El incendio en Villa Malvina y fuego como elemento ambivalente

No intento hacer una nota periodística, tampoco objetiva ni referencial sobre los hechos ocurridos este lunes por la tarde en el Instituto Malvina Seguí de Clavarino. Dejo a los profesionales que se ocupen de la realidad y la transmitan a los lectores. A mí, me toca más profundamente este incendio.

 

OPINIÓN

Por Marta Ledri, exalumna y exprofesora de Villa Malvina

Según las investigaciones, el incendio se produjo a raíz de un corto circuito en un viejo galpón donde se guardaban herramientas y cosas en desuso del antiguo colegio de las monjas. Me pregunto ¿qué se habrá quemado? El arado, el disco, la cabalgadura, las bridas, los tachos de la noria, inseparables compañeros de Adolfo, el fiel guardián del colegio? ¿Se habrán quemado viejos pupitres de maderas donde tantas generaciones nos sentamos para mirar desde el aula el azul jacarandá que ya no está? Allí con la punta del compás nos atrevíamos a dejar solo iniciales.

¿Se habrán calcinado las viejas ollas de la hermana Dominga, que después de 50 años un día decidió morirse mientras preparaba el desayuno para las demás religiosas?

¿El sillón hamaca de la hermana Huergo donde balanceaba su bondad mientras asistía en la portería cualquier demanda?

¿La guadaña, el rastrillo, el cincel, el escardillo que mantenían la huerta limpia de cizañas y repleta de hortalizas, también ardieron?

¿Los viejos baldes de latón, lampazos y escobas que las dos Margarita manipulan con eficacia y solidaridad para que fuera ese colegio el más limpio de la ciudad, también se rindieron a las llamas?

El ciclo académico 2017 culminó con un incendio moral. Nos quemamos en discusiones. Ardieron las redes. Se calcinaron amistades… El ciclo 2018 se inicia con un incendio real. El fuego. Uno de los cuatro elementos. Un impulso o elan vital. El fuego con su doble cara. Ambivalente: destruye y purifica. Ha destruido una historia, porque hasta en los trastos viejos hay historia, se adhieren los recuerdos, en ellos queda algo de nosotros. ¿Entonces, en la hoguera se dio por finalizado un espíritu o Carisma fundacional? O por el contrario ¿fue un rito pascual para purificar al hombre viejo que se apodera de todo en forma de desidia, apatía, falta de entusiasmo, papeles amontonados y una eterna repetición de actos que ya no están a la altura de esta adolescencia del tercer milenio?
El fuego abriga, convoca al círculo y al diálogo, inaugura la historia.

“No hay que lamentar víctimas” dicen las fuentes periodísticas y me alegra porque conozco al matrimonio que vive como caseros desde los cinco años. Pero lamento las cenizas, la volatilización de una época, No hay urna para estos restos. Solo “la memoria agradecida”.

Que de alguna ceniza surja la chispa prometeica y como el ave fénix sea un año feliz para esta Institución centenaria de Gualeguaychú.

 

Foto: R2820

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