De Irkutsk al Lago Baikal: memorias de Entre Ríos

Son las 4 de la madrugada en la estación de trenes de Irkutsk, ciudad de la Siberia profunda, y el cansancio por el largo viaje en tren pone en duda todo lo que pienso y todo lo que hago. La noche es desoladora, fría y húmeda. Junto a una parada de taxis un grupo de choferes fuman y conversan. A estas horas no hay transporte público y saben que en cuestión de minutos caeré en sus garras.

 

 

Por Martín Davico 

IG: hmartindavico

 

Sé que voy a perder en el regateo, pero la necesidad de quitarme la ropa sucia, darme una ducha y dormir en una cama decente me precipitan al duelo. Consigo una rebaja de 100 rublos (un dólar y medio) y me siento por un instante un especialista en finanzas. Subo al coche deseoso de llegar al confortable Hotel Posokhova, y constato que más que para viajar, el dinero mejor gastado es el que resuelve los contratiempos.

Comparto la mañana siguiente con Alexander, un hombre ruso jubilado, que a pedido de unos amigos en común me lleva a recorrer la ciudad. En Rusia las plazas Lenin son lo que las plazas San Martín en Argentina, hay una en cada ciudad e Irkutsk no hace la excepción.

Visitamos un monumento a un tigre de Amur que sostiene una marta como presa, ambos símbolos de la ciudad y la región. Caminamos entre las casas decembristas, hechas totalmente de madera, que son resabios de la época en que por aquí todo fue esplendor económico y cultural. Al final del paseo el hombre generoso me recomienda visitar el vecino Lago Baikal, pero antes de irse me acompaña al mercado para que compre ropa abrigada.

 

 

Lleno de mitos y misterios relacionados con el chamanismo, inexplicables desapariciones y avistajes de extrañas criaturas, el Lago Baikal es la mayor reserva de agua dulce no congelada del mundo. Ubicado en el sur de Siberia y conocido como la Perla azul de Asia, es el lago más profundo y antiguo del planeta. Desde la isla Olkhon, la más grande del lago, se ve una masa de agua azul que se pierde en el horizonte como si fuera un mar en calma.

Con una población mayoritariamente asiática, Khuzhir, el pueblo más importante de la isla, es una aglomeración de casas de madera con calles de tierra y vehículos de la antigua Unión Soviética. Todo parece haber quedado en el tiempo. Una mezcla de olor a madera quemada, pasto húmedo, perros que ladran y niños que juegan, son un pasaje directo a recuerdos de la infancia.

Una hilera de palenques, envueltos con telas de intensos colores es el símbolo chamánico más atractivo. El aire de misterio que los rodea transmite una mística perceptible hasta por los espíritus más pragmáticos que los observan. Los chamanes, originarios de Siberia, son los sabios elegidos con dones naturales para sanar personas, comunicarse con los espíritus de la naturaleza o influenciar la realidad.

Mientras miro el paisaje recuerdo la experiencia chamánica que tuve en Entre Ríos cuando era un niño:

yo pasaba largos períodos de tiempo sin hablar y alguien determinó que se debían a que sufría un empacho. Para sanarme me llevaron a ver una curandera, quien luego de revisarme dijo en tono grave: “Hay que tirarle el cuerito”. Me acostó boca abajo, frotó sus manos y sus dedos se transformaron en dos broches prendidos a la piel de mi espalda. Recuerdo el dolor cuando tironeaba hacia arriba. El efecto de la terapia con dudosa evidencia científica fue tal, que desde entonces dejé de ser un niño callado…

 

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