Crónica de una crisis económica anunciada

Si bien la crisis es muy profunda, arrastra y marca un problema que tenemos desde 2011: la economía no crece, no se crea empleo privado, la tasa de inversión es notablemente baja, hay caída de productividad e incertidumbre en un contexto en el que la alta inflación no da tregua.

 

Por Marisol Gonzalo – Contadora y Lic. en Administración

Para entender por qué estamos como estamos sin caer en el error de culpar en todo al gobierno de Mauricio Macri, es necesario recapitular:

Hacia fines de 2015, en pleno punto de partida, había problemas de inconsistencias muy fuertes para resolver, como la escasez de reservas y un nivel inflacionario claramente alto (contenido por el atraso cambiario y el congelamiento de tarifas). En ese contexto, había que administrar una situación con un margen de acción muy limitado ya que no se contaba con los mecanismos de financiamiento necesarios. Además de los niveles altos de la presión impositiva y del gasto público.

Si bien hubo un leve proceso de recuperación de la economía desde finales de 2016 hasta el primer trimestre de 2018, desde entonces, factores exógenos y errores propios llevaron a una situación muy complicada.

Así y todo no hay que dejar de reconocer que el Gobierno, con sus aciertos y errores, y una receta macroeconómica, evitó que se produjera una explosión como la de la hiperinflación o la de 2001/2002. Incluso se podría decir que en términos de consistencia macroeconómica en este último año se lograron avances significativos: en los números fiscales, en el balance financiero del Banco Central y el balance comercial. Sin embargo, los efectos colaterales de este programa fueron mucho más negativos de lo previsto. Y esto es lo que afecta el actual humor social, con aceleración del proceso inflacionario, caída del empleo e incertidumbre sobre la posibilidad de recuperación. Vivimos un dilema muy particular, con mayor solvencia en los niveles macroeconómicos por un lado y una notable caída del bienestar de la población por otro.

 

Foto: Ámbito

 

 

Hay dos temas muy escuchados por estos días y sobre los que me gustaría detenerme: la inflación y el riesgo país.

A la inflación se la ha estado atacando con control de la emisión monetaria y manejo de la tasa de interés, lo cual es importante, pero no suficiente para la complejidad que tiene todo el sistema de formación de precios en nuestro país. Aquí hay una historia inercial muy fuerte y componentes de costos que se expresan con total claridad en la actualidad de los últimos meses.

El componente inercial está inmerso en nuestro ADN como argentinos y nos muestra como todos nos intentamos cubrir o directamente ganar en el próximo mes, suponiendo que la inflación se va a acelerar. En este contexto, es necesario un mecanismo de coordinación integral de todo el sistema de precios y de ingresos.

Creo que es fundamental hacer algo para modificar este comportamiento inercial de la gente y en este sentido son interesantes las medidas anunciadas recientemente en pos de intentar darle a la sociedad una perspectiva de que puede haber un control de la situación económica. Aún estamos a tiempo de generar un ejercicio colectivo para salir adelante y evitar una crisis económica mayor.

Nuestro segundo punto: el riesgo país, un indicador que hace tiempo venía siendo seguido solo por los especialistas, ha vuelto lentamente a aparecer en las primeras planas y a ser objeto de comentarios por parte de no pocos ciudadanos comunes. Este indicador mide la sobretasa de interés que debe pagar un país por sobre la tasa que pagan los Bonos del Tesoro de los Estados Unidos y sirve para estimar, en cierto modo, las probabilidades de que un Estado no cumpla con sus compromisos de deuda.

Desde el Gobierno se viene insistiendo en que la suba del riesgo país, que se desprende de ventas de bonos de deuda argentinos en poder del público y de fondos de inversión, debe atribuirse fundamentalmente a la incertidumbre política de cara al actual año electoral.

 

Captura de pantalla de la versión on line del diario argentino La Nación del 3/5/2019

Sin embargo, hay otros factores que potencian la incertidumbre…

Uno de ellos es la posibilidad de que la recuperación económica sea más lenta de lo esperado, lo cual podría impactar en las perspectivas electorales, al igual que el freno a las obras públicas ante la falta de financiamiento. A esto le sumamos un contexto internacional complicado, en función de expectativas de desaceleración del crecimiento de la economía mundial. Todos estos temores provocan un miedo mayor: que hacia 2020, cuando la Argentina deba volver a colocar deuda en el mercado internacional, tras el acuerdo con el FMI, el país no esté en condiciones de hacerlo si las tasas se ubican en niveles parecidos a los actuales.

 

Para entender por qué impacta tanto la economía micro en el humor social…

El sistema productivo que un país logre configurar y, por lo tanto, las políticas económicas que diseñen esa estructura tienen su repercusión, en última y fundamental instancia, en la vida de las personas. Ya que «la economía» de un país influye, en definitiva, en cuestiones relativas a la calidad de vida y a la manera en que la persona se vincula con los demás y con la sociedad como un todo. Y es el trabajo lo que en buena medida le da forma y sentido genuino a las conexiones y actúa como gran motor de la economía.

Algunos factores concretos que hacen a la construcción de la calidad de vida y de los vínculos sociales son: las condiciones individuales y del entorno para poder acceder a una actividad laboral; la posibilidad de recibir ingresos que sean suficientes y estables, la chance de lograr una gestión equilibrada del tiempo que permita prever, y la oportunidad de contar con servicios de cuidados de la salud, con protección ante contingencias y con aportes para un ingreso en la etapa posterior al retiro. Un punto a destacar en el comportamiento colectivo como sociedad es que en momentos de crecimiento fomentamos automáticamente el aumento del consumo público y privado, en muchos casos financiado por una burbuja financiera. Como eso no es sostenible, después vienen los ajustes terribles. Esto de no haber puesto un modelo de crecimiento con fomento en el ahorro, la inversión, la innovación y la educación, combinado con el exceso de gastos públicos y privados ajenos a la riqueza generada, ha tenido efectos muy negativos y dañinos.

Cuando se observa y analiza lo que ha sido la historia de nuestro país en los últimos 40 o 50 años, se ve que generamos un equilibrio de economía política mediocre; por mucho tiempo fuimos una economía altamente cerrada, que no generó procesos de inversión sostenibles para que haya empleos de calidad en el largo plazo. Debemos aprender a mirar los componentes estructurales detrás de los problemas subyacentes y llevarnos a la reflexión no solo a los sectores políticos, sino a toda la sociedad.

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