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FRIGORÍFICO GUALEGUAYCHÚ. Relatos reveladores de sus años de esplendor

Generalmente, los artículos sobre la historia del Frigorífico Gualeguaychú comienzan con los detalles de su creación, destacándose que no se trató de un frigorífico inglés sino que nació de capitales argentinos, y concluyen con su cierre y la tristeza que eso provocó en la ciudad. Incluso, hasta hace no muchos años, también se solía destinar un párrafo a la esperanza de su reactivación. En esta oportunidad, con el recuerdo fresco de haberlo recorrido casi en su totalidad y de haber conversado con cuatro personas que trabajaron allí, en diferentes áreas y décadas, en INFONER optamos por comenzar por el ocaso y en el desarrollo hacer foco, a través de estos valiosos testimonios, en aquellos años de esplendor.

Por Sabina Melchiori



Según consta en “Introducción a la Historia del Frigorífico Gualeguaychú”, un trabajo de investigación de la profesora Nélida Veronesi, publicado en “Gualepedia” (sí, Gualeguaychú cuenta con una enciclopedia virtual), los países europeos, finalizado el periodo de posguerra, desarrollaron una política de autoabastecimiento con la creación de uniones comerciales, en las que se fomentaba fundamentalmente la producción de ganado, lo cual retrajo la demanda de nuestras carnes. Además, la gran inundación del año 1959 afectó la planta provocando su paralización y pérdidas millonarias. Se inundaron los sótanos de las cámaras frías y camaritas con una gran cantidad de productos que no pudieron ser sacados a tiempo. En aquel tiempo también se vio obstaculizada la producción por la huelga que durante un mes efectuaron los obreros de la carne.

En la década del 70 la situación continuó empeorando por falta de mercados, falta de actualización de la política exportadora y por desinteligencias de gremialistas y empresarios. El imperio económico mundial ya no daba espacios a las carnes argentinas. Tampoco había respuestas favorables de parte de las autoridades gubernamentales que permanecían indiferentes ante la delicada situación. Todas las puertas se cerraban, ya no había más créditos, lo que producía la cesación de pagos a los distintos proveedores, atraso en los sueldos y jornales del personal.
La última década de trabajo fue sumamente crítica y el frigorífico solo faenaba para consumo. A partir de 1986 no funcionó más y si bien fue arrendado a la empresa rusa «VIKTOR», la reactivación no se dio.

En 2005, por iniciativa del entonces vicegobernador de Entre Ríos y vecino de Gualeguaychú, Guillermo Guastavino, la Provincia compró el predio del ex Frigorífico que estaba por ser rematado y, años más tarde, mediante un proyecto de ley presentado por Juan José Bahillo, también gualeguaychuense, el Estado provincial le cedió al Municipio las 22 hectáreas del predio donde se encuentra el edificio.

A más de 30 años de su cierre todavía es posible encontrar entre los sucios pasillos cajas sin armar, etiquetas intactas y latas que no llegaron a usarse.

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UNA OBRA DE PIONEROS


La Sociedad de Abastecimiento Urbano Saladeril y Frigorífica de Gualeguaychú tuvo su origen en una convocatoria que hizo la sociedad Rural de Gualeguaychú el 29 de junio de 1923 con el objetivo de analizar la grave crisis ganadera y buscar soluciones. Dos años más tarde, el nombre de esa sociedad cambió al de Frigorífico Gualeguaychú S.A, dando origen a una obra de pioneros, de productores argentinos con capitales argentinos, que cambió la vida de toda una ciudad.

Hoy se lo puede ver, enorme y paralizado en la costa del río Gualeguaychú, donde finaliza la costanera sur. Lo rodea el barrio Pueblo Nuevo, que nació y creció a la par de la fábrica y donde todavía reside la mayoría de quienes fueron sus obreros.

UN GUÍA MUY ESPECIAL


En los últimos años, la Municipalidad empezó a utilizar parte del predio del ex frigorífico. Allí funcionan algunas cooperativas, se guardan las motocicletas y automóviles que son retenidos durante los controles por la Dirección de Tránsito, y en uno de los playones se toman los exámenes de manejo para otorgar la Licencia nacional de conducir.

Casualmente, allí trabaja Ricardo Denis, quien además fue uno de los últimos empleados de la fábrica. Recorrerla junto a él implica no solo un ejercicio de imaginación para ver pulcritud donde hay ruina, sino acompañarlo en la congoja.

El primer sitio adonde nos lleva es el área de menudencias, donde se procesaban las lenguas, los riñones, el mondongo… En medio de la oscuridad y valiéndose de una linterna, Ricardo señala unos caños que nacen en el piso superior y terminan a poco más de medio metro del suelo, donde antes había una mesa y una señora trabajando. “Ella lavaba lo que de allí caía y lo colocaba en un carro”, explica. Por un caño más grande caían las cabezas, que también se lavaban, se le sacaban las quijadas y, para sacar los sesos, se las colocaba en una máquina con una cuchilla que las partía. En ese sentido, Denis destaca:

“El frigorífico no tiraba nada, se usaban las pesuñas, las cerdas, los cueros, las grasas, e incluso la sangre, que servía de fertilizante”.



Allí dentro no es difícil perderse, pero Ricardo pareciera estar caminando en el pasado. Admite que recorrerlo le genera nostalgia… “nostalgia de haberlo visto trabajar y porque fue muy importante en mi vida, porque fue mi primer trabajo y porque fui tercera generación: primero trabajó mi abuelo y luego mi padre. Los dos se jubilaron acá, yo quedé truncado”.
Ya en otra dependencia, mucho más grande y luminosa que la de menudencias y detenidos justo donde era su puesto de trabajo, cuenta que su tarea era hacer “la despanzada”, y detalla:

“Tenía que tener cierta velocidad y dar los tajos justos al ritmo que te lo imponía la noria. Tenía 30 segundos para voltear el mondongo y si lo hacía en 40 venía el capataz y me preguntaba qué estaba pasando, porque uno que demoraba, demoraba toda la producción”.

Ricardo siente orgullo por el frigorífico donde trabajó, asegura que fue un frigorífico modelo que nunca bajó su calidad y que todo lo que allí se producía era aprobado por el mercado europeo: “Controlaban hasta el agua con la que se lavaban los animales”.

Antes de retirarnos le preguntamos si se acuerda de la técnica que usaba para despanzar y si hoy sería capaz de hacerlo si le dieran las herramientas, a lo que visiblemente emocionado respondió: “No tendría la velocidad que tenía a mis 28 años, pero lo sabría hacer”.

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LAS OBRERAS

“El trabajo de la mujer en la vida industrial era una característica de la sociedad moderna y su bienestar no quedaba cubierto con salarios ni jornadas mínimas sino que requería una serie de cuidados que la empresa siempre les prodigó. La acción social femenina se ocupa desde la maternidad con atenciones y tratamientos médicos para la mujer embarazada; la dietista que programaba las alimentaciones correspondientes desarrollando una atención personalizada en cada caso y circunstancia; contando con una cocina magníficamente instalada donde se impartían las enseñanzas del arte culinario. En los momentos de descanso el personal femenino se entregaba a diversos esparcimientos y se creaba un clima de franca camaradería.

La acción social femenina estaba ubicada en el pabellón más moderno del establecimiento constituyendo un departamento independizado que incluía, además de la cocina, vestuarios, baños, facilidades sanitarias, comedor, salas de descanso y de lectura, un aula, un lavadero con comodidades para planchar y secar y la oficina de la directora del departamento. Era un ambiente decorado con sobriedad y buen gusto iluminado a través de grandes ventanales. Contaba con una biblioteca dotada de excelentes libros y numerosas revistas; juegos sencillos para los ratos de esparcimiento, una discoteca que además de permitir escuchar música cumplía con una función educativa”, detalla la profesora Nélida Veronesi en el informe antes mencionado.

Prudencia Timotea, alias Estela, quien fue primero trabajadora del departamento de Menudencias y más tarde de Acción Social Femenina, lo recuerda muy bien:


“Había maestras, se enseñaba cocina, los chicos que iban a la escuela de tarde venían a hacer la tarea de mañana y se les daba el desayuno, y los que iban a la escuela de mañana iban a la tarde y merendaban. La cocina era hermosa y tenía todas las comodidades, todo, los cubiertos, pocillos, los manteles…”



Sentada en el pequeño living de su casa del barrio de Pueblo Nuevo, Prudencia mira hacia el pasado y cuenta que los salones del área de Acción Social Femenina “tenían espejos, muchos y grandes, y yo tenía que limpiarlos, por eso, cuando volvía a mi casa le decía a las visitas que las autorizaba a criticarme por la suciedad de mis espejos porque era lo que menos quería hacer”, y se ríe.

Ella entró a trabajar en el Frigorífico Gualeguaychú a sus 17 años, a la sección de Menudencias. Allí tenía que recibir (por los caños que nos mostró Ricardo) los páncreas de los animales: “Tenía que limpiarlo bien limpito, eso iba al extranjero para hacer remedios. También estaban las entrañas, riñones y la cabeza donde trabajaban los hombres”.

Respecto de la ropa que usaban, Prudencia cuenta que tenían un guardapolvo blanco o delantal, que los primeros años el calzado que usaban era propio “pero el peronismo hizo valer las leyes y empezamos a usar botas blancas. La que quería se ponía pantalón y chaqueta, y a la que no le gustaba se quedaba con el guardapolvo y las botas”.

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DEPORTES

En la misma fábrica, tanto los trabajadores como las trabajadoras, realizaban diferentes tipos de actividades deportivas y recreativas como teatro, esgrima de bastón, gimnasia rítmica, fútbol, bochas y básquet. “A las 6 de la tarde había que hacer gimnasia”, recuerda Prudencia Timotea, y agrega que a ella le encantaba, al igual que las fiestas donde bailaba el pericón.

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EL AMOR… PUERTAS AFUERA


Prudencia conoció a quien años más tarde se convertiría en su marido, en el frigorífico: “Ni bien entré lo elegí”, pero tanto puertas adentro como en inmediaciones al ingreso a la fábrica, no podían estar juntos.

“Cuando me quería decir algo me mandaba esquelitas con alguna de las chicas. Pero ni dos cuadras a la redonda podías ir con tu novio, eso era ley. A la hora del té estábamos totalmente lejos, las mujeres por un lado y los hombres por otro”.

Trabajadoras a la hora del té

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LOS OSOS POLARES


El departamento de cámara fría era un departamento especial, quienes trabajaban allí –todos hombres- pasaban horas a 26, 28 y hasta 30 grados bajo cero. Así lo afirma Ubaldo Pereyra, también vecino de Pueblo Nuevo, también un enamorado de aquel frigorífico que tanto orgullo despertó.

“Una vez que entrábamos, las puertas se cerraban y adentro era un mundo aparte, porque estábamos a 26, 28, 30 grados bajo cero, veías estrellitas que caían. Usábamos tres pares de media y bolsas de arpillera. Nos daban todo ahí salvo los pantalones (que también usábamos más de uno), pero lo más llamativo era que estabas trabajando y de repente sentías un fastidio y era el pelo duro, congelado ¡y los que tenían bigotes le quedaban blancos! Aleteábamos como las gallinas para sacarnos el frío”.



Ubaldo, gran memorioso y excelente narrador, cuenta que entrar a trabajar en el Frigorífico era asegurarse el porvenir. Será por eso quizás que recuerda la fecha en la que se convirtió en empleado de ese lugar: 23 de diciembre de 1963. Ingresó al departamento de cámara fría y ese fue su puesto durante 30 años… hasta que la fábrica cerró.

Ese sector era un departamento con tres sesiones, la de cámara de matanza, por donde ingresaban las medias reces de la playa y se separaban por categoría (vaca, novillo y grupo de carne) en distintos rieles. La otra sesión era “camaritas”, sitio donde se trabajaba con la menudencia congelada, allí se embolsaban y preparaban para la exportación. Ubaldo estaba en la planta baja:

“Cuando la carne de cámara de matanza estaba en condiciones de ser congelaba, se bajaba y se embolsaba; se congelaba, pero antes se separaba el cuarto delantero del trasero. La estibábamos y disponíamos según su destino: España, Francia o Italia. Cuando llegaba el momento de embarque se levantaba esa carne, se enganchaba en la rondaba y salía”.

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UNA ESPECIE DE FAMILIA


Claudio Nolasco Mundel entró a trabajar al taller de carpintería del Frigorífico a los 14 y allí se jubiló, luego 47 años:

“Entré siendo gurí y terminé siendo jefe de taller. Nuestra tarea era de mantenimiento, recorríamos las puertas, los corrales y las oficinas. Todos los días entraba a las 5 de la mañana y salía a las 6 de la tarde”.


Tras toda una vida vinculada a la fábrica modelo que llegó a faenar 1900 animales por día y que marcó un hito en el desarrollo de Gualeguaychú, Don Mundel, sentado en la cocina de su casa de Pueblo Nuevo al lado de su señora, recuerda el compañerismo que había, “jugábamos futbol, básquet, y los sábados se hacían reuniones con médicos que nos aconsejaban. Era una especie de familia ahí dentro”, pero por sobre todo destaca que “la mayoría entramos con primer grado y ahí nos pagaban maestros para que termináramos la escuela”.

Esgrima de bastón


Claudio, Prudencia, Ubaldo y Ricardo comparten el sentido de pertenencia al Frigorífico, los cuatro relataron su experiencia con orgullo y hasta por momentos con asombro, como si no hubieran sido ellos los protagonistas. Escucharlos resulta revelador.

Prudencia Timotea en el living de su casa
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50 años: un argentino hizo el tanque de combustible del Apolo

César Sciammarella trabajó luego en la Comisión Nacional de Energía Atómica, fue profesor en la UBA y en la Escuela de Ingeniería Militar. El tanque especial de combustible del Saturno V fue diseñado para la propulsión del cohete, por él.

La voz suena fuerte y clara del otro lado del teléfono. A pesar de haber vivido decenas de años en Estados Unidos, César Sciammarella conserva, a los 95 años, su tonada porteña intacta. Es que este ingeniero nacido en 1924 en Barracas y que está instalado en Chicago, aún viaja una o dos veces por año con su esposa a Buenos Aires para visitar a su familia y revivir viejos tiempos. Pero estos días la memoria de Sciammarella se empeña todo el tiempo en retroceder medio siglo, a julio de 1969, cuando el Apolo 11 llegaba a la Luna con un tesoro escondido en sus entrañas: el tanque especial de combustible del Saturno V que él mismo había diseñado para la propulsión del cohete que hizo historia.

«Fue un alivio y una satisfacción haber contribuido a un proyecto de un significado muy importante para la humanidad», dice desde su casa en Chicago, y también cuenta detalles a Los Andes de la preparación y cómo era el «espectáculo dantesco» de ver al cohete de cerca mientras se lo sometía a todo tipo de pruebas antes del lanzamiento.

Ingeniero civil recibido en 1950 en la Universidad de Buenos Aires (UBA), Sciammarella trabajó luego en la Comisión Nacional de Energía Atómica, fue profesor en la UBA y en la Escuela de Ingeniería Militar. En 1960 fue invitado a Estados Unidos a cursar un doctorado en Mecánica Experimental en el Instituto Tecnológico de Illinois y, tras doctorarse, en 1961 ingresó al departamento de Ciencias Mecánicas de la Universidad de Florida.

– ¿Cómo fue convocado a participar en la NASA?

– El director del departamento donde yo trabajaba comenzó a intercambiar ideas con el grupo estructural del proyecto Apolo y fui invitado a concurrir a Redstone Arsenal,en Huntsville, Alabama. Fui, conversé con los directores del proyecto en su parte estructural. Me pidieron que presentara una propuesta, la presenté y fue aceptada. Así comenzó el trabajo. Eso fue en el año 1963.

– ¿A usted le pidieron concretamente el diseño del tanque de combustible?

– Exactamente. El análisis del tanque. Para tener una idea de la magnitud de mi proyecto, su costo era en ese entonces de U$S 13,5 millones.

– ¿Cómo era ese tanque y qué características especiales debía tener?

– Era el tanque que llevaba el combustible líquido de propulsión del cohete que se lanza y luego se pierde, se destruye. Pero la idea durante esos dos años fue elaborar todas las posibilidades y alternativas de las dimensiones y las distintas configuraciones del tanque y asegurar que no fracasara en el vuelo. Es decir, que se cumpliera la misión de poder lanzar el cohete hacia la Luna sin una falla que hubiese implicado la pérdida del proyecto.

Fuente: Los Andes.

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OPINIÓN. Una gran Nación se construye con la unidad de todos

Argentina se encuentra en un importante proceso de transformación que no debe detenerse. El país empieza paulatinamente a mostrar resultados satisfactorios, esperados, del esfuerzo que todos los argentinos venimos haciendo desde hace tres años, pesado pero necesario para los cambios que debían hacerse.

Por Nicolás Mattiauda

Estoy convencido de que el esfuerzo de sus habitantes es el principal motor para empujar a un país hacia adelante. Claro que el mismo debe verse compensado con una retribución que les permita desarrollarse sin generar dependencia del Estado ni de los políticos. Todo esfuerzo, a la larga, tiene su recompensa. Y eso es lo que sucederá en la Argentina de los próximos años cuando empiecen a dar resultados las grandes y necesarias transformaciones que implementó el gobierno de Mauricio Macri.

Es un valor fundamental entender que el esfuerzo sirvió para construir las bases del país que merecemos. Hay infraestructura para poner a la Argentina a producir y generar riqueza. Y un ejemplo concreto de ello es el frigorífico Alberdi S.A. de Oro Verde que pasó de estar a punto de cerrar y dejar sin trabajo directo a 100 personas, a casi triplicar su planta de personal debido a los nuevos mercados abiertos gracias a la política del gobierno nacional de insertase en el mundo.

Más allá de que hay mucho por hacer, por mejorar, las oportunidades que se presentan para el país son muy importantes si se mantienen las buenas relaciones con el mundo, si hay un presidente como Mauricio Macri que ha demostrado tener un liderazgo tan fuerte que ha recibido el reconocimiento de los jefes de Estado de la región, incluso de los mayores referentes políticos internacionales que lo reciben con especial entusiasmo y respeto.

Tan fuerte aparece su liderazgo que el candidato a vicepresidente, Miguel Ángel Pichetto, no ahorra elogios hacia la figura del mandatario. Un compañero de fórmula que, formando parte de un espacio político distinto, hizo una oposición responsable, aportó a la gobernabilidad, entendió las reglas del juego y aceptó el desafío porque comprendió que los objetivos comunes planteados por el gobierno nacional (entre ellos, apertura de nuevos mercados, infraestructura para desarrollar la capacidad productiva, lucha contra el narcotráfico) eran el camino correcto.

El candidato a vicepresidente ha planteado algo fundamental para el país que se viene: dos argentinas con pensamientos polarizados no hacen una Nación, sino que la misma se construye con la unidad de todos los argentinos.

Y lo reafirmo: para construir una Nación poderosa debemos trabajar todos los días por la unidad de los argentinos y en el contexto de lo planteado la expresión política para lograrlo está en la fórmula Macri-Pichetto.

  • Senador provincial por el dpto. Gualeguaychú (Juntos por el Cambio)
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UN INCENDIO POR OTROS MEDIOS

¿Basta con ser comedido, diligente y algo entendido en política para ocupar un cargo público? ¿Y especialmente para integrar una lista de legisladores? Podría discutirse. Pero por encima de todo, si no se reúne un alto nivel de moralidad y honradez, antes que el sufragante lo amoneste en el cuarto oscuro, debería ser vetado por la propia corporación partidaria. Y para ello es menester generar una legislación basada en premios y castigos. Porque guarecerse en una lista sábana sin poder exhibirse como modelo de honestidad intelectual, amén de portar uñas cortas es una grave ofensa a la democracia y a la ciudadanía en su conjunto. Es este un fenómeno que integra la galería de las malas costumbres argentinas. Más grave aún es si quienes delinquen a troche y moche apoltronados en un despacho, metiendo mano donde no se debe para asegurarse un buen futuro, aún estando hoy alojados en un penal, son habilitados para ser candidatos al cargo que deseen. En vez de sancionar al corrupto se lo premia para que vuelva a sus andanzas. Al zorro le vuelven a liberar la entrada al gallinero.

Luis María Serroels
Especial para INFONER

El 28 de octubre de 1983 el justicialismo reunió junto al Obelisco porteño a una verdadera multitud de adeptos para proclamar la fórmula presidencial Italo Luder-Deolindo Bittel. Faltaban un par de días para los comicios generales que le abrirían las puertas a la recuperada democracia cercenada por la más sanguinaria dictadura cívico-militar de que se tenga memoria. Al culminar el acto, el sindicalista Herminio Iglesias, candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, después de culminar un insultante discurso dirigido a Raúl Alfonsín, no tuvo peor idea que prenderle fuego a un pequeño ataúd con los colores de su partido y el nombre de quien luego se convertiría primer mandatario. No son pocos los que sostienen que esta barbarie contribuyó a dar vuelta las encuestas que daban ganador al partido de Juan Perón. Además, la intervención de un sindicalismo muy rechazado por las bases fue una pesada carga. El 10 de diciembre de 1983 el líder radical se colocaba la banda y recibía el bastón presidencial. El despropósito de Iglesias resultó electoralmente letal para el justicialismo.

Los últimos años en nuestro país se han dado situaciones escandalosas sobre enriquecimiento desmedido de cierta corporación política arribada al poder con gran apetito y total desmesura y glotonería por el patrón dinero, que terminó saqueando al Estado.

Ello ha contado con la colaboración, por repudiable lentitud, de ciertos estamentos judiciales débiles ante las chicanas de los defensores, que especulan con que los .vaivenes de las instituciones entronicen cómplices empeñados en cambiar leyes que les permitan sortear el merecido encierro.

La sociedad argentina mayoritariamente rechaza la pereza judicial y repudia la impudicia de ciertos magistrados fácilmente permeables a retribuciones que estimulen y alimenten su afán de riqueza. Conocido es que un alto magistrado que cometió una grave falta sobreseyendo en tiempo récord y sin investigar a un matrimonio presidencial y mandando al archivo la causa, una vez obtenida su jubilación admitió su reprobable actitud atribuyéndola puerilmente a amenazas de muerte (que debió denunciar y no lo hizo). Ello ameritaba una excusación inmediata permitiendo que los mecanismos judiciales obren en consecuencia, dando lugar a otro juez.

Cuando hablamos de los atributos que se deben ostentar a la hora de ser examinado por la ciudadanía, estamos demandando una mayor elevación integral de los candidatos.

Pero cabe preguntarse: ¿es tolerable que un escaño se convierta en tabla de salvación para los delincuentes? ¿Es lícito que la banca sea el refugio de los corruptos mediante el auxilio de los fueros?

En las democracias impolutas la mera sospecha bastaría para excluír a quien no reúna las condiciones de la debida decencia, sin necesidad de que haya o no sido condenado por los jueces, porque la más minima sospecha tiene suficiente entidad para evitar el ludrivio público. El derecho de admisión no debería tener excepción alguna. En una sociedad que se precie de cultivar los mejores valores de la convivencia ciudadana, los eventuales candidatos a integrar listas electorales deben mostrar una total vocación por el bien y rechazo por el mal. En Argentina los cuerpos legislativos suelen adoptar la condición de virtuales aguantaderos.

Quienes –si prosperase una ley en ciernes- sabrán que no podrán salvarse detrás de la condición de legislador y la moral ocuparía un sitio predominante. No honra tanto la banca a quien posa sus sentaderas sobre ella, sino que mayor debe ser el respeto por ella del legislador jerarquizándola.

Días pasados se reactualizó el tema vinculado con la prohibición de ocupar listas electorales a quienes estén condenados por corrupción (en noviembre de 2017 se frustró en la cámara baja un intento en este sentido, porque legisladores que tenían cola de paja boicotearon dicha iniciativa). Eran tiempos en que un ex presidente de la nación condenado por gravísimos delitos, prorrogaba su mandato como senador porque su sentencia no se hallaba firme y aún hoy se aguarda semejante decisión. En ese entonces el período ordinario de sesiones llegaba a su fin y con ello todos los dictámenes volvían a cero.

Una obra propia de un acendrado corporativismo. No es ocioso recordar que el 15 de mayo de 2018 se había insistido con una iniciativa similar que jamás llegó al recinto. Ahora nos encontramos con que habrá un nuevo intento por debatir una cuestión tan sensible, tendiente a que el venidero 6 de agosto durante el plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales (faltando pocos días para las PASO presidenciales y legislativas nacionales) se reabra la discusión. Se vincula con la ley “Ficha Limpia” que rige en Brasil, que fuera aprobada en mayo de 2010 y que el año pasado le impidió al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva postularse para la presidencia por su condición de condenado por corrupción.

Hoy en Argentina, el diputado suspendido y preso (con otras causas pendientes) Julio De Vido, se postula para una nueva banca. Hablamos de quienes robaron en la función pública, el Estado, cancelaron el costo de obras con sobreprecio nunca terminadas y ni el mejor maquillaje les da un rostro de honestos. Todo esto no es otra cosa que una sonora bofetada en el rostro de la ciudadanía sana de la república.

No valen argumentos vinculados con el nivel intelectual ni el grado de formación política. Se trata, ni más ni menos, que de una cuestión de moral, tan escasa en cierta clase política.

En estos días de avalancha propagandística que no ofrece nada nuevo y abunda en promesas, es bueno recordar la frase del senador romano Cantón el Viejo (siglo II): “Res non verba” (“Hechos no palabras”). Imposible no advertír que ciertas frases proselitistas prometen revisar el Pacto del Mercosur y ordenar el país. El presidente brasileño no demoró en revelar su molestia, frente a una alianza muy sensible fruto de la decisión de ambos países junto a Uruguay y Paraguay y que precisamente hoy fortalece su vigencia tras el acuerdo con la Unión Europea. El fantasma del maridaje con la dictadura venezolana ronda y preocupa. Prometer hacer ahora lo que no se hizo en 12 años de desbarajuste, es una inocentada y difamar a altos funcionarios que heredaron tan pobre gestión, una estrategia trillada. A las obras públicas no se las promete como cantilena aburrida sino que se las exhibe cuando están finalizadas. Ahí radica la palmara diferencia. Y cuando las promesas y críticas surgen de la boca de quienes han quedado sellados en documentos imborrables, el olfato ciudadano se sensibiliza más.

Los spots de alguien que deja aviesamente de lado su pasado de ofensas y deslealtades contra una presidenta que lo rescató de la neblina política para que exhiba una nueva estética facial, provocan asombro.

Las ironías suelen ser muy crueles. Las duras y agraviantes acusaciones que Alberto Fernández le dedicó a Cristina Fernández cuando se alejó del FPV, hoy se convierten en un bumeran porque obran como material para enriquecer los spots anti kirchneristas.

Napoleón Hill escribió que “La deslealtad lo marca a uno como siendo menos que el polvo de la tierra y trae además el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las mayores causas del fracaso de cada camino de la vida”. Y las marcas que deja jamás se borran del todo.

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Vacaciones de invierno: récord de vuelos hoy en Bariloche

Serán 41 en un solo día y llevarán más de 8.000 turistas. La ciudad vive la primera nevada de la temporada alta. 

Bariloche romperá este sábado un récord histórico cuando aterricen en su aeropuerto 41 vuelos en una misma jornada, superando la marca anterior, del año pasado, de 35 en un día.

Como la capacidad de la mayoría de los aviones ronda los 200 asientos y llegarán repletos se espera que desembarquen unos 8.100 visitantes de distintos puntos de la Argentina y Brasil.

La ciudad alcanza por estas horas un pico de ocupación “oficial” del 85%, lo que se traduce en cerca de 30.000 turistas. Pero si se considera que hay alrededor de 10.000 camas que no están registradas por el municipio –entre locaciones ofrecidas boca a boca por particulares y las viviendas que forman parte de las plataformas digitales– el número informal puede trepar a los 35.000 o 40.000.

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Viví los museos en vacaciones de invierno

Propuestas para toda la familia que incluyen visitas guiadas, recorridos y actividades interactivas.

Casas históricas y emplazamientos que albergan parte de nuestra historia local y regional, los museos constituyen una experiencia viva de transformación cultural que acerca el pasado y también el presente más cercano.

Casa de Haedo

Considerada la casa más antigua de la ciudad, construida a principios del siglo XIX sobre uno de los solares los que repartió Don Tomás de Rocamora, en el año 1783, por orden del Virrey Vértiz, realizando de esta manera la fundación oficial de la Villa de San José de Gualeguaychú.

La familia Haedo fue una de las primeras que se asentó en Gualeguaychú, de larga trayectoria política y comercial. Fue cuartel del italiano Giuseppe Garibaldi cuando saqueó la ciudad en septiembre de 1845.

Esta casona fue declarada Monumento Histórico Nacional. Ubicada en San José y Rivadavia. Días y horarios:

Miércoles a viernes  de 9:00 a 12:00 hs y de 14:30 a 17:30 hs

Sábados de 9:00 a 12:00 hs y de 15:30 a 18:30 hs

Domingos de 9:00 a 12:00hs  

Azotea de Lapalma

Construida alrededor del año 1830, fue residencia de la familia constituida por Francisco Lapalma (hijo de Juan Lapalma, primer médico de Gualeguaychú) y Martina Carmona. En el predio, de 45 hectáreas  de campo, se trabajaba en la producción agrícola ganadera y en la fabricación de escobas, velas y dulces artesanales.

En esta casa empezó  a alumbrar la capacidad creadora del gran poeta, Olegario Víctor Andrade, quién cobijó allí su orfandad, junto a sus hermanos Úrsula y Wenceslao y paso sus últimos días Isabel Frutos, “la niña que murió de amor”.

Solo se conservan  las habitaciones  del casco principal y la antigua cochera y en su frente cuenta con el  Pasaje Azotea construido con  antiguos adoquines de las calles de Gualeguaychú conservados y  puestos en valor por el municipio.

Ubicado en Jujuy y San Luis está abierto de miércoles a sábado de 10:00 a 16:00 hs y domingos de 9:00 a 12:00 hs.

Museo Ferroviario

A partir de 1857 (año en el que se realizó en nuestro país la inauguración del ferrocarril) los ramales no tardaron en expandirse a lo largo y a lo ancho de toda la Argentina. Treinta años más tarde Gualeguaychú contará con la estación que llevará su nombre y con un galpón que funcionaba como sala de reparación de máquinas.

Luego de que los trenes a vapor dejaran de funcionar -alrededor de 1983 – se conforma una comisión Pro Museo Ferroviario cuyo principal objetivo es el rescate y la puesta en valor de maquinarias, piezas, vagones y el reconocimiento al trabajo de los obreros que se desempeñaron en distintas áreas. El mismo funciona en el predio del Parque de la Estación.  

Ubicado en Parque de la estación, está abierto de lunes a sábado de 08:00 a 12:00; y domingos y feriados de 14:00 a 18:00.

Museo del Carnaval

A mediados de la década del 90 los trenes a máquina diesel comienzan a desaparecer y en muchos lugares de Argentina se utilizaron las viejas estaciones de ferrocarril para la realización de centros culturales y corsódromos; Gualeguaychú no fue la excepción. “El carnaval del País” junto a otros eventos patrios y deportivos se llevan a cabo allí y en concordancia con estas actividades surge la idea de realizar un Museo del Carnaval que rescate experiencias, saberes, documentos, fotografías y objetos de diverso tipo y de todos los carnavales de Gualeguaychú desde sus orígenes hasta hoy;  transformando  esta práctica que representa parte de la cultura local en patrimonio cultural material e inmaterial de la provincia y de la nación.

Funciona también en el predio del Parque de la Estación, en la antigua sala de reparación de maquinas, poniendo en valor parte de la antigua construcción conservada.

 Ubicado en el Parque de la Estación, está abierto de miércoles a viernes de 9:00 a 12:00 hs y de 14:00 a 20:00 hs; y sábados, domingos y feriados de 14:00 a 20:00 hs.

Propuestas museológicas para disfrutar, conocer, revivir y emocionarse.

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«Proeza infantil»

El 7 de junio se entregaron los premios del IV Concurso Literario Provincial (Género cuento) con sede en Gualeguay. Al tercer premio lo obtuvo Eugenio Jacquemain, colaborador de INFONER, con su cuento “Proeza Infantil” que queremos compartir.

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Proeza infantil

La costanera de mi ciudad es muy particular, una amplia avenida, surcada al medio por pérgolas que suelen poblarse de enredaderas en el verano, extensos veredones que albergan a cientos de personas los fines de semana. A su lado, un suave recorrido de espejos baña su flanco, en épocas de creciente, ese andar se transforma, golpea fuertemente los gruesos murallones que resisten heroicamente desde hace muchísimos años.
Los obeliscos, paisaje obligado en el centro del paseo, se mantienen firmes con el paso del tiempo. Donde otrora moraba la figura de Francisco Ramírez, ahora vemos un pequeño camino que oficia de puente. Hoy de esa imagen se desconoce su paradero, y muchos ya solo la recordamos vagamente.


Ese día se veía diferente, era nuestra prueba, nos sentíamos nadadores olímpicos disputando una final. No pasábamos los ocho o nueve años ninguno de los cinco que teníamos que demostrar, en tan solo cien metros, lo que durante dos meses habíamos aprendido.


“No puede ser que tengas un río al lado y no sepas nadar” repetía una y otra vez mi padre, orgulloso de su trabajo en los Ferryboat que trasladaban los trenes. Había que darle el gusto al viejo, cuando volviera tendría la noticia tan esperada desde mamá “Tu hijo ya sabe nadar, tu hijo cruzó el río, desde el balneario hasta el Neptunia”, yo me iba a hacer el desentendido, minimizando la hazaña, como cuando le mostraba el boletín de la escuela, en el cual nunca habitó un diez, pero tampoco un cuatro.
Y sí, ese día era especial, para mí y para él, capaz también para la vieja, pero ella ocultaba sus emociones diariamente, daba clases de mañana y de noche, por ese entonces, la plata no alcanzaba.


Y llegó el ansiado día, nuestros cuerpos estaban dispuestos al sacrificio. El profesor, sin mover un músculo de la cara, mantenía su rígida mirada en nosotros. Las manos callosas y firmes sostenían los remos de la vieja canoa despintada. “Ahora al agua y a nadar, en línea, un metro entre uno y otro” y fuimos, en un pequeño espacio, cinco corazones comenzaban a bracear.
Los gritos por el megáfono de latón nos guiaban desde la embarcación. Ese era el momento para la hazaña, los planetas se alineaban a nuestro favor y no lo íbamos a desaprovechar.


Juan fue el primero en decir a mitad de camino “profe, no doy más” ese fue el primer golpe. Juancito era el más resistente de nosotros, quizás un mal día, o quizás la chocolatada, que se tomó antes de meterse al agua, lo había complicado, pero… ¿Si él no llegaba…los demás podríamos?
No sé quien le siguió, por unos minutos imaginé que llegaba solo y el resto en la canoa. Son esos momentos que tenemos los argentinos, aun chiquitos, de creernos superhéroes individuales, convirtiéndonos en seres cuasi egoístas que especulamos con los errores del otro. No, no estoy siendo duro, así somos y así nos ven, ¿por qué un niño de nueve años sería diferente al resto?


Escuché por segunda vez la frase desesperanzada de agotamiento y fue instantáneo. De un segundo a otro me sentí cansado, saqué mi cabeza del agua no solo para respirar, observé hacia adelante, aún faltaba un tercio del camino. Miré a los costados, me sentí más solo que Sampaoli festejando un gol en Rusia 2018.


Ver esa triste imagen con los ojos de un niño es doloroso, mis lágrimas se diluían en el curso del río perdiendo importancia, las caras de mis compañeros, denotaban sentimientos encontrados, trataban de darme fuerzas tomados de la canoa y a la vez, expresaban una sana envidia.
No podía más, no iba a llegar ninguno, pensé en mis padres y en los de los demás. Les habíamos pedido que no estén, queríamos darles la noticia de haber cruzado el rio y ahora no podríamos.


No tardé mucho en tomar con mis pequeñas manos el borde de la embarcación, ya estábamos todos sostenidos de esas viejas maderas cual sobrevivientes de un naufragio. Habíamos fracasado.


El profesor remó hasta la otra costa con nosotros sostenidos de la canoa. Llegamos, al tocar nuestros pequeños pies la arena, nos miró, y nos dijo, exactamente con la misma voz firme que alentaba cada brazada. “Llegaron, cumplieron, avisen en sus casas que lo lograron. No van a mentir, llegaron desde que se decidieron a intentarlo, esto es un logro, no un fracaso”.


Hace un par de años falleció mi viejo, mamá aún vive, nunca supieron la realidad. No he vuelto a ver a mis compañeros de aquella época, no sé si habrán dicho la verdad. Para mí este es uno de los secretos mejor guardados del mundo, quizás porque me convencí que, en verdad, sí habíamos logrado nuestra meta, ¿el trecho que faltó? Eso es anecdótico.

Eugenio Jacquemain, autor de «Proeza infantil»
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El Hospital de Gualeguaychú será sede de un encuentro sobre violencia de género en el ámbito de la salud

El martes 23, de 8 a 16, en el Auditorio de la Unidad Bicentenario se concretará otra reunión de la Coordinación del plan ENIA en el Departamento Gualeguaychú para aceitar las redes institucionales e intersectoriales de este dispositivo en el territorio.


La disertación estará a cargo de la Lic. en Trabajo Social Alicia Vildes que es la coordinadora de la Unidad de Gestión de Políticas Preventivas de las Violencias en las Relaciones de Género dentro del Ministerio de Salud de Entre Ríos.


La actividad es organizada en conjunto por el Plan de Prevención del Embarazo No Intencional en Adolescentes junto al Programa de Salud Sexual y Reproductiva de la provincia.


Durante el abordaje integral de la cuestión se brindarán herramientas conceptuales, legales y de intervención ante situaciones de violencia de género que se pudiesen presentar en un efector de salud.


Otro objetivo es promover la atención de estos eventos desde un modelo humanizad, de respeto por la diversidad cultural y desde la perspectiva de género.


Asimismo, en el encuentro al que están invitados los profesionales de los ámbitos de salud de toda la región, se aportará precisiones sobre los protocolos o guías de actuación vigentes en las relaciones de género dentro del Ministerio de Salud.

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Estudiantes de Gualeguaychú demostraron que se puede hacer papel sin talar un solo árbol

Están cursando el quinto año del Instituto José María Ruperto Gelós. En 2018, junto a la profe de Física y Química comenzaron a trabajar en un proyecto de investigación con finalidad ecológica que acaba de dar su primer gran fruto: demostraron que se puede hacer papel usando la celulosa que se obtiene del pasto.

Por Sabina Melchiori

Para que quede claro y no genere dudas: jóvenes que tienen entre 17 y 18 años y viven en Gualeguaychú, lograron, junto a su profesora de Física y Química, hacer papel de una manera nunca vista hasta el momento.

“Papel a partir de Stenotaphrum secundatum (gramillón)”, ese es el título del resumen que elaboraron para exponer su trabajo científico.

En ese texto, los chicos cuentan que la investigación presenta una finalidad ecológica, ya que plantea la posibilidad de emplear una fuente de celulosa distinta a la madera y, por lo tanto, reducir la deforestación. “Para fabricar una tonelada de papel se talan alrededor de 14 árboles. Además se estima que un eucalipto consume por día unos 20 litros de agua, es decir, que si cada hectárea contiene en promedio unos 1000 árboles, ello implica un consumo diario de 20.000 litros, que traducidos a metros cúbicos, significa 20m3 por hectárea y por día”.

Explican que el stenotaphrum secundatum ─más conocido como gramillón─ es un césped muy común en climas cálidos, que se caracteriza por su rápido crecimiento y por ser tolerante a la falta de agua. Además, puede resistir variaciones de temperatura que no se encuentren por debajo de los 10 grados centígrados.

Del pasto al papel

En el transcurso de un año y medio, estos alumnos estuvieron estudiando y perfeccionado el proceso de obtención de la pasta de celulosa a partir del pasto. En el texto que redactaron para explicarlo, detallan que de acuerdo a los datos experimentales obtenidos, una superficie de 0,25 x 0,50 metros sembrada con gramillón, necesita menos de 2,5 litros de agua en 15 días. Además, una vez cortado, el pasto demora 15 días en volver a recobrar la altura para ser nuevamente utilizado.

El proceso consiste en la molienda del césped junto con óxido de calcio. De esta manera, la lignina se va solubilizando con el propio contenido de humedad. Luego se enjuaga con agua y se procede a realizar una cocción con hidróxido de sodio para obtener la celulosa y quitar los restos de lignina. La pasta resultante se blanquea y se prensa a alta temperatura, teniendo en cuenta una reducción de agua del 95% por evaporación.

Extracción de lignina

“La obtención de materia prima para la fabricación de este papel es muy ecológica, si se tiene en cuenta la cantidad de espacios que cuentan con este tipo de césped, plazas, parques, costados de la carretera, etc. Además, el tiempo de crecimiento y el consumo de agua dulce es mucho menor que el de los árboles destinados a la fabricación de papel. Por último, se debe considerar que estamos en un período de transición hacia alternativas más ecológicas y ningún método por sí sólo es la solución, sino que se debe hacer una combinación de técnicas que ayuden a reducir el impacto sobre el medioambiente”, consideran.

La Profe

María Florencia Aguiar nació en Gualeguaychú, tiene 33 años, es Licenciada en Bromatología, profesora superior de Física y Química, y especialista en Educación. En enero publicó un libro titulado «De la mente al Laboratorio», sobre investigaciones químicas relacionadas al medio ambiente.

Ella, junto a sus alumnos de quinto año del Instituto José María Ruperto Gelós, conocido en la ciudad como el colegio del Club de Pescadores, comenzó a trabajar en un proyecto de investigación que tenía como objetivo reducir la tala de árboles: “Sabemos que los árboles son quienes absorben el dióxido de carbono, uno de los principales responsables del calentamiento global. Entonces, a través del estudio de los tejidos vegetales y formulas químicas pensamos alternativas y se nos ocurrió sacar la celulosa del pasto”.

En diálogo con INFONER, Florencia contó: “Estuvimos trabajando con una variedad conocida como gramillón, muy común en climas cálidos, que tiene la ventaja de consumir muy poca cantidad de agua. Hicimos una serie de experimentos y logramos obtener un 40 por ciento de celulosa, fue la variedad que mejor resultado nos dio”.

Conversión de pasto en papel

Pero este grupo no se detiene: “Estamos desarrollando el proceso para obtener celulosa de cualquier variedad, porque lo importante es el proceso. Se obtiene la misma cantidad de celulosa que se obtiene de un árbol con la diferencia de que un árbol tarda siete años en tomar la altura necesaria para ser talado, mientras que el pasto, en 15 días se repone y vuelve a tener la misma altura. De esta manera nos ahorramos la tala y también el agua, porque un eucalipto consume 20 litros de agua por día”, explica Florencia Aguiar, quien informó que están realizando los trámites para patentar este método “porque no se ha desarrollado en otro lado”.

Finalmente, agradeció a la institución “porque siempre nos han brindado el espacio para esta clase de proyectos y nos han apoyado; también estoy orgullosa de mis alumnos que han tenido toda la paciencia para hacer los experimentos. Me siento muy contenta”.

Un logro científico

“Logramos hacer pasta de celulosa pura y logramos obtener papel”, expresa de modo contundente la profesora, quien además de sentir una enorme alegría, tiene una gran satisfacción: “Quedamos muy contentos porque si lo hiciéramos a nivel industrial no tendría diferencia con el papel que conocemos. Esta pasta puede derivarse para hacer papel, que es una de las industrias que más árboles tala, pero también se podría aplicar a otros procesos industriales”.

Por su parte, uno de los alumnos de la clase, Lucas Leonel Correa contó: “Era bastante nuevo para nosotros y fue interesante y hasta divertido. Nos generaba intriga y a la vez felicidad por si llegaba a funcionar. Hoy estamos felices de que haya salido bien, vamos a hacer pruebas para ver si se puede escribir en este papel”.

Estudiantes investigando

 “Puse el foco en los clubes de ciencia porque es la mejor manera de que estos estudiantes estén juntos. Es la mejor forma de apoyarlos. La ciencia los motiva, los hace ser en definitiva mejores personas. Yo integro mucho la tecnología en las clases, y ves cómo ellos se van motivando y van trabajando en diferentes áreas científicas. Con esto ellos trabajan en grupos, forman equipos de trabajo, se hacen más creativos, tienen mostrar sus ideas, hacer presentaciones. La ciencia es central para mejorar los aprendizajes y a la sociedad»

Peter Tabachi, profesor keniata ganador del Global Teacher Prize.

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A favor de nuestros pueblos

La Corte Suprema de Justicia dio lugar al amparo ambiental contra el proyecto de barrio privado Amarras de Gualeguaychú. Un paso fundamental en la senda de una comunidad que cuida su ambiente, ama su río y su paisaje, y defiende sus derechos.

Dr. Esteban Martín Piaggio, intendente de Gualeguaychú

Este jueves recibimos una noticia que nos renueva la esperanza al saber que cuando los poderes del estado se involucran en temas trascendentales como el cuidado de la salud, del ambiente, de la vida, priorizando las luchas de los pueblos organizados y movilizados se pueden frenar los atropellos y forjar un futuro mejor.

La Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó sin efecto la sentencia del Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Entre Ríos que había rechazado la acción de amparo interpuesta por Julio Majul con el objeto de que cesen las obras y se reparen los perjuicios ambientales producidos por la construcción de Amarras por la empresa “Altos de Unzué S.A.”. Se trata de una decisión fundamental, que pone fin al descalabro y la desidia administrativa y judicial que aún con decretos de paralización de obra, permitieron que se siga avanzando con la destrucción del humedal y la afectación de nuestro río.

El pueblo de Gualeguaychú ha rechazado desde el primer momento este proyecto de barrio náutico; se ha manifestado en marchas y movilizaciones, y nuestro gobierno municipal, desde su Ejecutivo y el Concejo Deliberante, se ha expresado siempre firmemente en este aspecto. Hemos dicho claramente NO A AMARRAS, por ser un proyecto ilegal, ilegítimo, y nocivo para nuestro ambiente, nuestra comunidad, nuestro futuro.

Y consideramos importantísima la decisión de la Corte porque se fundamenta claramente en el derecho ambiental como derecho humano, imponiendo dos principios precautorios novedosos: «in dubio pro natura» e «in dubio pro agua». Y expresa tajantemente que son estos los principios que deben guiar las decisiones. Al respecto lo ambiental el fallo es claro: los humedales deben protegerse en tanto cumplen una función vital en el “´control de crecidas/inundaciones´ ya que almacenan grandes cantidades de agua durante las crecidas y reducen el caudal máximo de los ríos y, por ende, el peligro de inundación aguas abajo”; también en la protección de tormentas, recargas de acuíferos y retención de sedimentos y agentes contaminantes. Además, expresa que la cuenca hídrica como una unidad, y un sistema integral, por lo que la provincia debe garantizar una gestión y uso sustentable.

Ahora, el Superior Tribunal de Entre Ríos deberá adecuar su fallo a lo ordenado por la Corte, y hacer lugar a lo peticionado en la acción de amparo que solicitaba el cese definitivo del emprendimiento inmobiliario y la consiguiente recomposición ambiental.

Gualeguaychú es sin dudas una voz de referencia en materia ambiental. Avanzamos hacia una Gualeguaychú libre de glifosato y venenos, con alimentación sana y saludable, con producción limpia de energía, con correcto e integral tratamiento de efluentes cloacales. Pero Gualeguaychú es referencia sobre todo porque, en un contexto general de fuerte voracidad económica, especulación financiera e inmobiliaria, y devastación de la naturaleza hemos asentado culturalmente principios fundamentales para nuestro futuro: el río, los humedales, el agua, el bienestar de nuestra comunidad son más importantes que la rentabilidad y el dinero. La prioridad siempre será de nuestro pueblo y no vamos a ceder, no vamos a renunciar, ni negociar el derecho a vivir en una ciudad cada día más justa, más igualitaria y que se desarrolle de forma sostenible.


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