CUANDO TRIUNFA LA POLITICA. Hacia la definitiva refundación del país

En estas semanas hemos venido plasmando las inconsistencias del modelo económico vigente, cuyas variables negativas y su incidencia en la vida de las personas viene siendo emblemática de este tiempo. No es casualidad que este domingo se haya producido un duro revés para el oficialismo propiciado por una construcción de opositores que supieron leer con astucia para alcanzar la única posibilidad que existía de vencer en las urnas a este gobierno, tan blindado por la hegemonía mediática, judicial y económica.

Por Juan Pablo Enriquez (*)

Ahora bien, se forjó con creces una cimentación colectiva digna de analizar en las carreras de ciencia política. Quizás, contemplando la experiencia del Brasil, la gran orfebre de esta conformación ha sido la ex presidenta Cristina, quien desorientó a propios y extraños hace sólo un par de meses cuando eligió a Alberto Fernández para que encabece la lista del frente en el país.

Alberto elaboró un esquema extraordinario de consensos donde pudo sumar a los gobernadores peronistas, a excepción de Córdoba, a Massa, a Pino y a varias expresiones del campo popular que de alguna forma estaban distantes.

Ni los más optimistas podían imaginar un escenario con tamaña diferencia atento a los recientes números de carácter, diría a esta altura, irreversibles para las próximas contiendas.

Es necesario poner de manifiesto que el resultado es ampliamente auspicioso atento a que no hace menos que poner a la política en el centro de la escena superando a cualquier estrategia de marketing que nos intenten imponer, cuan góndolas de supermercado a costa de los padecimientos que ya conocemos.

El Pueblo tuvo la posibilidad de elegir entre dos modelos antagónicos y manifestó su decisión de retomar un camino ligado a la producción, al trabajo, al mercado interno y a la inclusión de los vastos sectores que intervienen en la economía dejando de lado a esos minúsculos pero poderosos actores que son en definitiva quienes se apoderan de la riqueza que la clase trabajadora pierde en el camino del ajuste.


Haciendo alusión a la decisión presidencial, otro acierto de la ex mandataria, fue la elección de Axel Kicillof como candidato a Gobernador en la provincia de Buenos Aires y aquí un párrafo aparte. Hace pocos días, el psicoanalista Jorge Alemán, uno de los pensadores más lúcidos de la Argentina decía que “Lo de Axel me parece una revolución cultural, porque un chico judío, del Nacional Buenos Aires, con medalla de honor y tesis doctoral de Keynes se vincule con la potencia plebeya formando él mismo parte de esa potencia, no como algo que se ofrenda sino como algo que gracias a ellos él está ahí, eso me parece extraordinario, es el peronismo en el mejor sentido. No es que buscaron a alguien carismático que habla y agita palabras vacías. Sino que los sectores populares se apropiaron del que sabe y lo hicieron propio. Eso me emociona especialmente porque es muy difícil de lograr”.

Lo de Kicillof marca un rumbo para las nuevas formas de hacer política, nos pone en conocimiento sobre la necesidad de reeditar fórmulas clásicas, la de la política en su máxima esencia, la de hablar cara a cara con las personas, la de formarse para persuadir, la de la humildad de la empatía, la de la austeridad. Son indicadores de nuevos tiempos que realmente fortalecen las construcciones colectivas y reaniman los espíritus de lucha de los eternos predicadores del campo popular que tanto obstáculo encuentran en el tránsito de la militancia.

La primera reacción del presidente derrotado no fue reconocer la voluntad de las urnas, sino en su eterno accionar de “niño rico caprichoso”, culpar del desastre económico, financiero y social a quienes consiguieron el apoyo de la mayoría de los argentinos. Parece mentira, pero ni en la ficción ocurre una cuestión de semejante magnitud. Nos propuso que “tenemos que terminar de cruzar el río” sin considerar que en estas aguas nos vamos a ahogar todos. La puesta en escena del lunes con el frustrado candidato a vicepresidente, utilizamos ese término porque ni el resultado, ni sus posturas, ni sus intervenciones parecen demostrar un grado de felicidad con este rumbo, no ha hecho más que potenciar el nivel de descreimiento en esta etapa que va llegando a su fin, como era de esperar, sin logros y con una mochila de grandes problemas para el Gobierno que viene.

Ahora bien, esta semana viene mostrando indicadores que asustan, no por la frialdad de sus cifras, sino por la incidencia en la calidad de vida de los habitantes de esta Nación. El riesgo país orillando escandalosamente los 1800 puntos básicos, el dólar traspasó la barrera de los $60 pesos en algunos bancos, la tasa de interés de las LELIQ se incrementó al 75% generando un combo explosivo. Por estos días las amenazas de conflictos sociales, el corte en la cadena de pagos, la actividad en jaque y el constante escenario de incertidumbre, no hacen menos que reclamar desde todos los sectores la mayor responsabilidad posible a los dirigentes para que estén a la altura de tiempos difíciles.

Seria importante un acercamiento de Alberto Fernández con el candidato a vicepresidente de la fórmula derrotada, quien, si bien viene desconcertando de tanta indignidad, trae consigo un historial que le otorga mayor criterio político para sentarse al menos en una mesa de negociación y acordar algunas pautas de pacificación social, política y económica que permitan aventurar para la población días de mayor certidumbre.

Como bien lo expresó Alberto, aquí la solución pasa por cambiar el modelo económico, no hay retoques parciales ni medidas de maquillaje. Aquí es necesario instrumentar un nuevo rumbo que permita conformar un esquema de producción por encima de la especulación tremenda que vivimos, fuerte apuesta al mercado interno para activar la economía mediante un poder de demanda trabajadora importante que la sostenga en el tiempo haciendo crecer la actividad económica para luego pensar en otros desafíos que urgen.

Néstor en 2003, cuando comenzó a reconstruir la Argentina del caos, estableció una formulación crucial para imponerse a las posturas de los organismos multilaterales de crédito. Ellos sostenían, igual que en la actualidad, que se debía ajustar para crecer y luego pagar; pero Kirchner, les manifestó que “los muertos no pagan” con lo cual tomó la decisión de destinar los recursos invertidos en los servicios de deuda para reactivar el mercado interno inyectando fondos, a modo keynesiano, en la clase trabajadora, reactivando la demanda, el comercio, la industria y el consecuente circuito virtuoso de la economía. El lema fue, crecer para pagar y no pagar para crecer. A los resultados los conocemos todos, por eso es necesario tener confianza en quien fue uno de sus más distinguidos funcionarios de aquel tiempo.

Asimismo, desde diciembre, no sólo será necesario revertir el modelo que define la economía, sino que tendrá una superlativa importancia, la construcción de un sentido común popular, con un retorno de la política al centro de la escena, para que el Pueblo discuta, analice y pueda discernir entre aquellos proyectos de país que le mejoran la calidad de vida y quienes lo someten a las situaciones mas desagradables que se puedan conseguir.

Es tiempo de refundar la Patria una vez más, la política en el sentido más consciente de su termino será un concepto fundamental. Ojalá se puedan elaborar las bases de una Argentina inclusiva, próspera y digna y enterrar para siempre las ideas del desamparo y la sumisión.

(*) JUAN PABLO ENRIQUEZ
Contador Público egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Entre Ríos
Miembro de EPPA (Economía Política Para la Argentina) y del Centro de Análisis de la Realidad Argentina
Docente en la Universidad Autónoma de Entre Ríos

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