El día después

¿Qué pasa con las comparas cuando se termina el carnaval?. ¿Qué se conserva, qué se recicla, qué se vende y qué se destruye de todo aquello que fue motivo de deleite, aplausos y sorpresas durante todo el verano?.

Por Sabina Melchiori
Leo Rosviar debutó este verano como director de una comparsa del Carnaval del País (el de Gualeguaychú), con «Sueño de una noche de carnaval», y ganó. La comparsa Ará Yeví, del club Tiro Federal, obtuvo 102 puntos, tres más que la archicampeona Marí Marí.

Diez días después, aquellas imponentes carrozas en las que se destacaban señores dormilones, lunas altivas, camas sin tender y relojes, aún seguían dentro de los galpones. Intactas, aunque levemente abandonadas. Es que ya nadie se ocupa de manterlas, repintarlas, acomodarle imperfecciones. Ya cumplieron -y con creces- su objetivo. Lo que resta es desprenderse porque para el año que viene hay que armar una comparsa nueva.

Dice Leo que lo que se reutiliza son las estructuras, los fierros; que es muy dificultoso quitar el telgopor para volverlo a usar, y que las figuras suelen venderse a otros carnavales, al igual que los trajes y las plumas: lo que no se reutiliza, se vende. Lo demás, se destruye.

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