Concepción del Uruguay, una ciudad elegida por alumnos y estudiantes

A partir de setiembre, cada año, esta ciudad se llena de voces niñas o juveniles con tonadas diversas. Bajan de ómnibus, por lo general, frente a la Basílica, y desde allí inician un recorrido por la historia de su país. Porque aquí todo es historia.

 

 

Se reproduce entonces una historia más que centenaria: cuando las calles de tierra, las casonas bajas de una ciudad sin luces ni atractivos, las penumbras del atardecer, registraban el andar de jóvenes que provenían de centenares de kilómetros, de Corrientes, de Formosa, de Tucumán o el Paraguay. Eran jóvenes que llegaban para estudiar en el primer colegio laico del país. Pronto sería el edificio más importante de la ciudad, una característica de todo Entre Ríos, los edificios antiguos más señoriales, más distinguidos, imponentes en su dimensión, son los destinados a la educación.

Un siglo y medio atrás venían los estudiantes y luego partían a desparramar sus conocimientos, a convertirse en figuras expectables de una Patria que recién se convertía en Nación. Cuatro fueron presidentes de la Nación, otros vicepresidentes, y un sinfín de ministros, legisladores, médicos, y por qué no, sabios.

Hoy llegan desde todos lados a conocer y tener la vivencia de transitar por la historia. En este octubre, agotado de vientos de primavera, también llegaron. Y elegimos un testimonio.
Dejemos hablar a la uruguayense, que luego de estudiar en su ciudad, eligió para desarrollar su profesión docente, el frío del sur, el blanco paisaje de la nieve, las cercanías de los Andes.

 

“Soy María José Tornero, profesora de Historia en la Escuela Francisco Pascacio Moreno, en la ciudad de El Bolsón, provincia de Río Negro, en la Comarca Andina 42, a 120 km. de San Carlos de Bariloche. Tengo la cátedra de Historia en 1°, 2° y 3er. año, es decir, enseño todo el período de la formación de nuestra Patria y de la Organización Nacional. Un día, imprevistamente, se suscitó un diálogo con los chicos, que me preguntaron: ‘Profe, ¿y todo eso pasó en su ciudad? No se me ocurrió otra respuesta que: Sí, claro, ¿no les gustaría hacer un viaje y conocerla? La respuesta espontánea no podía tener otro carácter: contundentemente afirmativa.

Ahí comienza una tarea complicada, difícil y en la que hubo que poner mucho empeño, y un gran esfuerzo y trabajo de los chicos. Buscar una empresa de transporte, juntar el dinero, con rifas, fiestas, en fin, todo. Un viaje de un día y medio de ida, otro día y medio de vuelta; y una semana para visitar todo. Desde fines de marzo se comenzó a trabajar para el viaje. Y se iniciaron los contactos con mis familiares, a quienes les conté el proyecto y se entusiasmaron; con la Municipalidad de Concepción del Uruguay, desde donde se trabajó muchísimo, a la par nuestro para que pudiera concretarse el viaje.
La charla, con los padres, que no fue fácil. Chicos que iban a realizar un viaje de más de dos mil kilómetros, atravesando siete provincias. Llegamos luego de muchas vicisitudes. Cuando pasamos la puerta de ese inmenso Colegio del Uruguay, un chico me dice: ´Profe, ¿esta es una escuela pública? Mire, la escuela nuestra es como un cuarto de este patio´. Es cierto, nunca habían visto una escuela tan grande. La nuestra es una Cooperativa de Servicios Educativos, y nosotros, los docentes somos los socios de esa Cooperativa; pero es un edificio pequeño, además alquilado.

 

 

 

Nos atendieron muy bien en el Colegio, es una pena que no recuerde el nombre del guía, que les habló de la historia, en forma de cuento, que les encantó. Y así como en el Colegio, nos guiaron por la ciudad, nos hicieron todo el circuito histórico. Aprendieron este tramo de la historia argentina de una forma que no se olvidarán jamás; saben muy bien ya cómo se organizó el Estado nacional y cómo fueron las luchas. Fue una experiencia maravillosa, en la que los chicos pudieron admirar paisajes totalmente distintos a los que están habituados.

María José quiso cerrar su relato; lo hizo en forma entrecortada por la emoción que le provocaba el recuerdo de tantas atenciones, que tantos uruguayenses hayan atendido y agasajado tan bien a sus alumnos, y que era a partir de ahora, un nuevo orgullo que podía exhibir. El trato de sus coterráneos para con los otros. A los que no conocían.

 

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