Denunciaron al socio de Gustavo Rivas como facilitador de los encuentros sexuales

Durante tres horas declaró ante la justicia la novena víctima del abusador Gustavo Rivas. Lo hizo como testigo reservado y con un crudo relato, ante la Fiscalía de Nogoyá. Allí denunció al actual socio del imputado, el también abogado Eduardo Toto Vera, como “organizador” de los encuentros sexuales en la casa de calle Mitre 7, de Gualeguaychú, entre 1993 y 1994.

La víctima conoció a Gustavo Rivas cuando tenía entre 13 y 14 años, entre 1993 y 1994. Lo llevó un compañero de escuela y de Central Entrerriano. Su amigo se contactó previamente, vía telefónica, con el abogado para pactar el encuentro, en casa de la madre del conocido ciudadano ilustre, ubicada en calle Urquiza frente a plaza San Martín de la ciudad de Gualeguaychú. Cuando llegaron a la plaza, Rivas los observó y les hizo entender que iba a dejar la puerta abierta para que ingresaran sin que nadie de la Policía o los vecinos se percaten de la situación. “Éramos un grupo de amigos, de entre 4 y 5 chicos, cuyas edades era de entre 13, 14 y 16 años. Esa fue la primera vez que fuimos a su casa. Nos atendió en calzoncillos, tipo tanga, que lo tenía cavado en la cola y con el torso desnudo, como si nada”, indicó.

Esa imagen nunca la olvidó el testigo reservado. Así supo de la existencia del abusador y, de esa manera, arrancó su duro relato ante la justicia, que se extendió durante tres horas.

El joven, de 37 años, oriundo de Gualeguaychú y residente en la provincia de Buenos Aires, llegó hasta la ciudad de Nogoyá para declarar ante el fiscal Federico Uriburu, en la calurosa mañana del viernes santo. No lo hizo en su ciudad de origen, en el sur de la provincia, donde está radicada la causa y le dio sus motivos al propio Uriburu. “Vine hasta aquí porque sabía que se podía hacer legalmente y sé de su compromiso con la serie de abusos a menores que hubo en esta provincia. Además, porque no confío en la justicia de Gualeguaychú”, le remarcó al fiscal que llevó a la cárcel al cura Juan Diego Escobar Gaviria, condenado a 25 años de cárcel por abusos.

ANÁLISIS accedió a la extensa declaración del testigo, que la semana pasada se sumó al expediente del caso Rivas, que tanto conmovió a la comunidad de Gualeguaychú, pero que demostró también el escaso compromiso de muchos ciudadanos que conocían, desde hace muchos años, los abusos del excandidato a gobernador de la Ucedé, aunque optaron por mirar para otro lado. Y siguen mirando de la misma manera, sin medir que en el medio hay víctimas.
En esta nota se publica buena parte del testimonio del denunciante, en la que se revelan más atrocidades, a las ya conocidas, cometidas por Rivas y el rol que tuvo su actual socio en el estudio jurídico instalado en Mitre 7, donde reside el conocido abusador.

Primeros momentos.

“Nosotros ingresamos a la parte en la que él tenía su estudio de abogado. Allí nos consultó qué bebida alcohólica tomábamos y de inmediato trajo bebidas blancas y cerveza. Luego comenzó una charla de temas referidos a mi edad. Rivas nos hablaba de cosas propias de los adolescentes; nos entraba de esa manera y luego empezaba una especie de rito, apenas había pasado cerca de una hora. Comenzaba a dar vueltas a la mesa, recorriendo a cada uno de nosotros y nos daba besos en la mejilla y cuello. Nunca nos atendió vestido haga calor o frío, indiferentemente de la época del año. Recuerdo que al nombre de cada uno le agregaba el ‘quísimo’. Si te llamas Federico decía ‘Federiquísimo’. Y ese día él dio el ‘ok’ para que nuestro grupo fuera a hacer la previa antes de salir a bailar, porque él no dejaba entrar a cualquiera. Hacía una investigación previa sobre quién era el menor que se llevaba a la casa. Para dar una idea de esto, por ejemplo, él siempre preguntaba antes cómo era el chico nuevo que iban a llevar; cómo era físicamente; qué deportes practicaba; de qué familia provenía. Como dato importante me interesa agregar que él, como daba clases en todas las escuelas prácticamente, le encargaba a un menor que ya conocía a qué alumno tenía que incorporar. Y a su vez, a ese chico que le llevaba el señalado tenía premios, por ejemplo, manejar el Fiat Duna blanco que tenía o bien lo llevaba también a su quinta de Pueblo Belgrano”.

Fuente de texto y fotografía: Análisis Digital. 

 

 

About the author  ⁄ Infoner