Cuando la extraño, beso el tatuaje

Coco tiene 82 años. Cuando era joven, patinaba y jugaba al Básquet en un club de la ciudad donde nació: Concepción del Uruguay. Nunca se había hecho un tatuaje, pero después del asesinato de su nieta -ocurrido en Gualeguay hace exactamente un año-, se tatuó “Mica” en la muñeca. Entonces, cuando la extraña besa su nombre.

 

Por Sabina Melchiori

Cuando menos lo esperaban, cuando ya solamente se ocupaban de hacerse los controles médicos, los trámites en el Pami y se entretenían apostando la suerte en la Quiniela y disfrutando de la bisnieta que acababa de nacer, Coco y Chiqui recibieron de la vida su golpe más duro.

Al principio, sus allegados intentaron mantenerlos al margen evitando que se enteraran, pero llegó un momento que fue imposible seguir ocultándoselo. Micaela les había prometido ir a visitarlos cuando regresara a Concepción del Uruguay. Los adoraba y estaba muy agradecida con ellos, porque cuando sus padres, junto con sus tres hermanos menores, resolvieron mudarse a Colón, ella quiso quedarse, y fueron sus abuelos, Chiqui y Coco, quienes le dieron lugar en su casa de la calle 21 de Noviembre, un hogar cálido lleno de adornos en las repisas y cuadritos en las paredes, con una cocina generosa para recibir con mate dulce a las visitas y una radio encendida sobre el aparador.

No se explican cómo es posible que haya personas tan crueles, capaces de haberle hecho tanto daño a su nieta. “Era una santa, ella venía y me abrazaba y me decía abuelita ya me voy a recibir… siempre nos ayudaba”, recuerda Chiqui, con los ojos inundados de lágrimas y un pañuelo en la mano para ir secándose las mejillas. Cuenta que desde entonces, ha salido a la calle apenas un par de veces y que en una de esas ocasiones, en la que iba acompañada de una amiga de Micaela, se desorientó como si la ciudad no se tratase de la misma donde nació y ha vivido toda su vida.

Coco no llora pero suspira hondo.

En su muñeca izquierda, al lado del reloj pulsera, tiene un tatuaje que dice “Mica”. Se lo hizo ahí, en Concepción del Uruguay, junto con sus nietos, los hermanos de Micaela, y su hija. “Todo tenemos el mismo tatuaje y en el mismo lugar, solo que algunos lo tienen mirando hacia el frente”, explica y, tras una pausa y un nuevo suspiro, agrega: “Yo lo beso cuando la extraño, lo beso más de veinte veces por día”, y muestra cómo.

 


Los hechos y los culpables

Micaela García tenía 21 años. Era militante de la JP Evita y estaba cursando el último año del Profesorado de Educación física, en Gualeguay, cuando la madrugada del 1 de abril de 2017 fue secuestrada por Sebastián Wagner, un violador que estaba gozando del beneficio de la libertad anticipada por su buen comportamiento en la cárcel.

Había ido al boliche King a celebrar el ingreso de los nuevos estudiantes del profesorado, pero se aburrió antes que sus amigas y se fue. Durante el trayecto hacia el departamento que alquilaba junto con una compañera, iba chateando por WhatsApp con su novio Alejandro, quien estaba en Concepción del Uruguay. Le estaba diciendo que se había aburrido, que lo extrañaba y que estaba “pateando al dpto” cuando en una esquina apareció Wagner en un Renaul 18 Break. En esa esquina fue donde se encontró la primera pista: una de sus sandalias.

Los que siguieron fueron días de desesperación. Alejandro, quien apenas supo que Micaela no había llegado al departamento se subió a su moto y viajó de Concepción del Uruguay a Gualeguay, estuvo en la mira de los investigadores, detenido durante un día. Al descartarse la posibilidad de que Alejandro tuviera algo que ver, empezó a tomar fuerza la hipótesis del suicidio y las miradas apuntaban todas hacia el río Gualeguay donde trabajaban en la búsqueda los buzos tácticos. Fue recién cuando apareció el Renaul Break en las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad de la ciudad, que los investigadores ataron cabos y dieron con el nombre de Wagner. Fueron a su domicilio y no lo encontraron. Nora, su novia, dijo que se había ido sin dar explicaciones, después de haber dormido casi todo el día. El auto fue encontrado en el lavadero MIYO, propiedad de Néstor Pavón, donde trabajaba Wagner.

El jueves de esa semana, la policía de la provincia de Entre Ríos detuvo a Néstor Pavón, en Gualeguay, y a Fabián Ehcosor en Moreno, Buenos Aires, quienes pocos meses más tarde -en septiembre- fueron condenados por encubrimiento agravado del crimen de Micaela.

A Wagner lo encontraron en Moreno, en inmediaciones a la casa de su madre. Cuando llegó la policía intentó matarse de un disparo, pero falló el percutor y fue arrestado. Fue el único que en el juicio recibió la pena de prisión perpetua, la cual está cumpliendo en el penal de Federal.

El juez de Ejecución de Penas, Carlos Rossi, quien había dispuesto la libertad anticipada de Wagner fue suspendido en diciembre hasta tanto concluya el Jury de Enjuiciamiento en su contra por presunto mal desempeño.

 

 

Un año sin Micaela

Hola, Mica. Hoy hace un año que te mataron, un año que te extrañamos, un año que los pibes de los barrios te extrañan y todavía te esperan. También un año que empezaste a ser de todos, y no por la forma en que te mataron, sino por tu militancia comprometida, llena de amor, humana y responsable. Muchos esperamos y soñamos que tu muerte no haya sido en vano. Te quiero y te extraño mucho, hoy más que otros días.

Yuyo García, papá de Micaela, en su muro de Facebook

 

Ya un año de la última vez que nos comunicamos. Un año que no te puedo disfrutar. Un año de un calvario inimaginable. Te extraño mucho. Sigue dándome fuerzas. Te amo. Besos al cielo.

Andrea Lescano, mamá de Micaela en su muro de Facebook

 

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