Economía Vs. política

Entre las variables económicas que más influyen a la hora de emitir el voto podemos mencionar a los niveles de: actividad económica (nivel productivo general), inflación (variación del nivel de precios de los productos y servicios), desempleo, salarios (miden el poder adquisitivo real) y una muy sensible que es el de la pobreza. Si tomamos en cuenta los valores actuales de estos indicadores, la situación hoy se ve un tanto más complicada que la de las últimas elecciones del 2015, aunque el escenario socio-político era muy diferente también en aquel entonces. Al mismo tiempo existen otras variables económicas que no inciden directamente en la decisión del voto pero que resultan determinantes para la evolución de la economía a largo plazo.

 

Por Marisol Gonzalo – contadora pública nacional y Lic. en Administración

 

El plan económico actual tiende a mejorar los indicadores económicos fiscales, externos y de competitividad cambiaria y pareciera que al encarar el ajuste fiscal el gobierno no midió el costo político que el mismo podría acarrear. Si bien en este juego de ajedrez se jugaron todas las fichas a la reactivación de un modelo competitivo exportador se cometieron algunos errores o por lo menos contradictorios para el logro de ese objetivo, tales como la introducción de derechos de exportación y el corte drástico en el gasto en infraestructura. Ambas medidas solo son aceptables en economía si se aplican por un periodo corto de tiempo.

Dentro de la economía tenemos varias piezas que, como el ajedrez, debemos ir moviendo cuidadosamente para direccionarla hacia un crecimiento sostenido en el tiempo. Una de ellas, es el mercado cambiario, el cual, en países como el nuestro que dependemos de sobremanera de la moneda estadounidense, es más sencillo partir de una economía con “oxígeno” o más bien, tomando en cuenta un valor real del peso en relación al dólar, que permita alguna recomposición gradual de salarios y del consumo, a medida que se van realizando reformas estructurales para mejorar la competitividad, sin perder los grandes equilibrios macroeconómicos.

Resulta muy complicado partir de una economía, como la que tomó Macri, con la moneda local muy apreciada (sobrevaluada) y con alto déficit fiscal (ingresos menores a los gastos corrientes), porque seguido a esto vendrá normalmente una fuerte devaluación del peso, que lleva al incremento de los precios bajando con ello el poder adquisitivo de los salarios, derivando en una recesión que desgasta políticamente al gobierno.

El próximo gobierno deberá encarar un modelo más virtuoso: un modelo competitivo-exportador, con valor agregado, que privilegie la producción y el empleo de calidad, apuntando a la expansión de la inversión y las exportaciones. Que vaya a la raíz de todos los males de nuestra economía que es el excesivo gasto público corriente e ir por una racionalización del mismo, que permita bajar la presión impositiva (reducción de impuestos). Y, a la vez, eliminar el déficit financiero (deuda mayor a ingresos financieros) y llevar a cabo las, hace tiempo adeudadas, reformas estructurales (laboral, previsional, de integración económica).

Siempre y cuando la política lo permita.

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