El destierro del canon de Platero y yo

Hace 5 años toda España celebraba los 100 años de la primera edición de Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, 1914 (Ediciones de la lectura) con 136 páginas. A ese año conmemorativo lo llamaron «El año Platero» y se abrieron museos, bibliotecas, librerías y auditorios culturales para recordar el inmenso aporte de este poeta no solo a las letras españolas sino a la literatura universal.

 

 

Mi resistencia, por Marta Ledri

Poeta en el pleno sentido de la palabra. No solo escribió en constante búsqueda de la belleza, sino que vivió bajo el influjo de la hiperestesia que lo sumía con frecuencia en hondas depresiones. Quería fundirse con la creación. Y este anhelo casi panteísta le abrió profundo existenciales. Le temía a la muerte. Quería quedar entre sus cosas una vez ido:

“Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario” 

En la obra jimeneana abundan las imágenes sensoriales y aunque luego decantó en una poesía más pura, es notable la maestría para fundir en una sola expresión diferentes percepciones. Son las sinestesias, los símiles y las metáforas los recursos de estilo de los que los estudiosos y críticos se han valido para incluirlo a la hora de ubicarlo dentro de una corriente estética ya sea como neo-romántico, modernista o impresionista. Juan Ramón Jiménez es todo eso y es además integrante de la Generación del 98. Es uno de aquellos “a los que le duele España”.

Sus impresiones y ese estar abierto al mundo sensible no lo alejarían de los problemas políticos de su país.

Republicano, conoció el exilio. Maestro clave de los poetas de la Generación del 27 tiene como lector a Federico García Lorca, Buñuel, Dalí.

 

EN TODAS LAS BIBLIOTECAS

Hasta hace unas décadas su libro Platero y yo estaba en todas las casas. La escuela primaria en sus últimos grados o en el inicio del secundario lo tenía dentro del canon. Entrar al universo platereano era entrar a un mundo bucólico, pastoril. Moguer era un lugar de ensueño donde la luz del ocaso transfiguraba la campiña, donde las florecillas eran gualdas y donde el cielo llovía rosas a la hora del Angelus.

Si ese burro pequeño, peludo, suave, es un acompañante de su vagabundear mientras se curaba de una de las tantas depresiones o si es el “alter ego” del poeta como afirma la crítica de corte psicoanalítica, poco importa. Platero es el tú del enunciado. Es el que silenciosamente escucha la voz poética. Es una necesidad del texto su inclusión para que las pinturas de la pradera tengan un receptor semiotizado. Nosotros somos Platero pero también somos el poeta nostáljico (sí, con ” J” como lo decidió el autor) que habitamos ese locus amoenus.

 

UN INJUSTO DESTIERRO

Injustamente fue desterrado del canon escolar. Al excluirlo le quitaron al lector incipiente un importante llamado a la belleza, le prohibieron el goce estético y la posibilidad de enriquecer el vocabulario.

También esta decisión de docentes influidos por la oferta de editoriales nuevas, truncaron las bellas lágrimas que muchos niños de muchas generaciones lloramos a escondidas cuando Platero muere en el pesebre y transmuta en mariposa.

Entonces… ¿cuál es el criterio para armar el canon escolar?, ¿qué responsabilidad les cabe a los institutos de formación docente si Jiménez ha sido llevado al margen del canon para que en su lugar ingrese de manera desmesurada la novela porque – esto no debe ofender porque es la verdad- a veces no se conocen las herramientas de análisis de un texto lírico?

Platero y yo es prosa poética, prosa que avanza melódicamente en períodos de seis sílabas. Eso explica que nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros compañeros de colegio hayan hecho memorable el primer capítulo.
La música, la luz, la sugestión, los colores en un pequeño libro que tiene la virtud de despertar lectores, de donar belleza y formar escritores, no puede estar ausente de las aulas.

Replantearse con honestidad cuál es el criterio para el listado canónico académico, qué objetivos se persiguen y si a veces “la cultura del descarte” no ha mandado a la periferia a este viejo y eternamente joven texto son preguntas que una melancólica docente invita a hacerse.

 

Imagen de portada: ‘Platero y Juan Ramón’. Ilustración de Carlos Guijarro realizada para El caballo de Nietzsche

Comentarios

About the author  ⁄ Infoner