Del Cáncer a la sanación, un enfoque integral

Desde una mirada puesta en la medicina integrativa, en su primer libro, la Médica Oncóloga María Laura Nasi recorre los distintos estadios del paciente hasta la sanación: enfrentar la enfermedad, técnicas anti estrés, recuperación del equilibrio y un buen manejo de las emociones.
El paciente llega a su consultorio y expone su historia clínica: Cáncer de tal tipo, en fase tal, con tratamiento realizado o por realizar. Ella escucha, toma nota y pregunta más. Dónde se desató el desequilibrio, por qué enfermamos, qué estilo de vida llevábamos hasta el momento del diagnóstico. Es la doctora María Laura Nasi, Oncóloga y experta en medicina integrativa, quien acaba de publicar su primer libro “El cáncer como camino de sanación. Claves para restablecer el equilibrio perdido”, de Editorial Paidós, donde recopila sus experiencias y enseña cómo restablecer el equilibrio del cuerpo.

Allí, reúne historias reales de enfermos de cáncer y da una muestra de cómo sanar gracias a las técnicas anti estrés, el buen manejo de las emociones y una dieta saludable; mientras se respetan los parámetros de la medicina convencional.

“La medicina integrativa es un nuevo enfoque donde se vuelve a mirar a la persona como un todo. Ya no se enfoca en la enfermedad, sino en el paciente que está enfermo y, desde el diagnóstico, se trata de abordarlo con la medicina convencional y otras terapias que sirven para ayudar a volver a un estado de salud”.

“Restituir esa red psico-neuro-inmuno-endócrina es una parte del proceso muy importante. Existen estudios -sobre todo en pacientes con Cáncer de mama- que afirman que si se implementa un abordaje integrativo -es decir, además de su tratamiento convencional, sumar técnicas anti estrés y una buena alimentación- deviene en una mejor calidad de vida”.

Reconoce que para un paciente usar la palabra Cáncer pesa porque “es algo cultural [porque] antes no había tratamientos efectivos y además las primeras cirugías eran muy cruentas. Se asocia Cáncer con el padecimiento y la muerte. Pero actualmente, la situación es diferente. En general, un 50 por ciento de los diagnósticos en un país civilizado se curan. Los procesos de sanación están dirigidos al tumor o al sistema inmunitario y se controlan mucho mejor los efectos adversos de los medicamentos. Pero ese fantasma del Cáncer ligado al sufrimiento, perder el peso, dolor, a los efectos colaterales, sigue. Hay lugares y personas que no quieren ni nombrarlo. Y no querer enfrentarse al fantasma lo hace más grande”.

Cuando se le pregunta por qué nos enfermamos, suele decir que “nuestro ser posee tiene la sabiduría para mantenernos sanos y recuperar la salud. Pero, cuando entra en falla, caemos en un desequilibrio y hace que seamos más vulnerables a bacterias, virus, o a células mutadas que viven en nuestro cuerpo. Estamos expuestos todo el tiempo a agentes cancerígenos: la luz ultravioleta, polución ambiental, el humo del cigarrillo, los pesticidas que vienen en las comidas y productos procesados, el estrés crónico, las situaciones emocionales que no podemos descargar y la falta de ejercicio. Si las células empezaron a vivir descontroladamente en nuestro interior, van a tener vía libre para seguir creciendo”.

“El mal manejo de las emociones negativas nos enferman. Las emociones, en sí, no son malas. El miedo, la bronca o angustia no son una reacción sólo mental, sino que son algo que sentimos en las fibras más íntimas. Bien canalizadas, son útiles para nosotros (por ejemplo, una situación de miedo puede ponernos en alerta y alejarnos de algo que nos hace mal); pero, mal utilizadas, nos dañan más de lo que creemos. Hoy no sabemos cómo lidiar con eso y estamos sometidos a situaciones súper estresantes complejas. Por ejemplo, pasamos el día sentados frente a la computadora con una demanda que no alcanzan las horas para responder, con malos tratos, poco reconocimiento del trabajo y miedo a perderlo. No paramos de acumular broncas, donde el mandato es “aguantar y seguir”. Todo eso se traduce biológicamente en moléculas de emoción que no se liberan jamás. Hago esta comparación: el perro, cuando tiene miedo y ladra, libera toda la adrenalina. Nosotros las acumulamos: nos quedamos en la silla en vez de ir a hacer alguna actividad física de descarga. Volvemos a casa con esos pensamientos recurrentes, no podemos dormir y terminamos en la comida, el alcohol, drogas y somníferos para canalizar”.

“Lo que nosotros llamamos estrés es técnicamente el distrés, que es malo. El estrés bueno es el que nos motiva para cumplir con todas las ocupaciones del día. Hay personas que ante mucha demanda laboral, tiene recursos cómo para responder, pero hay otras que no y su respuesta inmediata es decirle al cuerpo “estamos en una situación crítica”. Si nos agarra un piquete camino al trabajo o la niñera no llega a tiempo para cuidar al nene, nos desbordamos. Si tenemos poca autoestima, sentimos muchas culpas y cargamos con esas piedras en la mochila, también. En definitiva, vivimos en emergencia y no nos damos el espacio para que el cuerpo recupere el estado de calma. Lo saludable es hacer cada día prácticas o terapias de relajación, acupuntura, masajes, reflexología, meditación y yoga que contrarrestan la carga del estrés acumulado”.

“Por los menos, un 60 por ciento de los cánceres se podrían prevenir con una buena alimentación, ejercicio, relaciones sexuales debidamente protegidas, durmiendo bien, en otras buenas prácticas. Ese dato se desprende del Centro de Control de Enfermedades de los Estados Unidos. Ellos establecieron cómo una mala alimentación y el sedentarismo son la primera causa del Cáncer en las personas que no fuman. Es más fácil decirlo que hacerlo: hablar de eliminar las toxinas emocionales implica un trabajo bastante profundo, de terapia y autoconocimiento”.

“Los chakras forman parte de nuestro sistema energético. En la medicina convencional se sabe que tenemos un sistema eléctrico porque hacemos un electrocardiograma, pero después no se usa para la terapéutica. En las medicinas orientales, en cambio, se reconoce y tiene en cuenta a nuestro cuerpo energético para la restitución de la salud. Doy un ejemplo: en la convencional, muchas veces el desequilibrio se ve como una disfunción aunque no presente un síntoma. Eso sí se ve en el análisis energético, se ve que chakra está obstruido. Por eso el trabajo integrativo pisa fuerte y no podemos ignorar cómo las emociones afectan al cuerpo”, concluye.

María Laura Nasi es Médica Oncóloga de la Universidad de Buenos Aires que se especializó en Medicina Interna y Oncología clínica en el Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York. Trabajó como coordinadora de Ensayos Clínicos para el International Breast Cancer Study Group en Berna, Suiza, y fue directora del Departamento de Investigaciones del laboratorio Debiopharm. Se especializó en Medicina Mente-Cuerpo en la Universidad de Harvard, y en intervenciones psico-socio-espirituales para pacientes con cáncer en el Simonton Cancer Center en California. Fue fundadora y Presidenta de la Asociación de Oncología Integrativa (ASOI) e integrante de los programas de Medicina Integrativa de Fundaleu y FertilMente para parejas con problemas de fertilidad.
Actualmente, es docente de cursos de posgrado en Psico-Neuro-Inmuno-Endocrinología en la Universidad Católica Argentina, la de Montevideo y de Belgrano.

 

Prensa Hospital Centenario

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