Crítica literaria de “Cuentos de la Villa Popular”

Digno discípulo de Quiroga no solo por el regionalismo y la visión del mundo. Sigue el Decálogo de buen cuentista.
Los Cuentos de la Villa Popular no pierden tensión ni unidireccionalidad. Una vez que el narrador dispara la flecha la velocidad se lleva por delante al lector y se clava en el blanco para sorprenderlo.

 

Por Marta Ledri, profesora en Letras y escritora

 

Un libro de cuentos ofrece múltiples posibilidades. Cada cuento puede desarrollar su intriga de forma autónoma o asociarse con el resto por alguna de las categorías narrativas presentes en toda historia.
En Villa Popular, conformada por doce cuentos, el narrador ha elegido crear un espacio que se convertirá en un microcosmos ficcional.

Así como García Márquez dio existencia a Macondo habitada por una estirpe, la de los Buendía condenada desde el comienzo a un descendiente con cola de cerdo y a repetir cada miembro en la soledad, la misma historia, así como existe Comala, creación de Juan Rulfo sobre la base de su Jalisco natal donde todos sus habitantes han muerto, o matan por los susurros, así existe Villa Popular.

Espacios o más bien lugares que solo pueden ubicarse en un planisferio literario y fictivo, aunque no tanto. El narrador ha dado origen a una villa donde precisamente es el pueblo el que la habita. Hombres comunes. Pescadores, el intendente, el tendero, los fiesteros, los guitarreros. Pero el habitante más portentoso, más importante o sea el protagonista con atributos épicos y de agonista trágico es el río.

Sabemos por datos biográficos cuál es el lugar de inspiración del autor, pero también podemos prescindir de él. No es necesario conocer Islas, el delta, para sentirnos atrapados en la red de cada historia. Somos peces en el anzuelo del nudo, del clímax que cada cuento contiene.

Sin pretender clasificar esta obra me atrevo a decir que bien puede ser clasificada como realista, aunque el elemento mágico propio de la literatura latinoamericana se filtra en una armoniosa convivencia. Entonces el ceibo se abre en flores celestes, la guitarra se astilla de amor, un ángel visita la comarca, se alfombra el suelo de mariposas muertas o los dioses tutelares aprovechan la siesta para seducir muchachas y hasta se intenta detener mediante una máquina al estilo del delirante José Arcadio, la creciente.

La naturaleza esta siempre en acecho. El hombre no ignora el peligro y reconoce los signos. Siempre está listo para trasladarse a los cerros, resignado a perder sus pocas pertenencias y callar, tanto callan los habitantes que una epidemia los deja mudos. No pueden revelarse contra el poderío del río y el olvido de los que tienen el poder.
Cuentos de arquitectura impecable donde la tripartición de introducción, nudo y desenlace se pueden observar con facilidad.

Digno discípulo de Quiroga no solo por el regionalismo y la visión del mundo. Sigue el Decálogo de buen cuentista.
Los Cuentos de la Villa Popular no pierden tensión ni unidireccionalidad. Una vez que el narrador dispara la flecha la velocidad se lleva por delante al lector y se clava en el blanco para sorprenderlo.

Económico en sus diálogo pero realistas, espontáneos, con el dialecto propio del isleño. Descripciones breves pero estéticas que demoran prudentemente la acción.

Personajes con nombres, amables o de temer. Villa Popular es un territorio de agua y tinta al cual una vez que entramos no queremos dejar la canoa de la lectura y desembarcar en el muelle de la realidad. La creciente del goce nos lleva a la deriva.

 

EL AUTOR

Andrés Honorio Casaretto nació el 16 de octubre de 1963 en Rosario del Tala, Provincia de Entre Ríos. Vive en Maciá. Es Maestro y Licenciado en Educación, con especializaciones en Planeamiento Educativo, Investigación Educativa y Gestión Institucional.

Enamorado de las diversas artes ha pretendido ser músico, artesano, poeta, compositor y escritor de cuentos regionalistas. Se ha desempeñado en todos los niveles del sistema educativo. Actualmente se dedica a realizar tareas de capacitación, investigación y formación en el IFD Maciá y en la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader.

Padre de Lucrecia Casaretto, Andrés “Zitto” Casaretto y Juan Pablo Casaretto y nono (por ahora) de Agustina Troncoso Casaretto. Desde el primer día del año 2018 revista como docente jubilado.

En 2017 publicó “Entre Ríos al sur” junto a Luis Luján (con prólogo en primera edición de Orlando Van Bredam y prólogo en segunda edición de María Eugenia Faue).

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