El Gran Ojo de Hollywood

En 1949, George Orwell publicaba su libro “1984” y nos alertaba a todos sobre el “Gran Hermano” que manipulaba sin cesar a una sociedad, utilizando todos los medios posibles (incluso la opresión) para poder lograr a un dominio total. Gran Hermano que resultó ser mucho más que literatura. Un paseo por el falso paraíso nos descubrirá que el mundo del espectáculo no está para nada lejos de la utopía de Orwell, y que, de hecho, podemos encontrar un adicional que ni el mismo autor se imaginaba.

 

Por Paula Biondi
(Especial para INFONER) *

 

¿Se cae la careta?

La gran pantalla es especialista en hechizar a sus espectadores. Pero como toda ilusión, una vez que baja el telón, la magia comienza a diluirse. Porque Hollywood no nos dice que demasiadas veces, la fama deriva en enfermedad, en locura, en droga y hasta en el suicidio. Casos como las contundentes violaciones de Michael Jackson, la sobredosis de Philip Seymour Hoffman y Whitney Houston, la depresión de Heath Ledger. Larga lista. Sin ir más lejos, Hollywood se vio recientemente expuesto bajo su lupa de introspección. La ola de acusaciones contra el productor Harvey Winstein, Kevin Spacey, Dustin Huffman y otros muchos casos que aún permanecen en el anonimato. Se podría decir que el ambiente artístico se está revelando frente al mismo sistema perverso e infectado.
La noche de los Golden Globe no queda atrás, caracterizada por una unanimidad de trajes en negro (tanto las mujeres como los hombres) y el significativo y emotivo discurso de Oprah Winfrey. La gran conductora llevó a la superficie la realidad de los abusos sexuales para exigir definitivamente su cese. Y no solo se refería a Hollywood, su objetivo apuntaba a trascender la gran pantalla y aplicar el llamado a las diversas profesiones, culturas y religiones en todo el mundo.

 

Del decir al hacer

En esa misma celebración, el Gran Ojo comentó lo que terminó siendo el asunto central de la noche (tanto por el presentador como por los actores) contra los casos de acoso ocurridos. Como autodepuración, el medio creó movimientos como “Me Too” (“Yo también”) y “Time´s Up” (“El tiempo ha terminado”), buscando promover desde una plataforma legal, la extinción de los acosos, abusos y agresión tanto a hombres como a mujeres y discapacitados. En su lema principal, apuntan a la paridad en todas las industrias, la seguridad en cada trabajador y la inclusión de todas las mujeres y marginados. Según los estudios de “Why I Wear Black Today” (“Por qué me visto de negro hoy”, por sus siglas en inglés), movimiento que se desprende de “Time´s Up”, 1 de cada 3 mujeres sufre acoso sexual en el trabajo, en donde el 71% no lo reporta. Asimismo, la explotación es mayor en ambientes predominantemente masculinos y en la diferencia salarial ante igual trabajo. Las redes sociales explotan de artistas femeninas (Jennifer López, Meryl Streep, Natalie Portman, entre otras) y artistas masculinos (Edgar Ramírez, Chris Hemsworth, Ricky Martin) que defienden a estas nuevas organizaciones.

 

La revolución en marcha

Indudablemente, Orwell no le erró al concepto. Pero el Gran Ojo no es cíclope, no tiene un solo ojo. Muchos se arrogan ser el Gran Ojo. Los medios de comunicación y las redes sociales son uno, ese enorme Gran Ojo que está al tanto de los infinitos ataques sexuales, suicidios y la drogadicción en el medio artístico pero que, en vez de brindar ayuda para terminar de cuajo con estas calamidades, es su torturador más grande. Ola de paparazis, de opinólogos, de comentaristas que en los peores momentos de los intérpretes (seres humanos, en definitiva), los critican y hunden.
Hollywood mismo es otro Gran Ojo, que nos mira, nos disecciona, nos dice cómo ser y hasta qué pensamos. O qué debemos pensar. Pero a este Gran Ojo se le escapó el detalle más grande: que se venía gestando una revolución. ¿De quién? Del propio sistema. Hartos de la complicidad y la deshumanización que caracterizó al medio artístico desde que tenemos memoria. Tal vez, los acontecimientos, las denuncias que brotan hoy desde Hollywood no frenen totalmente los abusos ni el machismo, pero plantan el punto de partida para que todos nosotros lo continuemos.
La pregunta es: ¿qué estamos esperando?

 

(*) Paula Biondi. Estudiante de Derecho, Universidad Austral
Imagen principal: Time y su selección de protagonistas del Me Too

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