El día después de la marcha docente

“Sin dudas, la más impactante y numerosa marcha docente de los últimos años, claro, teniendo en cuenta que los últimos doce años nuestra entidad madre, la CTERA, guardó un respetuoso y riguroso silencio”, así comienza la columna de opinión del docente y gremialista (AGMER), Eugenio Jacquemain, para Infoner.

 

Rara sensación del “día después” de lo que fue, sin dudas, la más impactante y numerosa marcha docente de los últimos años, claro, teniendo en cuenta que los últimos doce años nuestra entidad madre, la CTERA, guardó un respetuoso y riguroso silencio respecto a las luchas docentes provinciales y nacionales, acompañando, hasta institucionalmente algunas veces, un proceso político partidario que gobernó nuestro país.

Hablo de rara sensación o de sentimientos encontrados por esta marcha, donde decenas de miles de docentes, enarbolando históricas banderas y en pos de legítimos reclamos, convivieron con oportunistas que expresaban lo que muchos no queríamos ver presente en nuestro reclamo, banderas partidarias, lamentables consignas como “paritaria o helicóptero”, que nos mostraban que, aquel que se llena la boca hablando de democracia, no siempre piensa democráticamente. Las perlitas de la tarde fueron algunos cánticos partidarios y el discurso no muy feliz del representante de CONADU, que, para algunos de nosotros, que ya peinamos nutridas canas, nos retrotrae a otras épocas, donde la intolerancia y la falta de respeto a quien pensaba diferente, era moneda corriente.

Una semana santa, hace muchos años, nos encontraba en la plaza de nuestro pueblo, sin distinguir absolutamente en cuanto a banderas partidarias u organizaciones sociales, pasando la noche alrededor de una fogata, con ese ímpetu que nos daba el salir de la adolescencia, creyéndonos los salvadores de esa frágil democracia, muchos de los que estábamos ahí no habíamos votado al primer Presidente Constitucional luego de la cruel dictadura, pero eso no importaba, era lo de menos, no importaba que el que nosotros habíamos votado había resultado perdidoso, interesaba otra cosa, lo genuino del reclamo, y eso se repetía en cada rinconcito de nuestro país, no fuimos egoístas, buscábamos unir no dividir y teníamos claro para que estábamos, para que habíamos sido convocados y para lo que nosotros también habíamos llamado.

Quizás muchos de los de aquella semana santa también nos cruzamos en la plaza de CTERA, o acompañando el cruce de la marcha en alguna esquina, pero a diferencia de hace treinta años, ahora escuchábamos y leíamos frases poco afortunadas desfilando a nuestro lado.

Esta marcha merecía respeto, respeto de nuestros gobernantes, respeto de aquel que no es docente, pero también respeto de nuestros dirigentes, que no se confundieran, decenas de miles no marcharon por lo que dijo Baradel o Yasky, decenas de miles no comparten que al “gobierno le vaya mal así volvemos” pero no por ser Macristas o anti K sino porque, claramente el grito de los guardapolvos es legítimo, porque necesitamos la paritaria nacional pero también que la patronal provincial, nuestro gobernador Bordet, salga del miserable 6% ofrecido, o para que en Santa Cruz terminen de pagar los sueldos de febrero.

Y fueron decenas de miles los que marcharon, y solo un puñado de oportunistas que no le hicieron bien al colectivo docente.

Es difícil para quien no es ni K ni PRO vivir en este país del Blanco o Negro, es difícil en este Boca-River constante en cual se nos quiere insertar, poder reclamar sin que se nos etiquete de uno u otro lado, pero eso no debe impedir que sigamos luchando, un puñado de dirigentes es eso tan solo, un puñado de dirigentes, coyunturales, el sindicato, la CTERA, AGMER, siguen siendo la única herramienta válida que tenemos los trabajadores de la educación para luchar, no sirve escabullirse, encerrarse en el “son todos iguales”, hay que disputar centímetro a centímetro la calle a aquellos que se eternizan en la comodidad de un sillón, a aquellos que se sienten cómodos cerca del poder, a aquellos que creen y obran como si pudieran pensar por nosotros, dejarles el camino libre seria resignar nuestra libertad, algo que muchos no estamos dispuestos a hacer, como esas decenas de miles de guardapolvos que marcharon sin pensar en Baradel, ni en Macri, ni en Cristina, solo en defensa de la educación, con consignas claras, sin banderas partidarias, encolumnados solo detrás de un guardapolvo blanco, aquel guardapolvo blanco que tiene dentro a un psicólogo, a un cocinero, a un consejero, a un papá o mamá postizo, a un pintor de pizarrones, y para eso no se necesita ser macrista o kichnerista, simplemente basta con ser un maestro.

Eugenio Jacquemain, maestro.

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