me siento muy contenta”.

Un logro científico

“Logramos hacer pasta de celulosa pura y logramos obtener papel”, expresa de modo contundente la profesora, quien además de sentir una enorme alegría, tiene una gran satisfacción: “Quedamos muy contentos porque si lo hiciéramos a nivel industrial no tendría diferencia con el papel que conocemos. Esta pasta puede derivarse para hacer papel, que es una de las industrias que más árboles tala, pero también se podría aplicar a otros procesos industriales”.

Por su parte, uno de los alumnos de la clase, Lucas Leonel Correa contó: “Era bastante nuevo para nosotros y fue interesante y hasta divertido. Nos generaba intriga y a la vez felicidad por si llegaba a funcionar. Hoy estamos felices de que haya salido bien, vamos a hacer pruebas para ver si se puede escribir en este papel”.

Estudiantes investigando

 “Puse el foco en los clubes de ciencia porque es la mejor manera de que estos estudiantes estén juntos. Es la mejor forma de apoyarlos. La ciencia los motiva, los hace ser en definitiva mejores personas. Yo integro mucho la tecnología en las clases, y ves cómo ellos se van motivando y van trabajando en diferentes áreas científicas. Con esto ellos trabajan en grupos, forman equipos de trabajo, se hacen más creativos, tienen mostrar sus ideas, hacer presentaciones. La ciencia es central para mejorar los aprendizajes y a la sociedad»

Peter Tabachi, profesor keniata ganador del Global Teacher Prize.

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No calumniemos al VAR

Cuando una determinada tecnología, por más asombrosa y revolucionaria que fuere, es manipulada indebidamente con intenciones aviesas, no sólo pierde su genuina función sino que se la expone injustamente a la crítica más dura. Si el sistema denominado VAR (sigla de Video Assistant Referee en inglés) es tramposamente aplicado, la falla no es del aparto sino del afán fraudulento que suele anidar en los seres humanos. Si un desfribilador externo automático, instrumento portátil aliado de la medicina cardiovascular, no se utiliza en el momento preciso y oportuno, la falla no es de la bíoingeniería sino del profesional actuante. Durante la reciente disputa de la Copa América en Brasil, lo que se presumía como valioso auxiliar de los árbitros al momento de confirmar una falta, derivó en un escándalo que echó sombras sobre el fair play (juego limpio) generando desconfianza y sembrando dudas sobre un sistema que no debería exhibir fisuras de ninguna índole.

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Martín Davico, la experiencia de vivir viajando

Soltero, gualeguaychuense, de 41 años, y odontólogo. Cuando terminó de estudiar sintió ganas de probar suerte en otro país, unos catalanes que conoció en el Carnaval de Gualeguaychú le dijeron “Vente para Barcelona, tío”, y se fue. Desde entonces, recorre el mundo. Esta semana hizo una pausa en su recorrida por Kuala Lumpur, capital de Malasia, y dialogó con INFONER.

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JE SUIS MIMÍ. «Un fragmento abismalmente doloroso de nuestra historia más oscura como país»

Je suis Mimí es una ficción sutilmente urdida por medio de retazos de otros relatos que la autora conoció a través de entrevistas, recuerdos familiares, documentos de época, cartas y recortes de diarios celosa y minuciosamente guardados durante años por Mimí. Un gran trabajo de Sabina Melchiori, de mucho valor, porque ha tenido que poner el cuerpo, el corazón, el territorio de las emociones.

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CRISTINA EN EL PAÍS DE LOS DESPROPÓSITOS

El 7 de setiembre de 2014, en el diario Perfil se publicó una nota firmada por Natalia Aguiar y Mariano Confalonieri, donde se enumeraban 745 denuncias ante la Justicia Federal de Comodoro Py, que involucraban a Cristina Fernández y una lista de ministros y otros altos funcionarios en actos de corrupción. En el desglose, a la presidenta se le adjudicaba más de un tercio de las imputaciones (298). Por estos días y con varios soldados K, el candidato presidencial Alberto Fernández salió a negar los cargos contra su supuestamente agraviada jefa política, buscando justificar su colosal patrimonio con argumentos que ni siquiera sus defensores se atreverían a utilizar. A casi cinco años de aquel informe, los avances de la justicia son tan pausados y calmosos, que apenas un puñado de involucrados cumple condena mientras su jefa sale del país y regresa sin problema, falta a las audiencias y encima -ya como candidata- persigue convertirse en titular del Senado nacional.

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