De todos los juegos, prefería la pelota

Karen Spiazzi creció en el campo, entre Irazusta y Parera, en el departamento Gualeguaychú. Desde chiquita se le notaron la predilección por jugar fútbol y su talento. Hoy, a sus 23, forma parte del equipo de fútbol femenino del club de sus amores: River Plate, y en noviembre jugará la Copa Libertadores, en Paraguay.

 

Por Sabina Melchiori

 

El hecho de que Karen esté jugando en River y entrenando para representar a ese club en la Copa Libertadores femenina 2017, que se disputará en Paraguay del 11 al 26 de noviembre, no fue un hecho fortuito. Fue el resultado y la conjunción de muchos factores. Tras una charla con ella y sus papás, Rita Migueles y Marcelo Spiazzi, estamos en condiciones de destacar algunos: Al papa de Karen le gusta mucho el fútbol y siempre la llevaba a ver partidos y a jugar; de pequeña, si bien tenía muñecas, también tenía pelotas, entonces pudo elegir. Muestra de ello son un par de fotos en las que se la ve pateando una pelota: en una no tiene más de tres años, en la otra, quizás cinco. Jugaba en el potrero de Parera, el de los arcos de madera, al lado de la plaza. La llamaban para jugar, y jugando se ganó el respeto de los varones, quienes no la trataban con delicadeza por ser mujer. Más adelante, sus papás empezaron a llevarla a Gualeguaychú una vez por semana para que entrenara, y cuando surgía un partido, fuere donde fuere, allá iban. No encontró en el camino comentarios prejuiciosos, y si los hubo, los escuchó como llover, pues contaba con el guiño, el aplauso y el acompañamiento de quienes más le importan.

Dadas estas condiciones, cuando el DT de fútbol femenino Ricardo Maistegui le propuso probarse en River, ella fue y quedó.

Viviendo en Capital Federal, sus días se dividen entre el cursado de la carrera de Ciencias Económicas y los entrenamientos. Cuando la inevitable pregunta sobre la posibilidad de que en un futuro no muy lejano tenga que decidir si apostar al fútbol o ser contadora, sonríe nerviosa, como rogando que no llegue ese momento. Rita, su mamá, sabe la respuesta y se ríe.

Como en la cancha, Karen defiende. Defiende el deporte y puntualmente al fútbol femenino -que en Argentina es amateur-, considera que hace falta que se lo apoye para que crezca y llegue a ser profesional, como en Colombia. Cree que jugar la Libertadores será una vidriera interesante, que podrían llegar a pasar cosas después del campeonato y alienta a las chicas que prefieren la pelota. “Que hagan lo que les gusta”, dice feliz.

 

 

 

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