El árbol de Navidad y sus posibles simbologías

“Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.”

 

Por Marta Ledri – Prof. en Letras

De esta manera refiere el evangelista Lucas el nacimiento de Jesús. Figura divina donde se funda el catolicismo que se desprende de la espera mesiánica del judaísmo.
Una re-ligión no es otra cosa que re- ligar a los hombres en una misma fe o creencia. Todo culto tiene sus signos símbolos que actúan para aludir a otra cosa. En el calendario del cristianismo católico el 24 de diciembre se rememora y celebra la fiesta del nacimiento del Hijo de Dios, por lo tanto también divino y encarnado para “abajarse” a la condición de mortal. “Y muerte de cruz”.

El signo más conocido e infaltable es el árbol de Navidad antes que el pesebre.
El pesebre es una representación icónica: María, San José, el Niñito, los pastores y reyes y hasta los animales son construcciones que semejan las realidades a las que refieren bajo algún aspecto de igualdad. De yeso, de plástico, de cerámica, de metal conservan la forma, aún aquellos más abstractos o exóticos.
Sin embargo es el árbol el que protagoniza el tiempo de Adviento y se enciende en la Noche Buena. ¿Por qué el árbol si los Evangelios hablan de un pesebre en medio de la aridez de Belén?

Porque el árbol es un símbolo ancestral adorado desde el estado tribal del hombre y en todas las civilizaciones. Unir el árbol al pesebre es un sincretismo donde se suma un acontecimiento de fe con un símbolo de representación cósmica y sagrada.
La sacralidad del árbol se interpreta como representación de la vida en perpetua evolución, en ascensión al cielo, en verticalidad continua.
El árbol pone en comunicación los tres niveles del cosmos: el subterráneo, a través de sus raíces hurga la profundidad y se aferra; la superficie de la tierra por medio de su tronco y las alturas por sus ramas superiores.

El árbol de Navidad es triangular. Esta figura acentúa aún más el significado oculto. Es el hombre en constante búsqueda del misterio. Es además el eje del mundo o el onfalos (ombligo del mundo) ya que es el cordón que une y relaciona tierra y cielo.

Es la familia, (árbol genealógico), la vida multiplicada desde las mismas raíces. El árbol es hombre-padre pero también mujer- madre; es el sol y la luna. En sus huecos está la matriz que alberga, que oculta, que anida. El árbol del bien y del mal necesita de una serpiente enroscada para hundirse más en el lodo y de allí crecer en busca de redención.

El árbol de Navidad lleva una estrella en su cúspide que bien puede aludir a la estrella que condujo a los Reyes en el momento de la Epifanía como también a la dimensión más alta donde se encuentran las revelaciones. El árbol, madera es la cruz donde el Niño del pesebre muere para redimir al mundo. Será por esto que en el árbol de Navidad, sencillo u ostentoso, pequeño o grande, multicolor o uniforme , en salones o en humildes casas brilla, se enciende, titila y por unos instantes la humanidad se hunde en la noche de los tiempos y alcanza a sentir la sacralidad del tiempo religioso que se impone sobre el tiempo profano. Un regreso al origen.

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