Con la fuerza lunar

Parecía que no iban a poder. Que era ilusorio pensar que podrían reconstruir a tiempo lo galpones para armar una comparsa competitiva, que el dinero no iba a alcanzar, que el fuego les había chamuscado hasta el ánimo… Sin embargo, la comunidad del club Sirio Libanés, los descendientes de aquellos inmigrantes trabajadores, demostraron que se puede tocar fondo y recomenzar.

 

Por Sabina Melchiori

 

Apenas pasadas las 5 de la tarde del lunes 16 de abril, una chispa producida durante el uso de un cortador de telgopor fue el comienzo de un fuego voraz que destruyó por completo los galpones ubicados sobre Avenida Parque, frente al corsódromo de Gualeguaychú. Allí dentro ya habían comenzado a armar la comparsa de Kamarr (Luna, en árabe) para la edición 2019 del Carnaval del País. Al lado, los alumnos de la primaria del colegio del club, estaban en horario de salida y ante el aumento desmedido del fuego, el apremio de los padres por retirarlos del lugar generó un clima de desesperación.

Esa tarde acudieron más de cinco dotaciones de Bomberos Voluntarios, policía, personal de la Cooperativa Eléctrica, Defensa Civil, Comisión Cisterna Municipal Gualeguaychú y el Servicio de Emergencias Médicas del Hospital Centenario. Afortunadamente no hubo personas heridas, pero las pérdidas materiales fueron totales y millonarias.

 

Foto: Celso Bel

 

Apenas pasada la conmoción, empezaron a buscar las maneras de recaudar fondos para reconstruir el galpón donde armar la comparsa y seguir siendo parte de uno de los espectáculos a cielo abierto más importantes del país.

Hicieron lo mismo que los inmigrantes sirios y libaneses que se asentaron en Gualeguaychú y que al ver que otras colectividades tenían un edificio propio donde encontrarse, organizaron bailes, reuniones y loterías familiares para recaudar fondos y tener ellos también un sitio que los identificara. Y lo lograron.

En aquel entonces, el objetivo era ayudarse mutuamente a sobrevivir, ya que el desarraigo, producto de las guerras e invasiones había sido muy duro y además les resultaba dificultoso entender el idioma y comunicarse con el resto de los vecinos. Pero pudieron. Desarrollaron el comercio, su actividad predominante, sin depender demasiado de los diálogos, pues en sus atados o baúles exhibían todo, desde alfileres hasta ropa y perfumes importados.

Esta vez lo lograron de nuevo.

El galpón no sólo pudo ser reconstruido, sino que se le agregaron mejoras: se rellenaron columnas para que quede más fuerte la estructura, se colocaron chapas de fibra de vidrio para que entre luz natural y se agregaron cabreadas. Y como si eso fuera poco, el armado de la comparsa marcha viento en popa.

 

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