Crónica de una presentación. Je suis Mimí, de Sabina Melchiori

«Cada vez que pueda acompañaré a aquellos adolescentes que tuve en el aula y que hoy me enseñan», dijo Marta Ledri, escritora, profesora de Lengua, Literatura y Gramática Histórica. Estuvo en la presentación del libro Je suis Mimí que se realizó este viernes en el Instituto Magnasco.

 

 

 

Me conmueve entrañablemente ver a Sabina Melchiori consolidada en su labor periodística. Fue mi alumna en cuarto y quinto año del secundario. La sigo en sus posts recorriendo distancias junto a Celso (Bel) sin perder la sonrisa. Conozco de su afán por mantener Infoner, la revista digital que le legara su fundador Enrique Benvenaste.

Sabina es investigadora nata y excelente escritora. Incansable y pertinaz con el micrófono a la hora de informar. Es madre de dos niñas pequeñas y acompaña la labor artística de Damián, su esposo. Conforman una preciosa familia. Sabina se da tiempo para todo. Es joven, comprometida, y apasionada con su trabajo.

Hoy asistí a la presentación de Je suis Mimí, la biografía de Noemí Guastavino, en el Instituto Magnasco que por años contó con su colaboración.

Sabina, casi a modo de una representación teatral, bajo una lámpara encendida, junto a una mesa que exhibía el retrato de una Mimí joven, porque toda biografía es desandar un tiempo, junto a un ramo de flores y acompañada por la melodía de un tango nos trasladó a las primeras décadas del S. XX. Leyó el primer capítulo con voz dulce y amena. Fluyó la sintaxis narrativa sin tropiezos. Sospecho que es un libro para leerlo de “un tirón” y que me espera para disfrutarlo, cuando mi mesa de trabajo se descomprima. Hubiera seguido escuchándola, como todo el público. Público numeroso que puso a las claras el cariño que supo cosechar Mimí, sus hijos, nietos y la autora.

Sabina, según lo expresó, armó la historia como se arma un rompecabezas. Contaba con piezas claves, pero estaba incompleto. Vino la búsqueda para troquelar toda la pintura de una vida: voces de testigos, hallazgo de fuentes gráficas, fotográficas, documentos.

Sus hijos depositaron toda la confianza en su labor. Sabina se ha ganado a nivel local y provincial, el respeto. La confianza de un trabajo bien hecho.

Sensible, más allá de que su oficio le exija ser objetiva, se vistió con la piel de Mimí, se calzó sus zapatos para transitar momentos felices y desdichados de su historia íntima que es reflejo de una historia más grande.

Sabe que su trabajo fue arduo y con humildad declaró que lo que nos entrega es lo que su capacidad periodística y literaria pueden hacer. Puso en el tablero de la escritura todo lo que tiene, que es mucho. Sabe que seguirá creciendo pero Je suis Mimí es aquí y ahora.

Sabe que el lector no tiene bridas a la hora de interpretar, sin embargo está segura de que Mimí, la de papel, como la mujer real solo pueden despertar la admiración por su resiliencia, por su fortaleza para seguir de pie en oscuros momentos de la historia del país para salvaguardar a los hijos que estaban bajo su techo. Familia numerosa― contó su hija Adriana (Iaia) después ― tenía la casa llena de gente. Amigos de sus hijos, alumnos. Cabeza abierta a los cambios, acompañó a cada uno de ellos.

El libro fue una iniciativa de su hijo Pemo con el único y loable propósito de “evitar la terrible tragedia del olvido”.

Hoy Mimí es un personaje que permitirá la identificación de muchas mujeres argentinas. Pero sobre todo pondrá a salvo la Memoria y dará fuerzas a esos pañuelos blancos que no se cansan de buscar. La página de Mimí ya no está en blanco, tal vez sea hora de escribir otras historias.

 

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