Crónica de una derrota anunciada (pero digna al fin)

El final de la historia fue menos grave para el presidente (ahora sí, saliente), de lo que se esperaba. Finalizado el escrutinio, Alberto Fernández, candidato del justicialismo unido y otros grupos englobados en el Frente de Todos, y secundado por la ex presidenta y ahora vicepresidenta electa Cristina Fernández de Kirchner, se impuso con claridad en primera vuelta, sin necesidad de ballotage, con poco más del 48,10% de los votos positivos, contra el 40,37% de la fórmula Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto, del frente oficialista Juntos por el Cambio. El Frente de Todos se impuso en todos los distritos menos CABA, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, Santa Fe y San Luis.

Por Felipe Galli

La victoria de Fernández ya era vista como dada por prácticamente, todo el mundo, desde las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) de agosto. Del mismo modo, el estilo de campaña de Macri con el eslogan “La damos vuelta” era tomado casi como un chiste. Si bien se consideraba que Macri absorbería algo del electorado del libertario José Luis Espert, del derechista Juan José Gómez Centurión, y tal vez un poco del de Roberto Lavagna, nadie esperaba que lograra superar el 40% de los votos.

Con este resultado, Macri se convierte en el primer presidente argentino que busca la reelección y la pierde, pero de cara a la opinión pública y, no dudo que cualquier analista estará de acuerdo, lo importante es que es el primer presidente no peronista que llega tan lejos como para buscarla y, sin lugar a dudas, será el primero en finalizar con éxito su mandato en tiempo y forma, el 10 de diciembre.

Del mismo modo, Fernández, que fue el primer candidato desde Eduardo Duhalde en 1999 en ser apoyado, al menos nominalmente, por casi la totalidad del Partido Justicialista, no logró el triunfo que se esperaba, obteniendo tan solo unos 267.000 sufragios más que en las PASO, mientras que el presidente saliente repuntó más de dos millones y medio. Con un 88,47% entre ambos candidatos, se trató de la contienda más polarizada desde 1983, cuando Alfonsín y Lúder acapararon unidos un 91,91% de las preferencias.

La alianza justicialista-kirchnerista ganó la elección legislativa con 64 de las 130 bancas en disputa contra 55 de la alianza radical-macrista y 3 de Consenso Federal (el resto se distribuyó entre otro partidos menores), y obtuvo 13 de los 24 senadores que se disputaban. El Frente de Todos recupera con esto el control del Senado (que quedará con 39 bancas del nuevo gobierno, contra 28 del anterior), pero la Cámara de Diputados permanecerá con una primera minoría de JxC (dando por seguro que mantendrán un interbloque unido).

La actitud de Fernández desde su abrumadora victoria en las PASO hasta ahora fue la de un candidato que hacía campaña como si pudiera perder, con el evidente propósito de impedir que, dando la imagen de un “presidente ya electo”, una parte del electorado más dudoso reaccionara negativamente a lo que puede considerarse un retorno a la actitud “soberbia” que muchos achacan a un kirchnerismo que, desgastado tras una década de gobernar sin una oposición fuerte, fue derrotado en 2015.

Macri apeló ferozmente al “voto útil” en toda su campaña, y los más afectados por este fenómeno fueron Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert.

Espert y Gómez Centurión fueron las dos sorpresas del año electoral. Reflotando la clásica imagen del “pelado de derecha”, se convirtieron en candidatos que, si bien no tenían la más mínima posibilidad de ganar, sí podían significar la diferencia entre una derrota y un ballotage para Macri.

Sin embargo, los dos candidatos sufrieron fuertes descalabros, en gran medida debido a la ya mencionada fuga de votos hacia Macri y al abandono de ambos por parte de sus propios candidatos a legisladores o gobernadores (destacando el candidato a gobernador de Buenos Aires de Gómez Centurión, que publicó un vídeo llamando a no votarlo, sino a apoyar a Macri y Vidal). Con eso y con todo, el ex veterano de Malvinas logró retener más electorado que el economista libertario, Espert.

Debilitado por la serie de medidas judiciales de las que denunció haber sido víctima por parte del gobierno de Macri con la supuesta finalidad de boicotear su candidatura, Espert quedó último con un 1.47%, el primer candidato desde la instauración de las PASO en 2011 que, luego de haber superado el piso del 1.50%, no logra retener, al menos, ese porcentaje en las generales. Un gran derrumbe y una gran decepción teniendo en cuenta el 5% de piso que muchos sondeos le habían llegado a augurar.

La izquierda no dio ninguna sorpresa y, por primera vez, no saldrá en los medios a decir que tuvo una elección histórica… ni mucho menos. No obtuvo ningún diputado y Nicolás del Caño obtuvo menos votos que en 2015, cuando el Movimiento Socialista de los Trabajadores (que en distritos como nuestra propia provincia, Entre Ríos, representa todo el voto de la izquierda) aún no formaba parte del FIT. Los izquierdistas retuvieron, al menos, el cuarto puesto, por un mayor margen por el que se lo “rasparon” a Gómez Centurión en las primarias.

Con respecto a Lavagna, la “tercera opción que no fue”, este se vio desgastado por los cuestionamientos a su edad avanzada y hablar lento (que fue cruelmente retratado en parodias y vídeos de los debates presidenciales). Sin embargo, conservó un 6% (le fue mejor que al tercer candidato en la elección más polarizada, Alende, en 1983, que obtuvo poco más del 2.3%) y fue uno de las primeras figuras en ser aludidas por el presidente electo, por lo que ahora no se descarta que forme parte del naciente oficialismo peronista y colabore con el gobierno de Fernández, que se ha negado a anunciar su gabinete sino hasta diciembre, a fin de evitar un “desgaste mediático”.

Escenarios provinciales: Buenos Aires, CABA, Catamarca y La Rioja

Nuestra dudosamente federal cultura electoral centró mediáticamente los escenarios de la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal, omitiendo de una manera casi descarada el hecho de que otras dos provincias eligieron gobernador: Catamarca y La Rioja. Ahora analizaremos el escenario provincial completo.

Buenos Aires: Kicillof arrolló a Vidal

En Buenos Aires sí que no hubo sorpresa alguna. El resultado de las PASO se profundizó completamente y María Eugenia Vidal (que recurrió desesperadamente a esfumar la imagen de Mauricio Macri de su campaña tras la debacle de agosto) resultó derrotada por un margen de casi catorce puntos por el abanderado del Frente de Todos, Axel Kicillof, cuyo triunfo implica un fortalecimiento del kirchnerismo y una notoria revancha luego de la pérdida de Aníbal Fernández en 2015.

Vidal fue de las primeras figuras del oficialismo en reconocer públicamente la derrota y felicitar a su oponente, además de agradecer a la militancia macrista por permitir “que Juntos por el Cambio siga siendo una alternativa”.

CABA: Larreta ganó en primera vuelta y refuerza su caudal político

Una de las “pequeñas sorpresas” de la jornada fue la rotunda victoria en primera vuelta del jefe de gobierno macrista de Capital Federal, Horacio Rodríguez Larreta, que obtuvo el 55,83% de los votos contra el 35,12% de Matías Lammens, ex presidente del Club Atlético San Lorenzo y candidato del Frente de Todos. A pesar de su derrota, Lammens logró el mejor resultado para el PJ porteño en casi toda su historia, quedando solo por debajo de los porcentajes logrados por el propio Perón en las elecciones presidenciales de 1951 y 1973. Sin embargo, todo eso queda eclipsado por el hecho de que Larreta es el primer jefe de gobierno que evita ballotage desde que se autonomizó la Capital (De la Rúa fue electo en 1996, cuando aún no se implementaba el sistema de segunda vuelta, y en 2000 Ibarra obtuvo más del 49% de los votos y Domingo Cavallo, con un 33%, se bajó del desempate).

Larreta triunfó en casi todas las comunas, menos en la 4 y en la 8, donde ganó Lammens, y JxC retuvo la mayoría absoluta en la legislatura. Mientras que el PRO es hegemónico en la ciudad desde su fundación entre 2003 y 2005 (salvo el ballotage de 2003, que ganó Ibarra, ha sido la fuerza más votada en todo proceso electoral local), fue con Larreta con quien alcanzó su mayor apogeo: de ganar por muy poco la segunda vuelta de 2015, creció hasta lograr más del 50% de los votos por primera vez en 2017 y, ahora, a retener la jefatura de gobierno en primera instancia y en plena debacle macrista.

Este resultado, sumado a la derrota de Mauricio Macri en las presidenciales, deja al jefe de gobierno reelecto como una de las principales figuras de la derecha y centroderecha argentina, y seguramente, junto con el gobernador electo de Mendoza Rodolfo Suárez, el jujeño Gerardo Morales y el correntino Gustavo Valdés, retendrán el control provincial de la alianza entre la UCR y el PRO (suponiendo que esta sobreviva).

Catamarca: El PJ retuvo la gobernación abrumadoramente y Corpacci será diputada

Salvo en 1983, 1995, y 2015, Catamarca rara vez ha unificado la elección provincial con la nacional, y tradicionalmente es de las primeras provincias en renovar la gobernación. Su resultado, en algunas ocasiones, anticipó a un triunfo presidencial ocurrido meses más tarde, y si bien el distrito solo representaba alrededordel 2% del padrón, algunos presidentes prestaron atención a una contienda catamarqueña como una suerte de cábala: Carlos Menem apostó a una victoria del peronista Ramón Saadi en 1999 como una suerte de plesbicito sobre una tercera postulación. Su derrota por diez puntos ante el radical Oscar Castillo dejó muy mal parado al menemismo en su bastión en el norte y de algún modo reforzó en las encuestas la posición de Fernando de la Rúa, que ese año ganó por un margen similar la presidencia de la Nación.

En 2011, el radicalismo perdió la gobernación por primera vez en veinte años cuando Lucía Corpacci derrotó a Eduardo Brizuela del Moral (que buscaba un tercer mandato), poniendo fin no solo a dos décadas de gobiernos radicales, sino también a varias décadas de dominaciones familiares: Corpacci fue la primera gobernadora que no venía de las familias políticas Barrionuevo, Brizuela, Castillo o Saadi (entre otras), presentes en los dos partidos. El resultado fue también el final de una mala racha para el kirchnerismo tras su derrota legislativa en 2009 y la muerte de Néstor Kirchner en 2010, llevando a Cristina Fernández a una aplastante reelección en octubre.

Finalizando su segundo mandato con elevada popularidad, Corpacci hubiera podido optar por un tercer mandato y las encuestas le pronosticaban un amplio triunfo, pero en parte debido a sus posturas contrarias a la reelección indefinida (que todos sus predecesores, peronistas y radicales, omitieron abolir), resolvió declinar este año en favor de Raúl Jalil, intendente de San Fernando del Valle de Catamarca. Sin embargo, solo cambió de lugar en la boleta, yendo como primer candidata a diputada nacional.

Los radicales, que postularon a Roberto Gómez, se ilusionaron con la salida de Corpacci, pero finalizado el escrutinio provisorio y en una repetición casi exacta del resultado de las PASO, Jalil ha logrado un abrumador triunfo con el 60,40% de los votos contra el 33,46% del candidato de JxC. Retuvo además la mayoría absoluta del justicialismo en la Cámara de Diputados y el Frente de Todos ganó en los ocho departamentos (Ambato, Andalgalá, Belén, Capital, Fray Mamerto Esquiú, Pomán, Santa Rosa, y Valle Viejo) que renovaban senadores departamentales. El radicalismo perdió Valle Viejo y ahora solo le quedan los dos senadores (Ancasti y Paclín), que ganó en 2017.

No obstante, JxC demostró que la polarización sigue siendo fuerte y la provincia, en esencia, profundamente bipartidista. Los dos diputados nacionales que se disputaban quedaron en manos del Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Las terceras fuerzas, representadas por Consenso Federal (espacio conducido por Roberto Lavagna en la nación y por Luis Barrionuevo en la provincia) y el Partido GEN que a nivel nacional lidera Margarita Stolbizer, no lograron superar el 8% de los votos las dos juntas.

La Rioja: El radicalismo no ganó la gobernación, pero sí la intendencia

La Rioja era la última apuesta que hacía Juntos por el Cambio (mayormente representada por el senador radical Julio Martínez) de sumar alguna gobernación fuera de las que ya tenía. Martínez ganó las elecciones legislativas de 2017, derrotando a Carlos Menem en la contienda por el senado en fórmula con su correligionaria Inés Brizuela y Doria.

La provincia está bajo el control del PJ desde 1983, y había resistido a todos los declives del peronismo nacional. Sin embargo, incluso en plena debacle peronista, se esperaba que el desgaste, los escándalos en torno a la intentona del gobernador saliente Sergio Casas de volver a presentarse, y la deserción y candidatura por fuera de su predecesor, Luis Beder Herrera, dieran a Martínez el empuje para ganar la gobernación.

Sin embargo, el radical perdió un aliado importantísimo cuando Alberto Paredes Urquiza abandonó JxC tras las PASO para apoyar a Beder Herrera (a pesar de su anterior enfrentamiento), y buscar la reelección bajo su espacio.Finalmente, el candidato del Frente de Todos, el ex intendente de la capital Ricardo Quintela, se impuso con holgura, pero Martínez retuvo el segundo puesto y relegó a un tercer lugar “incómodo” a Beder Herrera que, sin embargo, logró un sorprendente corte de boleta a su favor (teniendo en cuenta que, si bien apoyó a Fernández a nivel nacional, no se le permitió unificar boleta con él).

Sin embargo, no todo fue pesadumbre en el espacio de Martínez. Su compañera en el Senado, Inés Brizuela y Doria, arrebató por estrecho margen el control de la capital provincial al peronismo dividido, y Paredes Urquiza se ubicó tercero (ahí sí, muy cómodo) atrás de la fórmula íntegramente femenina del Frente de Todos, compuesta por Teresita y Gabriela Amoroso. Lo sorprendente de la victoria de Brizuela y Doria (aunque ínfima en términos numéricos) es que logró hacerlo con un binomio puramente radical, acompañada por Guillermo Galván, que vuelve a su partido después de haber coqueteado algún tiempo con el radicalismo “disitente”.

El resultado es por demás irónico si se tiene en cuenta que una debacle que caracterizó al radicalismo este año, por encima de ser el único partido de JxC que retuvo u obtuvo gobernaciones fuera de la Capital, fue la pérdida de muchas capitales provinciales cuya intendencia controlaba (Córdoba, Santa Rosa, Paraná, entre otras). La victoria de Brizuela y Doria y la derrota de Paredes Urquiza, así como la persistencia de internas en el peronismo local, deja la puerta abierta para que la UCR riojana siga confiando en conservar la hegemonía del voto opositor para poder dar un batacazo en el futuro.

Conclusión

Concluyendo con la elección nacional, la misma demuestra que, si bien Fernández obtuvo un triunfo claro, el pueblo no le ha “regalado” la presidencia, ni mucho menos se puede considerar que hayamos vuelto a una “democracia delegada”, en la que la gente solo ejerce acto de presencia por medio del voto y no existe la participación. Del mismo modo, ha quedado claro que no basta con apelar al odio para ganar una elección, sobre todo si no se ha dado la más mínima muestra de una gestión presidencial “pasable”, como le pasó a Macri.

Ambos espacios tendrán que demostrar, en los siguientes dos años, que están a la altura del mandato popular que recibieron: uno como gobierno y el otro como oposición. El papel de Cristina Fernández de Kirchner en el nuevo gobierno como vicepresidenta electa también es objeto de controversia (mientras que gran parte del voto de Fernández fue “gracias a…”, no se puede negar que en ese 48,10% hay un igualmente grande “a pesar de…”). En el complejo escenario que vive la Argentina, una nueva interna entre el presidente y su vicepresidenta, tal y como sucedió con la misma Fernández de Kirchner en 2008 con Julio Cobos, no sería para nada propicia para la situación económica.

No me cabe duda de que la elección legislativa de 2021 será aún más definitoria, por la definición de las alianzas kirchnerista-peronista y radical-macrista, pero todavía es demasiado pronto.

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