Debate con chicaneo, sarcasmo y amnesia

Por diversas razones y principalmente por la positiva utilización de los medios masivos de comunicación para que el país acceda libremente a ideas, proyectos y planes, el multi debate de la noche del pasado domingo que reunió en Santa Fe a los 6 candidatos a la presidencia de la Nación, resultó además de beneficioso y esclarecedor, demostrativo de que se pueden intercambiar pensamientos disidentes, aún a pesar de ciertos chisporroteos propios de la lucha electoralista, no exentos de mala fe.

Luis María Serroels
Especial para INFONER

La palabra confrontar supone poner a dos o más personas frente a frente para que defiendan sus respectivas afirmaciones o posturas. En el caso de candidatos a una determinada función que deban lograr al apoyo de la ciudadanía, se trata de superar al resto en tanto se está atado a las expectativas del sufragante y conseguir que las mayores expectativas se traduzcan en apoyo dentro del cuarto oscuro.

Para comenzar, debemos decir que la organización, frente a ciertos temas muy sensibles, concedió espacios insuficientes en tanto requerían explicaciones más extensas y profundas.

Lo que se advirtió es que cinco de los seis candidatos optaron por poner mayor énfasis en formulaciones teóricas, matizadas con dardos contra la actual gestión presidencial, pero carentes de lo esencial, es decir, el modo y las herramientas con que se deben acometer. El qué y el cómo son dos expresiones que siempre desvelan a los gobernantes. No es un detalle menor que el único en este encuentro con experiencia en el manejo de la cosa pública (el más honroso cargo que consagra la Carta Magna) fue Mauricio Macri. Y a la vez el presumible blanco perfecto para ciertos ataques de quienes no podían desperdiciar la ocasión para arrimar agua a sus molinos.

Resulta natural y hasta lógico que se opte por arremeter contra quien gobierna, cuyo grado de vulnerabilidad es imposible de mensurar, porque el balance entre cuanto se realizó en los últimos cuatro años y cuanto se dejó sin hacer es el punto más crítico. El hecho de que algunos estén a priori -y sea dicho esto sin ánimo alguno de menoscabo- con estrechas posibilidades de arribar a la Casa Rosada, no invalida su derecho a formular útiles reflexiones.

Sea quien fuere, el aporte es claro para enriquecimiento de la sociedad. Siempre se dio por descontado que el blanco predilecto por ser más frágil para atacar de cinco de los partícipes sería Mauricio Macri. Todos censuraban algo pero eran deficitarios respecto de los instrumentos aptos para gestar acciones superadoras.

José Luis Espert se animó –como casi nadie lo ha hecho- a poner el dedo en la llaga de cierta dirigencia sindical que acosa al poder, puntualizando serias cuestiones que deben revisarse pero además formulando apreciaciones con mucha firmeza y sin temor a alguna réplica.

Roberto Lavagna mostró conocimientos muy sólidos, aunque debe decirse que su corto paso como ministro en el gabinete de Néstor Kirchner –que puede certificarse como exitoso-, ocurrió cuando Argentina y el mundo eran muy distintos.

Nicolás Del Caño repitió sus pensamientos ya conocidos que dirigen fuego a discreción contra el Fondo Monetario y cierto empresariado. Tampoco su evaluación sobre el actual gobierno fue fue regalona. Pero tuvo el aditamento de que también pegó duro contra la gestión kirchnerista de la cual formó parte un olvidadizo Fernández hasta su alejamiento previos agravios contra Cristina (diluídos hoy por el regalo de ubicarlo a la cabeza de la fórmula del Frente de Todos).

En cuanto a Juan José Gómez Centurión –el primero en reivindicar el ideario malvinense, a lo que se acoplaron luego Espert y Lavagna- entre sus opiniones generales no dejó de lado una fuerte defensa de las dos vidas al rechazar enfáticamente el aborto con argumentos que nadie supo rebatir.

Ahora sí, demanda un comentario más amplio la tenida Fernández-Macri. El candidato cristinista mostró de arranque un estilo agresivo, autosuficiente y sarcástico, dejando a un lado que un día –ya alejado voluntariamente del kirchnerismo- llenó de agravios a Cristina y hasta la ubicó ante un reportaje del diario La Nación, como una pieza importante en la maniobra destinada a salvar a Irán de responsabilidades por la voladura de la AMIA y –más serio aún- en el asesinato del fiscal Alberto Nisman. Cada vez que se mencionó la cadena de imputaciones por corrupción que la ex presidente registra en la justicia, Fernández ni se inmutó. Ergo, equivalió a reconocerlo como veraz. Desde luego que la enumeración de realizaciones del oficialismo es probable que se diseñe para el segundo debate, como seguramente plantearán los demás expositores.

No debe soslayarse que Macri a la hora de balancear logros (comprobables) y fracasos (admisibles) debe ceñirse sólo a un período de cuatro años, muy por debajo de tres gestiones kichneristas consecutivas. Su principal contendiente se centró en críticas al macrismo, mezcla de desmemoria y sorna, desalojando el perfil del modelo K en materia de obra pública, simplemente porque se expondría a ser rebatido con claros casos de trabajos cobrados sin terminar, amén de la aparición de los Cuadernos de Centeno que abrieron el conocimiento de una avalancha de casos de cohecho que involucran al Clan santacruceño. Y por si fuera poco, los retornos de sobreprecios por vía de hoteles sin huéspedes. El hoy candidato del Frente de Todos es un emergente de aquel período donde se ocupó de atacar a la dirigencia ruralista tras la Resolución 125 de triste recuerdo (habrá que ver si Macri cumple con su promesa de eliminar las retenciones).

Es de imaginar el aprieto que hubiera enfrentado Fernández si en la noche del domingo 13 se le hubiese interrogado sobre su posición frente al enriquecimiento ilícito que ya envió a las cárceles a conocidas figuras del gobierno anterior y cuya jefa sigue eludiendo gracias a jueces obsequiosos a la hora de postergar audiencias. Fernández simuló defender a los jubilados, debiendo recordarse que cuando Cristina vetó la ley que fijaba el 82 % móvil para la postergada clase pasiva, él la apoyó. Nada se le mencionó respecto de las falsas cifras del Indec de Guillermo Moreno, mandado por Axel Kicillof a no publicar datos sobre índices de pobreza “para no estigmatiza a los pobres” (Sic). Tampoco respecto de los planes de domesticar la justicia, reemplazar magistrados y decidir que algunas causas muy emblemáticas vayan al archivo. En este primer debate se plantearon diversos cuadros de situación y qué cosas deberían hacerse, pero no las vías más idóneas para ello. Proponer es sencillo; pero ejecutar no.

La sociedad argentina no es amnésica a la hora de analizar los actos de corrupción a mansalva. Este es un punto no menor al momento de posar la mirada sobre el cuarto oscuro. Salvo que se opte por la añeja frase ”roban pero hacen”. La sugerida propuesta de un kirchnerista mamarracho de la farándula de crear una CONADEP del periodismo (recordando a la comisión que investigó la desaparición forzada de personas y crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura militar) no fue objeto de interrogatorio en el debate. Ella sería el final de la libertad de prensa y cuando esto se produce todas las demás libertades quedan condicionadas. Graciela Fernández Meijide calificó esta idea como inaceptable.

Debe recordarse que en marzo de 2011 en cercanías del Congreso, Hebe de Bonafini organizó un acto de barbarie colocando sobre inodoros grandes retratos de distintas personalidades incluyendo a calificados periodistas, los cuales hizo escupir por niños. Sólo los hombres tropiezan dos veces con la misma piedra. Es bueno recordarlo.

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