Comprar arte es invertir en cultura

La idea de “invertir en cultura” hace pensar a muchos en grandes montos de dinero que los gobiernos utilizan (o deberían utilizar) en apoyo a los artistas, sean estos músicos, escultores, actores, bailarines… Esto es claramente una necesidad, pero obviamente no es la única manera de hacer este tipo de inversiones. Invertir en cultura no es exclusiva responsabilidad de los gobiernos, también lo es de cada uno de los ciudadanos.

 

Por Raúl Albanece

Como postulamos en una nota anterior, cultura es eso que hacemos todos o casi todos los días: tomar mate, cocinar, escuchar música, leer, bailar, vestirnos de determinada manera; y el arte refleja esa cultura en cada obra. Al pagar una entrada a un recital, a una obra de teatro, un espectáculo de danza; al comprar un libro o un CD, estamos invirtiendo en cultura, ¡Y por partida doble!

Por un lado, estamos inyectando dinero en lo que hoy se llama industria cultural. Financiamos, de alguna manera, la posibilidad de que esos espectáculos se realicen, que haya más espectáculos de ese tipo, que los artistas puedan mostrar lo que hacen de modo continuo. Posibilitamos que haya mucha actividad cultural en nuestra localidad o región. Al comprar un libro o CD posibilitamos que esos artistas sigan creando y continúen publicando sus trabajos. Al comprar obras de artes visuales generamos la posibilidad de que los artistas puedan volver a comprar insumos y continúen creando nuevas obras, que puedan perfeccionarse en nuevos estudios…

Por otro lado, estamos incrementando nuestro propio caudal cultural. Compramos más conocimiento para incorporar en nuestra vida, junto con el goce y las emociones de las que ya hablamos. En este punto, sumamos, no sólo el mensaje directo que el artista pretende transmitir con su obra, sino también todo lo que viene aparejado con eso; todo lo necesario que debió hacerse con anterioridad para que el artista pueda desarrollar esa obra específica… un trozo de vida del artista y un a porción de la evolución de la humanidad; no sólo las horas de aprendizaje y práctica de ese artista en particular, sino las horas de aprendizaje y práctica de todos los artistas que lo preceden; y también las horas de investigación y experimentación de los científicos y maestros que crearon la tecnología posible para que esa obra en particular pueda ser realizada… en cierta forma, compramos historia.

Compramos historia en una obra que hable de nuestras tradiciones, o de las tradiciones de otros países, otras culturas… porque el artista, consciente o inconscientemente, es portavoz de la sociedad en la que vive y eso se puede ver en sus obras; al tiempo que nuestra colección de arte mostrará nuestras propias tradiciones, nuestros propios deseos y aspiraciones, nuestro bagaje cultural… nuestra historia personal y familiar.

Compramos también futuro, porque invertir en cultura es promover el desarrollo social. Al contribuir al mercado del arte, estamos colaborando con el perfeccionamiento de los artistas que lograrán más y mejores creaciones, ampliarán sus posibilidades técnicas y creativas iniciando simultáneamente en varios aspectos un círculo virtuoso de crecimiento cultural y económico que nos incluye a todos como sociedad.

 

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