Cuenten con nosotros/as

Claudia, Verónica y Constanza trabajan en un centro de educación especial. Ese lunes había festejo en la plaza principal de la ciudad, así que se les ocurrió invitar a algunos chicos/as del Centro –que se movilizan en sillas de ruedas- para compartir la celebración al aire libre.

 

Por Laura Sellanes (*)

Colaboración para INFONER

 

Llegaron hasta cerca del escenario y allí se quedaron. El sol brillaba a pleno a las 10 de la mañana, prometiendo una jornada luminosa, pero a los pocos minutos una de las organizadoras la opacó: “¿Podrían correrse de acá…? las sillas de ruedas no dejan ver a quienes están atrás”. Las terapeutas respondieron que no tenían otro lugar donde ubicarse que también fuera cómodo para la circulación de chicos/as, pero la organizadora insistió con el pedido, argumentando: “Es que no contábamos con ustedes”.

No estuve allí, pero me hubiese gustado decirle que estaría buenísimo que empecemos a contar. Y no hasta dos o hasta diez (como en la poesía del uruguayo Mario Benedetti), sino contar con TODXS.

Contar otras historias.

Ya pasamos por los momentos de la humanidad en los que nos mataban o dejaban morir, que nos ocultaban, que nos querían arreglar, que nos clasificaban para derivarnos al cuadrado en el que nos aseguraban encajaríamos mejor. “Los espacios no son para todos” – se escucha repetir todavía en demasiados lugares. Y tengo que reconocer que en eso coincidimos. Claro que no son para todxs. No nos hemos dedicado a pensar y construir espacios desde y para la diversidad. Nos hemos encargado, en cambio, de dar a cada uno “su lugar”: la población sorda a la escuela de sordos, las personas ciegas a la escuela para ciegos, las personas usuarias de sillas de ruedas para donde encuentren rampas, las personas dentro del espectro autista peregrinando hasta encontrar quien los acepte, la población en situación de pobreza: sujetos de caridad o invisibles, infancias muertas literalmente de hambre y desidia. Y en el mejor de los casos, seres humanos a la suerte de organizaciones que los piensen como sujetos de derechos.

No tengo nada contra algunos espacios. Lo que deseo es que tanto a las familias como a las propias personas con los más diversos desafíos, nos dejen elegir dónde queremos estar y con quiénes, dónde queremos que estén nuestros hijxs. Que no se construyan más barreras que impidan esa elección. Que se realicen los ajustes necesarios y brinden los apoyos adecuados para que esa elección se convierta en ejercicio efectivo de todos los derechos: a la salud, a la educación, al trabajo, a la recreación. Porque adivinen qué: antes de personas con desafíos motrices, sensoriales, neurológicos, de lenguaje y comunicación, cognitivos; antes de que nos guste bailar, correr agitando nuestros brazos, memorizar nombres, reírnos con los ojos, decir te amo en lengua de señas, sentir vibrar nuestros pies con el sonido de la música, acariciar a un perro e imaginarlo, perder nuestra vista en el horizonte hasta quedarnos dormidos, nacer en familias con todas o ninguna oportunidad; antes de todo eso, somos personas, tan diferentes como vos.

Hace más de diez años que las leyes nos amparan, pero aún así todavía hay personas, políticas y espacios que las desconocen, evaden y justifican como imposibles de aplicar.

Empiecen a contar (nos) –si es que ya no lo hicieron- porque vamos a estar donde más incomodemos. Levantaremos la mano porque estamos presentes. Y no vamos a corrernos; no por una necesidad de enfrentamiento, sino porque ya no podemos corrernos. Porque sabemos que esta realidad que nos quieren vender como la única posible, es producto de representaciones construidas socialmente por un aquí y ahora que ya no es este aquí y ahora. Porque estamos seguros que somos hijos de creencias y mitos que dieron orden a un mundo que no está dando respuestas a la diversidad. Porque ya no alcanzan las paredes para seguir encerrando las diferencias. Y aunque alcanzaran, aprendimos sobre la maravillosa experiencia que conlleva la convivencia de las diferencias. Y deseamos que las próximas generaciones crezcan más libres de prejuicios, que es la única manera de repensar la construcción de un mundo más justo, equitativo y con igualdad de oportunidades.

¿Por qué no hacemos la prueba de corrernos nosotrxs de todo lo aprehendido? Quizá podamos experimentar que las barreras para “ver mejor” no están en las sillas de ruedas, sino en nuestra forma de mirar a las personas, antes que a esas sillas.

¿Y si lo intentamos? Ya es tiempo de que cuenten con nosotrxs. En las escuelas comunes. En los espacios lúdico-recreativos. En la calle. En los supermercados. En las playas. En los cumpleaños. En los teatros. En los hospitales. En las plazas. En el cine. En el mercado laboral abierto. Ahí, justo ahí, cerquita tuyo, de tus hijos/as, tus sobrinos, tus nietos, tus vecinos. Juntos, compartiendo la vida en diversidad. En comunidad. En común humanidad. Sin miedos ni prejuicios.

 

Cuenten con nosotrxs para hacer un mundo mejor.

“es tan lindo saber

que usted existe

uno se siente vivo”

(Mario Benedetti)

 

(*) Fundadora del grupo “Hablemos de Autismo”, en Concepción del Uruguay

About the author  ⁄ Infoner