El nombre de una calle para un callejero

Las calles nos identifican, reflejan nuestro espíritu. Las calles que elegimos para transitar dicen de nosotros y las que evitamos, también. Las calles incluyen o excluyen socialmente. Hay calles anchas y calles estrechas, arboladas o desérticas, artísticas o comerciales, iluminadas u oscuras, pavimentadas o de tierra. Calles para pasear, para comprar, para besarse, para prostituirse, para matar.

Por Marta Ledri – Profesora en Letras

“Las calles de Buenos Aires
ya son mis entrañas.
No las ávidas calles,
incómodas de turba y ajetreo,
sino las calles desganadas del barrio….

Jorge Luis Borges, Fervor de Buenos Aires.


“San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo,

Pompeya y, más allá, la inundación,”

Sur, Aníbal Troilo

Las calles fueron diseñadas por los primeros urbanistas, los estruscos. Una civilización perdida y llena de misterios. Estas calles que parcelaban la población en cuadrículas se trazaron teniendo en cuenta los cuatro puntos cardinales. Estaban las principales que recorrían el trayecto del sol de oriente a occidente, del nacimiento a la muerte; y las menores que presagiaban la existencia de un mundo aún sin descubrir. En ellas se representaban las cuatro estaciones y los cuatro elementos: aire, agua, fuego, tierra.

Las calles nos identifican, reflejan nuestro espíritu. Las calles que elegimos para transitar dicen de nosotros y las que evitamos, también. Las calles incluyen o excluyen socialmente. Hay calles anchas y calles estrechas, arboladas o desérticas, artísticas o comerciales, iluminadas u oscuras, pavimentadas o de tierra. Calles para pasear, para comprar, para besarse, para prostituirse, para matar.

Hasta en una receta de archivo se coloca el domicilio ( domus: casa) el lugar de residencia. Los que no tienen casa viven en “situación de calle”. En los nombres de las calles se puede apreciar la cultura de una gestión municipal. En nuestra ciudad las calles se refieren a fechas históricas, próceres, batallas libertadoras, a poetas nacionales o locales, a personalidades que contribuyeron con su obra al engrandecimiento de la ciudad. Algunos nombres están agrupados y forman un territorio ya sea patriótico, ya sea cultural; la mayoría aparecen desubicadas aunque tengan intención de ubicar.

A los que no saben defenderse antes una agresión u obstáculo se los tilda de “no tener calle”. Remitirse a épocas de oro es enunciar “cuando podíamos jugar en la calle”.

Hoy Gualeguaychú cuenta con una pequeña calle al sur de la ciudad. Una bella calle que desemboca en la Av. Parque y es como un brazo de la calle Montevideo. El Honorable Consejo Deliberante con buen criterio después de haber leído las firmas de los vecinos que sugerían un nombre para esa cuadra que en el plano urbano era solo un número accedió a bautizarla con el nombre de Raúl Bachicha Tolomei. Dejo a los investigadores la exhaustiva tarea de documentarse sobre esta persona fallecida en 1993 y que fue además un personaje. No es tan difícil desentrañar el apodo. Un hombre gordo, bonachón pero activo que fundó el Club Pueblo Nuevo, eligió sus colores, inició el fútbol femenino y llevó a la final de los “Campeonatos Evita” un equipo formado por “chiquilines del barrio”.

Aún en épocas de represión mantuvo una unidad básica y su política fue siempre social. Siempre para el que tenía menos y él no tenía mucho. Lo buscaban los políticos de turno para hacer campaña pero jamás obtuvo un cargo, una pensión…

A las apuradas, el día que lo sepultaron un funcionario del municipio se hizo presente y despidió a un “compañero” que no había conocido. Era un hombre de calle. Sus últimos años los pasó en la vereda sentado en una silla al revés para apoyar sus codos mirando hacia el norte. De haber estado hoy vivo vería su nombre en su querido y avanzado Pueblo Nuevo.

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