Crimen de Fernando Pastorizzo. Declararon seis testigos, entre ellos, la abuela de Nahir

Con Nahir presente en la sala, a la hora 9:15 de este martes 19 de junio comenzó la octava jornada de declaraciones testimoniales del juicio por el crimen de Fernando Pastorizzo.

El primero en declarar fue Víctor Adriel García, ginecólogo del Sanatorio Adventista del Plata, quien empezó a atender a Nahir el 30 de diciembre de 2017.

El 22 de diciembre de 2017, durante un examen físico, le descubrió una “lesión interna en el muslo izquierdo”, además de “moretones suaves en los brazos”. Cuando le preguntó qué le había pasado, Nahir le dijo que “había salido, había tomado algo y no recordaba cómo se los había hecho”.

La segunda testigo fue Elisa Beatriz Serorena, vecina de la familia Galarza, quien brindó detalles sobre las inconveniencias de vivir en ese barrio donde, durante el verano, funcionan muchos bares y boliches. “La vida que tenemos en esa zona es un infierno. Orinan, vomitan y tienen sexo en la calle. Los cuatro días de carnaval son los peores” y “la situación ha ido empeorando” desde que juntó firmas de vecinos y presentó una nota en el Municipio, el 17 de diciembre de 2014.

El tercer testigo, el policía Juan Cruz Ramírez, se explayó sobre el tipo de trabajo de la Dirección de Prevención de Delitos Rurales, de la cual fue jefe Marcelo Galarza, el padre de Nahir. “Se formó una convivencia en el grupo, el jefe siempre usó munición en recamara y sin seguro pero eso era una elección de cada uno”, describió. Y respecto del arma 9 mm dijo que para la seguridad “hay que tener un poco de conocimiento, la puede manejar cualquiera porque los seguros son fáciles de poner y sacar”, y en ese sentido agregó que “alguien sin conocimiento, en estado de tensión puede asustarse y es muy probable que se escape un disparo”. Hizo referencia al “espasmo muscular” que tiene una persona en tensión, en situación de miedo. Sostuvo que “el miedo te juega en contra” y que por eso se pueden escapar disparos.

En cuarto lugar declaró el instructor de tiro Eduardo Javier Acuña, a quien la defensa de Nahir le preguntó si siendo estudiante o capacitando a otros se producían disparos involuntarios, a lo que respondió que “sí, en varias oportunidades”, y agregó que “existen armas más sensibles”, e incluso “se pueden sensibilizar”.

Seguidamente, declaró otro policía, Sergio Emanuel Cabral, quien trabajó al mando de Marcelo Galarza durante dos años. Ante las preguntas referidas al uso de armas, este testigo dijo que está “prácticamente garantizado” que se produzcan disparos involuntarios cuando la pistola tiene la munición en la recámara y sin seguro. También dijo que “en caso de personas que no tienen conocimiento de armas, es común aferrarse al arma y que en estado de exaltación podrían darse tiros reiterados”.

Finalmente, declaró la abuela paterna de Nahir Galarza, Brígida María Gálvez, cuya casa está abajo de la de Nahir, su hermano, su mamá y su papá. Aseguró que a Fernando lo conocía “de paso” y que una madrugada ella salió de su casa sobresaltada por los gritos que escuchaba. “Era la voz de mi nieta y ella gritaba ‘soltame, soltame’, la tenía agarrada de los pelos y del cuello. Yo le grité fuerte y la soltó, agarró la moto y se fue. Después ella me dijo ‘Por favor abuela no les digas nada a mis padres”.

En otro momento de la declaración, la señora señaló que el único que se fue de vacaciones con la familia de Nahir fue Fernando, pero no lo nombró como a un novio de su nieta. “Ella tenía sus amiguitos. Conmigo es cariñosa, educadita pero no tiene la confianza para contarme cosas de su intimidad”.

 

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