Conocer para desobedecer

“Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema. El saber rompe las cadenas de la esclavitud”, decía Tomás Bulat, aunque refiriéndose a la pobreza desde un término materialista. Hoy creo que estudiar sigue siendo el acto más rebelde contra el sistema, pero no solamente desde un extracto social económico, sino desde cualquier óptica desde donde se lo mire.

 

Por Felipe Martínez Garbino (*)

Especial para Infoner

Estamos viviendo una etapa de conflicto, entre un sistema donde sobresale aquel que tiene una mayor capacidad de acumulación de conocimientos, y una generación “sprayette” (del “llame ya”) que busca el éxito inmediato, cortoplacista, que no toma riesgos ni se planifica a futuro. Pero que por sobre todas las cosas, va perdiendo el hábito de lectura y ese valor de la curiosidad y la duda, que nos mantiene despiertos.

“Los jóvenes debemos estudiar, y estudiar fuerte” dijo “El Che” Guevara, quizás el ícono joven revolucionario más emblemático de nuestro país, y del continente. Y no se equivocaba, en aquel momento decía que quedarse con sexto grado iba a ser sinónimo de analfabetismo, por el avance del sistema, y hoy podemos decir que tener una carrera de grado ya no nos garantiza un saber suficiente para poder sobresalir o ser exitosos en lo que nos propongamos, y no es algo que se profundice haciendo posgrados, ni maestrías; hoy hay que leer, interesarse, acumular conocimientos.

El avance de las sociedades depende de la capacidad de sus habitantes, no tanto de la acumulación de riquezas, sino del capital intelectual. Un claro ejemplo es nuestro país, si hacemos un breve y vago análisis de las primeras universidades públicas, podemos ver rápidamente que las primeras fueron creadas en las provincias más desarrolladas de nuestra patria, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de La Plata, la Universidad de Córdoba, la Universidad de Tucumán, la Universidad del Litoral (Santa Fe), todas antes de 1920 y, como dije, corresponden con las provincias o los centros urbanos más desarrollados que tenemos. El conocer libera, nos corre un poco más ese velo de ignorancia que nos hace dependientes. Dependientes de lo que nos dicen o de lo que escuchamos, y siempre que decidimos no saber más, estamos delegando ese conocimiento, lo que nos vuelve subordinados y sumisos ante quienes sí tienen ese conocimiento, y ante quienes nos volvemos completamente vulnerables ya que nos pueden decir absolutamente lo que quieran, hasta incluso estando errados, porque simplemente, ignoramos.

Es tan peligroso el resignarnos a no estudiar, como también el creer que ya no nos queda nada por conocer, o que lo conocemos todo. Porque nuestro campo de ignorancia es infinito y mientras menos lo exploremos, más dependientes somos. La ignorancia es la esclavitud del siglo XXI. Aquel que tiene afán por conocer, rompe cadenas, y mientras más conocimiento acumule, más rebelde es, más se enfrenta contra el sistema que nos quiere estabilizados.

 

(*) Estudiante de abogacía (UNLP) Miembro de la comunidad CIAS. Peronista, latinoamericanista.

Comentarios

About the author  ⁄ Infoner