«Claro, altivo y vertical…» (homenaje a Jorge Enrique Martí)

Era cierto nomás, la puerta siempre estaba entreabierta, como si fuera la Colón de hace 90 años. Sin embargo golpeé. «Adelante», dijo Marta con su trato amable, y al final del pasillo vi por primera y última vez en persona a Jorge Enrique Martí.

 

Por Damián Lemes – cantautor entrerriano de música popular.

 

El mate listo y su mano grande ya estaba tendida. No hacía falta hablar para sentirme bienvenido. Comenzamos la charla los tres, mientras «relojeaba» sus manuscritos en un block de hojas que tenía cerca como borrador. Después de tanta obra hecha, el hombre seguía trabajando.

El acto creativo es el mejor antídoto cuando se abalanzan tanto los años pensé…

Y hablamos de Aníbal, del Zurdo, de sus hijos, de su imprenta, sus libros, de su Entre Ríos del alma y de mis cosas. Pero hay algo que me quedó como brotando y es el recuerdo nostalgioso de su llegada desde Rosario a su amado Colón con solo dos años de edad.

Me contó que bajaron del barco y que mientras paseaban por la rambla, alguien se acercó y acarició tiernamente su cabecita. Era Herminio J.  Quirós, visionario de fuste para la historia de la ciudad. Pareciera como si aquel hombre también avizorara  un gran destino en ese niño, y en las cercanías del puerto, el pequeño Martí fue fotografiado junto a un pequeño árbol de Ibirá pitá plantado seguramente por aquel gran hombre colonense.

Y el pequeño se hizo grande, uno de los mas grandes hombres de la cultura, paisano por adopción. «Rosarriano» se decía entre risas. Jorge Enrique Martí, el poeta que repentinamente se nos fue.

Hoy asistí a su entierro junto con mi amigo Marcelino Wendeler. «Otro grande que se va», pensábamos, Sin embargo allí todo estaba inundado de una especie de alegría en la tristeza. Hubo tiempo hasta para la guitarra y la voz del Polo en la mejor versión que escuché de «Destino entrerriano». Claro, la tocaba y cantaba de verdad, sin estridencias y con el corazón en la bordona.

Comprendí que la alegría se debía a la paz que provoca alguien que ha trascendido. Su obra es eterna, es de todos nosotros. «Como flor que va de viaje en el pico de un chiviro»

¿Y si vamos a conocer aquel viejo árbol de mas de un centenar de años donde Martí se había sacado la foto siendo un niño? ¿A nivel simbólico sería una linda despedida, no? y allá fuimos con una pena que extrañamente dejó de pesar al sentir la energía viva de la savia joven corriendo por entre sus anillos, rescatando del olvido a un gigante que no para de nacer.

 

 

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