El niño que lloró a Perón

El 17 de noviembre de 1972 regresaba brevemente Juan Domingo Perón al país tras 17 años y medio de exilio. El “Perón Vuelve” era ya una realidad y eso lo mostraba un símbolo, al principio en la clandestinidad y luego cada vez más explícito: los dedos en “V” con la “P” adentro.

 

Por Fabián Frare
Especial para Infoner

 

Nosotros, en ese tiempo, no teníamos televisor, sólo radio, y marchamos como familia a la casa de unos tíos (Salvador y Ester) a ver tal acontecimiento. Hasta recuerdo lo que comimos, “fideos vascos”. Yo contaba con 9 años y está vivo en mi corazón y mi mente.

Corría el año 1973, el 11 de marzo específicamente, y se realizaban las anheladas elecciones que ponían fin a la dictadura militar autodenominada revolución argentina, y ponían fin también a 18 años de proscripción del peronismo. Eran las primeras elecciones libres y democráticas después de mucho tiempo transcurrido injustamente. Por eso mis padres, desde temprano, se prepararon con sus mejores ropas para ir a votar. El cuadro de Evita colgado en la cocina de mi vieja casona paterna era fiel testigo del fervor y de la lucha incansable para hacer realidad esta esperanza. También mi abuela Honoria, peronista ella, sentada en el rincón en su viejo sillón nos daba fuerza. Yo quise ir con ellos, y por supuesto fuimos los tres en el viejo Ford 8 hacia las escuelas que correspondían votar.

En ese tiempo eran mesas diferentes para varones y para mujeres, separadamente, mesas masculinas y femeninas. Llegamos a la escuela Chiclana de Gualeguay y con mis 10 años le pedí permiso a la presidenta de mesa que me dejara entrar con mamá al famoso e inescrutable cuarto oscuro. Ella accedió, y para mí, lo pienso y vivo siempre así, ese fue mi primer voto peronista. Luego acompañamos a papá, pero ahí, en la escuela Castelli no fueron tan condescendientes y tuve que esperarlo afuera. Recuerdo ese día como un hito en mi vida. Se iba entramando en mi interior un sentido de nación, de patria, de democracia, de militancia.

Finalmente, el 12 de octubre de 1973 con el 62% de los votos, Perón asume la presidencia de la Nación Argentina por tercera vez y comienza lo que se dio en llamar “el tercer o cuarto peronismo” según los autores, si se tiene en cuenta al peronismo de la resistencia, mientras duró la proscripción. Como familia nos reunimos en torno a la radio a escuchar y celebrar tan importante acontecimiento. Aún hoy, con ideologías y pensamientos políticos diferentes, la familia gualeya se reúne los días de elecciones para escuchar los resultados de la misma. ¡Grandes debates surgen ahí! Por supuesto, se extrañan los que ya no están más con nosotros. Y se recuerdan dichos o frases, hoy cómicas, de ellos con un recuerdo agradecido.

 

1° de julio de 1974

Yo tenía 11 años y estaba en 6° grado del colegio San José de Gualeguay. Entró al aula la directora, la Hna. Hilda, y nos dijo –“falleció el presidente” -. Recuerdo, como si fuera hoy, arriamos la bandera a media asta y nos retiramos a nuestras casas. Yo iba en bici a la escuela, y en todo el regreso sentía una tristeza enorme en mi corazón y no pude contener las lágrimas, al llegar a casa había vecinos saludando y acompañando. Tal como si fuera un duelo familiar. La tele -ahora sí teníamos tv- mostraba acerca de la triste noticia, vi que todo un pueblo lloraba a Perón… y yo también lloré a Perón. Al otro día fui con mi madre a Misa en memoria del Presidente en la Parroquia San Antonio. En el centro del templo habían puesto una especie de ataúd con una bandera argentina. Recuerdo haberle preguntado a mamá si ahí estaba Perón. Cómo olvidar los rostros de las personas en esa Misa, estaban presentes los trabajadores, las familias, vi que todo un pueblo lloraba a Perón y yo también lloré a Perón. Fueron días de desconcierto y desesperanza. Así lo vivía con mi mirada de 11 años.

Luego me tocó vivir otra dictadura cívico-militar, desde el 76 al 83. Pero, eso es otro tema. En el período actual, desde el regreso definitivo de la democracia vivo y me siento un hijo de Gualeguaychú. Más allá de haberme criado en una familia peronista – de Perón y de Evita – hoy me doy cuenta que estos sucesos forjaron en mí una conciencia comprometida con los ideales, la doctrina y el corazón de una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Creo, humildemente, haber sido y ser coherente con este pensar y obrar en las diversas facetas de la vida: en mi familia como hijo-hermano-esposo-padre, en mi trabajo como educador-formador, en la Iglesia como miembro activo y comprometido, en la sociedad como ciudadano involucrado.

Vaya pues mi homenaje y reconocimiento a este líder político, mi líder político tres veces presidente de los argentinos. ¡¡¡Viva Perón!!!

 

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