DESIERTO, por Verónica Toller

Una luna de obsidiana le recorre los ojos,

se agita y se despeña por su piel oliva.

Huyen silencios morados destejidos al aire.

Empozadas de espanto,

miradas errantes tallan cuevas deformes.

La noche es enemiga,

noche-enemiga-dolor-y-llanto-y-pueblo-desgarrado,

noche premonitora de fiebre y de silencio.


Cuerpos que tiemblan, muy cerca.

Cuerpos partidos, muy negros.

Cuerpos que acechan.

 

Cuando llegue el alba

destaparán sus rostros y lanzarán al aire su mordedura de fuego.

 

Mujeres sin espera.

Mujeres secas.

Hombres.

Lluvia de odio

quebrará la espina dorsal del desierto.

 

Falta.

Cuando asome el alba.

Casi nada.

 

La luna de obsidiana está partida en cuatro.

 

Verónica Toller

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