Daniel Avilés, el donante de médula ósea que le salvó la vida a un bebé con leucemia

Tiene 40 años, es albañil y padre de tres mujeres y un varón. Fue precisamente tras una cirugía a la que fue sometido su hijo, en 2015, cuando donó sangre y decidió pasar a formar parte del registro de donantes de médula ósea. Cuatro años después, sus células madres salvaron una vida.

Sabina Melchiori

Daniel Avilés quedará en la historia del Banco Único de Sangre de Gualeguaychú como el primer donante de médula ósea no emparentado de la ciudad, que le salvó la vida a un bebe argentino de dos años.

A Claudia Arteaga,  la técnica de Hemoterapia que desde hace 13 años está a cargo de fidelizar donantes para el Registro Nacional del Médula Ósea que depende de Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI), la felicidad y la emoción que le causa esta historia se le notan en la mirada porque, según grafica “es una aguja en un pajar encontrar un donante compatible y, a veces, sólo existe un único donante para ese enfermo que está esperando su trasplante».

En este caso, quien estaba esperando un transplante de células madres era un bebé argentino, de dos años, con diagnóstico de leucemia.

“NADIE ESTÁ LIBRE DE NECESITAR DE ALGUIEN MÁS”

En una pausa durante su trabajo en un obra en construcción en Pueblo General Belgrano, Daniel accedió a dialogar con MIRADOR y admitió sentirse “apabullado” por la difusión que tomó el caso. Es que desde que el equipo de Prensa del Hospital Centenario de Gualeguaychú (del cual depende el Banco de Sangre) le comunicó a los medios lo que había sucedido, el número de celular de Daniel pasó a formar parte de la agenda  de todos los periodistas.

Daniel recuerda que en 2015 donó sangre para su hijo, a quien habían operado de una hernia en la ingle, y que en ese momento le explicaron de qué se trataba ser donante de médula ósea y accedió pasar a formar parte de ese registro mundial. “El año pasado me llamaron de Incucai, me dijeron que era compatible con una criatura y me pidieron una muestra de sangre para corroborar”. Sobre la persona receptora, lo único que le dijeron era que tenía dos años, residía en Argentina y le habían diagnosticado leucemia.

“Sentí alegría, lo primero que pensé era que podía ser un hijo mío, porque el día de mañana puede ser que yo necesite ayuda de alguien más”, señaló Daniel.

La muestra para corroborar la compatibilidad dio positiva y en marzo de este año, Daniel tuvo que viajar a Buenos Aires, con todos los gastos a cargo de INCUCAI, para realizarse estudios, ya que es fundamental que el donante se encuentre en buen estado de salud: “Fui una tarde y salí al otro día a la noche”, recuerda, “salió que estaba bien, lo cual fue un alivio para mí”.

El transplante, sin embargo, se pospuso un par de veces debido a que el bebé se encontraba con problemas respiratorios, pero una vez que se hubo recuperado, se concretó.

Daniel cuanta que le aplicaron inyecciones durante cinco días para que su cuerpo produjera más células madres y que cuando todas las condiciones estuvieron dadas, se realizó el proceso. “no sentí molestia ni dolor”, remarca, y agrega: “Nadie está libre de necesitar de alguien más”.

Clauda Arteaga en el Banco de Sangre

UNA AGUJA EN UN PAJAR

Cuando se abre una búsqueda, el donante puede ser de cualquier parte del mundo, y según el Registro Nacional de Médula, Daniel es el primer donante de Gualeguaychú, que no pertenece al núcleo familiar o está emparentado al receptor de las células madres.

“Lo importante de pertenecer al Registro se plasma cuando un paciente necesita un trasplante de médula ósea, que en general son niños o adolescentes. Primero hay que buscar en el núcleo familiar, pero allí sólo un 25 por ciento de las personas son compatibles. El 75 por ciento restante de las donaciones dependen de la gente que está anotada en el Registro Nacional», explicó Arteaga.

Con respecto a cómo se concreta la donación, enumeró que «cuando se trata de células madres el donante se traslada al sitio donde se hará la extracción y, de acuerdo al lugar donde se llevará adelante el trasplante, sea en el país o el exterior, se diseña un operativo de transporte similar al de una ablación de órganos y tejidos».

Claudia Arteaga también puntualizó que «la extracción de células madres se hace sobre la médula ósea, que es el tejido esponjoso que se encuentra en el centro de los huesos. Se conecta a una máquina que por aférisis rescata las células madre y devuelve al cuerpo del donante los glóbulos rojos, blancos y plaquetas».











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