Discépolo: en el siglo XXI, también

Enrique Santos Discépolo, una biografía argentina, es uno de los libros-relatos más destacados sobre la vida de discepolín y volvió a reeditarse después de veinte años. Su realizador, Sergio Pujol, contó cómo fue encontrarse nuevamente con las historias del filósofo del tango, y las nuevas novedades de ésta segunda edición.

Colaboración: Lautaro Silvera – Periodista

 

Vuelve todo el tiempo, no deja de aparecer, perdurar, y revivir. Pocos artistas son los que se impregnan en el imaginario colectivo de manera tal que van y vienen todo el tiempo y hacen que sus obras, pensamientos, o tangos-en este caso-, perduren con una vigencia sin fecha de vencimiento. Preciso y sincero, carismático y sentimental, Enrique Santos Discépolo, es uno de los autores más importante de la cultura argentina. El compositor de “Uno”, “Yira Yira”, “Quevachache”, “Cafetín de Buenos Aires”, “Confesión”, y “Cambalache”, entre otros tangos de peso pesado, ameritaba una biografía que contara la vida y obra del artista. “Enrique Santos Discépolo, una biografía argentina” no solo es el libro que narra la vida del autor de Cambalache, sino que es una de las fuentes más citada a la hora de analizar al autor. Hoy, veinte años después de su primera edición, Sergio Pujol pone a discepolín nuevamente en las librerías y cuenta cómo fueron aquellos días de investigación y análisis de la obra del artista.

Una frase que usted destaca de Discépolo dice: “Una canción popular debe ser siempre el problema de uno, padecido por muchos”. ¿Puede ser éste uno de los tantos argumentos de por qué se recurre tanto a Discepolo para explicar la realidad?
-Indudablemente Discépolo poseía el don de la empatía con el otro. Lo había desarrollado en un ambiente de izquierda, en su juventud, al lado de Armando y sus amigos socialistas y anarquistas. Como escribió Manzi en el tango “Discepolín”, a Discépolo le dolía como propia la cicatriz ajena. Pero al mismo tiempo tenía algo que quizá no abundaba en aquellos círculos: un enorme interés por entender los mecanismos internos de la cultura popular rioplatense, su gramática, su léxico, su elocuencia melódica. Y obviamente el potencial de comunicación del tango canción. Esto lo conectó profundamente con el alma del suburbio, como decían los tangueros de entonces, y también lo acercó más tarde al Peronismo en tanto movimiento de reivindicación de la cultura popular en la Argentina de masas. Por supuesto, debemos sumarle a todo esto un enorme talento para la escritura y la composición, pero siempre precedidas por una meditación sobre los alcances y propósitos de las formas culturales populares.

¿Cómo inició el proceso de encarar una biografía sobre Enrique Santos? ¿Es verdad que en un primer momento quiso realizar una biografía de toda la familia del artista?
-Todo empezó con una propuesta editorial. Yo venía de publicar la biografía de María Elena Walsh, y el editor de entonces, Julio Acosta, me sugirió escribir sobre alguna de estas tres figuras del tango: Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche o Discépolo. Rápidamente me incliné por Discépolo. Me atraía su obra y su trayectoria. Sin desmerecer a los otros grandes iconos del tango, vi en discepolín un espesor histórico más interesante. No bien comencé a investigar, me entusiasmé con la historia familiar: padre napolitano músico, hermano mayor dramaturgo (posiblemente el máximo dramaturgo que dio la Argentina) y Enrique emergiendo de ese entorno familiar como figura de enorme popularidad en la Argentina de masas. De alguna manera, mi libro es también una historia de los Discépolo, no sólo de Enrique.

A una vista rápida, esta segunda edición de “Enrique Santos Discépolo, una biografía argentina” trae un nuevo prólogo, pero ¿con qué otras novedades se puede encontrar el lector?
La primera novedad es el trabajo de reescritura. No fue radical, como sucedió en las reediciones de la biografía de María Elena Walsh y el año pasado en Valentino en Buenos Aires, pero de todos modos no pude evitar meter mano en el texto a 20 años de su primera edición. Asimismo amplié algunos temas. Por ejemplo, el análisis de sus películas y de algunos de sus tangos. Incluso sobre “Cambalache” escribí algo más y precisé algunas cuestiones que habían quedado un poco flojas en el primer libro. También desarrollé más extensamente el capítulo mexicano de la vida de Discépolo. Hace unos años conocí a Raquel Díaz de León, la periodista mexicana con la que Enrique tuvo un hijo, Enrique Luis.
Actualmente estoy en contacto con él. Me facilitó varias fotos inéditas de su madre con Discépolo y me confió más detalles de aquella relación. También amplié el apéndice de grabaciones de tangos de Discépolo – es sorprendente la cantidad y variedad de versiones que circulan – y la bibliografía. En fin, creo que a quien le gustó el libro en su primera edición, le resultará difícil no tentarse a consultar esta nueva, sin duda más completa y mucho mejor editada.

Hoy cualquiera desde su computadora puede acceder a YouTube, y encontrar material del artista que desee, ver una película o documental. Esto ya está incorporado, pero 20 años atrás no existía, ¿Cómo era investigar en estas condiciones?
-Era bastante complicado. De hecho, algunas de las cosas que pude agregar ahora eran inaccesibles en 1997. Sin embargo, muchos de los testigos de la historia que cuento, y que pude entrevistar a mediados de los años ‘90, ya no están entre nosotros. Si este libro fuera completamente nuevo carecería del trabajo de entrevistas tan valioso que pude hacer en su momento.

El filósofo del tango

“Lo que hace falta es empacar mucha moneda, vender el alma, rifar el corazón, tirar la poca decencia que te queda…Plata, plata, plata y plata otra vez…Así es posible que morfés todos los días, tengas amigos, casa, nombre…y lo que quieras vos”. Enrique Santos Discépolo ya describía en 1926 con “Quevachache” su mirada de la realidad de aquellos días. Dolido, decepcionado y descreído por el mundo de aquel siglo XX, con una cuota de sinceridad lastimosa, ésos personajes de aquel tango hicieron de antecesor de lo que luego fue Cambalache.

 

Teniendo en cuenta que hablamos de un artista que murió joven, y en 1951, ¿por qué cree que E. S. Discépolo sea tan contemporáneo, mucho más que cualquier otro artista?
-La vigencia extraordinaria de “Cambalache”, que podríamos definir como segundo Himno Nacional Argentino, tiene mucho que ver en la trascendencia de Discépolo. Creo también que el hecho que fuera un actor muy conocido en su tiempo, permitió que su imagen – el flaco narigón sentimental, un poco melancólico, de perfil un tanto chaplinesco – se proyectara, sobre todo a través del cine, más allá de su época. Finalmente, el modo en que murió, deprimido por las confrontaciones políticas en tiempos del primer Peronismo, instaló un relato de muerte sacrificial bastante poderoso, al que obviamente me sentí atraído como biógrafo. En este sentido, tendemos a pensar a Discépolo como gran crítico de la condición humana en versión argentina, pero también como mártir de las divisiones políticas de los argentinos.

Imagino que pudo entrevistar a algunos artistas que fueron contemporáneos a E. S. Discépolo, ¿Qué opinión tenían de él? ¿Era tan querido como parece o existió alguna especie de competencia o celos con algún otro compositor?
-Sí, era un tipo muy querido y admirado. No encontré críticas, ni aún en quienes no adherían al Peronismo y que seguramente no habían visto con buenos ojos que Discépolo hiciera el programa de radio “Pienso y digo lo que pienso”, más conocido como el programa de Mordisquito. Había algunas diferencias a la hora de describirlo en términos anímicos o psicológicos. Tania y Osvaldo Miranda, por ejemplo, lo describieron de buen carácter, risueño, un entusiasta de la vida. Sin embargo otros testimonios – recuerdo ahora el de la gran fotógrama Annemarie Heinrich – lo pintaron muy serio y reservado, con un leve aire melancólico.

 

Una vida de películas

Sergio Pujol cuenta detalladamente la vida artística de Discépolo y más. Las imágenes que ilustran la vida del autor son imágenes de las historia del país. La sociedad, la vestimenta, la urbanización y hasta Presidentes. Discépolo acaparaba un compendio de cosas que no lo apartaban para nada de la sociedad sino todo lo contrario. Y esas historias, ideas y discursos los contaba de diferentes maneras, a través de los canales de difusión disponible de esos tiempos. Prolífero como pocos, participó como actor, autor de cine y películas, fue compositor de tango y poeta. Participó también de emisiones radiales especiales en “Pienso y digo lo que pienso”, un programa que apoyaba al Peronismo, y donde Discépolo, ya sumamente reconocido a nivel popular, diariamente se explayaba con el personaje “Mordisquito”. Una vida de películas, como pocas, pero que hasta estos días no tiene su propio film.

¿Por qué hablar de Discépolo es hablar, también, de una biografía argentina?
-Porque en ninguna otra figura de la cultura argentina de la primera mitad del siglo XX que yo conozca se entrecruzaron de un modo tan vívido y pasional, algunos de los principales tópicos de la vida nacional. En Discépolo lo tenés todo: la inmigración europea, el tango canción, el teatro nacional, el cine sonoro argentino, la ‘porteñidad’ en su máxima expresión, la crisis de los años ‘30 y la irrupción del peronismo. Y podría seguir mencionando temáticas clave de aquellos años.

En esta segunda edición usted se la juega y se anima a describir a E. S. Discépolo como “nuestro primer punk”. ¿Cómo sería eso?
-En algunos tangos de Discépolo hay una mirada expresionista del mundo, una especie de fuego inmolador que, muchos años más tarde y en contexto diferente, reapareció en el rock. Lo de ‘punk’ está dicho un poco en broma, como provocación. Pero, francamente, ¿no hay algo punk en eso de “verás que todo es mentira” o “el mundo fue y será una porquería”?

¿Existe en otro lugar en el mundo algún artista similar que se le compare a Discépolo? ¿Hay alguna especie de “cambalache” en otros países?
-Yo no lo encontré.

 

Sergio Alejandro Pujol es historiador, ensayista en música popular y docente. Enseña Historia del Siglo XX en la Facultad de Periodismo de la UNLP e integra la carrera de Investigador Científico del CONICET.  Algunos de sus principales libros: Jazz al Sur. La música negra en la Argentina (Emecé, 2004), Discépolo, una biografía argentina (Emecé, 1997), Rock y dictadura. Crónica de una generación 1976-1983 (Emecé, 2005), Historia del baile. De la milonga a la disco (Emecé, 1999), En nombre del folclore. Biografía de Atahualpa Yupanqui (Emecé, 2008), Como la cigarra. Biografía de María Elena Walsh (Emecé, 2011), Canciones argentinas 1910-2010. Cien años de música argentina (Emecé,  2010). Oscar Alemán. La guitarra embrujada (Planeta,  2015). Ha publicado artículos en medios gráficos del país y del exterior. Durante el año 2001 recibió el título de “Fellow in Creating Writing” de la Universidad de Iowa, Estados Unidos, en reconocimiento a su producción bibliográfica y, en 2007, el premio Konex por su labor en el periodismo musical.

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