De coaliciones electorales a coaliciones políticas

Quién siga pensando las elecciones sólo en clave partidaria posiblemente no logre comprender en toda su complejidad la campaña electoral que se aproxima. Si bien el fenómeno de la polarización no será nuevo en nuestra democracia producto de haber experimentado un ballotage en el 2015, con muchas probabilidades repetiremos la experiencia, pero con un sentido absolutamente distinto.

 

Por Juan Pablo Castillo, Lic. en Sociología

 

En primer lugar, para entender parte de la contienda electoral del 2019 debemos de remontarnos hacia el 2017 en la medida que ese año marca un punto de inflexión e inicia el proceso que nos ayuda a comprender el escenario presente.

Recordemos que fue allí cuando comenzó a ponerse en práctica el “fin de gradualismo”, dando inicio a una nueva configuración del nuevo mapa político al tratarse no solo de un programa económico, sino también de una agenda en materia de seguridad, institucional y política exterior – siendo el caso más visible y paradigmático su posicionamiento frente a Venezuela.

Si nuestra mirada resulta correcta veremos que el proceso electoral tendrá una agenda propia a nivel nacional y por lo tanto debemos de relativizar seriamente los procesos políticos provinciales que han sido desdoblados.

Tomar como indicadores del proceso político nacional lo ocurrido en las provincias será un error por cinco motivos:

1) Cada provincia tuvo sus propios calendarios electorales de acuerdo a las propias realidades regionales.
2) Los alineamientos nacionales se van produciendo post resultados electorales, no antes y solo de provincias de menor peso electoral (*)
3) En las legislaturas nacionales los gobiernos provinciales que desdoblaron las elecciones acompañaron políticamente el proceso de reformas iniciado por la administración nacional
4) Si bien la economía naturalmente formó parte de las campañas provinciales, debemos de observar que la política nacional no fue el eje por el cual estuvieron atravesadas las agendas de quienes resultaron ganadores en los comicios provinciales.
5) Los temas que se pusieron en discusión dentro de la agenda pública y motorizaron el resultado electoral estuvo anclado en contrastes planteados desde las propias agendas provinciales, con candidatos provinciales y locales junto con estrategias electorales propias de candidatos provinciales y locales y no desde una coalición política nacional con ejes nacionales.

 

En concreto, creemos que es incorrecto proyectar que el liderazgo de Mauricio Macri o el de
Cristina Kirchner estuvieron en juego en las elecciones provinciales.

 

Rompiendo moldes

En sintonía con lo planteado hasta aquí, podemos ver que la política nacional en Argentina nos está mostrando – una vez más – que viene rompiendo con todos los manuales conocidos, y no solo por tratarse de un caso donde el vicepresidente elige a su presidente, sino porque la centralidad de la agenda pública la tienen dos grandes representantes de “la rosca tradicional” de la política – como son Alberto Fernández y Miguel Ángel Pichetto – y no como sucede en el resto de las democracias de occidente en la cual vienen irrumpiendo nuevos actores o movimientos sociales. Los famosos “outsiders” de la política (**).  Vale aclarar que esto no implica que la retórica de tipo “outsider” no sea interpelada en el contexto
argentino, dado que en principio se observa que dicho discurso lo está encarnando Miguel Pichetto.

En este sentido, la centralidad obtenida por Alberto Fernández y Miguel Pichetto reviste de importancia para el análisis en la medida que son el factor que consolidó la polarización electoral – y no al revés – ya que la conformación de las fórmulas tuvieron dos efectos ordenadores:

1) desarticular el espacio de Alternativa Federal y

2) consolidar los liderazgos electorales de Mauricio Macri y Cristina Kirchner.

Por este motivo podemos ver que aquellos que protagonizan la tercera vía buscando posicionarse frente a la agenda pública nacional remitiéndose a la lógica que caracterizó el 2015 de “corregir lo que haya que corregir y dejar lo que se ha hecho bien” quedaron básicamente reducidos a una colación electoral y no política. He de ahí su fragilidad y posible bajo rendimiento electoral.

En consecuencia, se aproxima una campaña fuertemente política y no solamente electoral dado que el ordenamiento producido rompió con las lógicas partidarias tradicionales, conformó verdaderas coaliciones con pensamientos bien diferenciados desde el punto de vista político, discursivo y de las formas.

El “efecto Pichetto” y la política salen a la cancha

Aún es prematuro medir el impacto que tendrán las fórmulas en el electorado porque las campañas políticas están recién iniciando su recorrido y resta todavía sumar otro dato no menor. El proceso de construcción de una oposición articulada a nivel nacional aún no está organizado – sino que por el contrario – los alineamientos a nivel nacional se están empezando a cristalizar solo al finalizar las elecciones provinciales y el “efecto Pichetto” recién comienza a ser visible dentro del escenario político.

Sumado a esto, si bien el presente de la economía va a jugar un rol importante en el plano electoral, observamos que el factor político viene cobrando un peso superlativo y nada indica que esa tendencia se revierta, sino todo lo contrario.

La centralidad que hemos señalado que tomaron dos operadores políticos de la talla de Alberto Fernández y Miguel Pichetto nos permite intuir que el peso de la política será in crescendo, y por lo tanto presenta un escenario más que favorable para la agenda política que el actual gobierno pretende poner sobre la mesa, corroborando en principio que la decisión tomada ha sido un acierto producto de lograr llevar el eje de la discusión al lugar donde el gobierno puede hacerse fuerte. De todas maneras, creo que la definición clásica de la política como “el arte de lo imposible”, debe ser actualizada como “el arte de lo imprevisible”, dado que nuestro país nos viene sorprendiendo día a día, demostrando que aún está todo por escribirse.

 


 

(*) Las provincias con mayor caudal electoral – Buenos Aires – se define junto con la elección nacional. La facción peronista del gobernador Schiaretti de la provincia de Córdoba quedó desarticulado a nivel nacional y no ha tomado posición clara aún. Mendoza se encuentra en pleno proceso electoral. Si bien Santa Fé puede ser una excepción de esto aún no está del todo claro su posición dado que el gobernador que resultó electo, Omar Perotti, no se pronunció sobre la política nacional, solo la vicegobernadora electa lo hizo en apoyo a la fórmula Fernández – Fernández.
(**) Es necesario recordar que el fenómeno de los “outsiders” es cada vez más común en las democracias occidentales producto de la falta credibilidad de los políticos tradicionales, generando que personajes de otros ámbitos comiencen a involucrarse directamente en los procesos electorales como candidatos, conformando partidos políticos o nuevas coaliciones y asumiendo liderazgos con una ideología muy marcada. Como parte de este fenómeno encontramos famosos, empresarios, deportistas, militares o jóvenes nacidos de movimientos radicalizados o con pensamientos “políticamente incorrectos” frente a temas como la inmigración, la economía, el ambiente o la moral pública. Es importante destacar que este tipo de emergentes políticos no necesariamente deben de ser interpretados desde las categorías de “izquierda” o “derecha” porque existen casos como Jair Bolsonaro en Brasil, Alexandria Ocasio Cortez en EEUU o Santiago Abascal en España que presentan formas de pensar absolutamente diferentes en todos los casos.
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